Necrológicas
V LUIS OSCAR PINA (RUSO)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHay una etapa de juegos, de bolitas, figuritas y de lesionarse una rodilla en el Parque Independencia por ir detrás de un pajarito indefenso.
Hay una etapa de colegio San José, jugando en el patio, negociando la difícil y de ahí el apodo de “Ruso”.
Final de la primaria y aquella ambición o vocación o imposición, vaya uno a saber, de ser cura.
Una adolescencia marcada a fuego, como ferviente hincha de Boca Juniors, alternando con algo de fútbol y básquet jugados en el club tandilense más querido por él, Gimnasia y Esgrima.
En lo laboral, su primer empleo fue en Casa Levy, de la calle Rodríguez, donde se podía observar la figura del perro de la RCA, Víctor. Luego, junto a su hermano José Armando, en Metalúrgica Tandil. Por último, en el Banco Comercial del Tandil y llegó su jubilación.
Hay un tiempo disfrutado con sus nietos, a partir de ser padre y abuelo; un tiempo también de ocio, compartido con amigos. En lo primero repartió amores, a veces silenciosos que, aunque no abiertamente demostrativos, guardaban en el fondo de su ser un amor inmenso.
Dejó una esposa amada y respetada, que compartió fiel y amorosamente todos los momentos de su vida, e hijos que supieron amarlo y comprenderlo.
Amorosos nietos que, en los momentos cruciales de su final, demostraron con su presencia el amor que le profesaron.
Hay calles andadas y desandadas por el “Ruso”, cafecitos mañaneros, discusiones eternas por su querido Boca Juniors y de las otras que hacen, a veces, perder tiempos irrecuperables.
Partió el 19 de octubre para compartir el más allá, junto a mamá y papá, junto a sus hermanos.
Querido Luis Oscar “Ruso”, descansá en paz, un abrazo eterno.
V MARCOS ALBERTO MARINO
El pasado sábado 13 de octubre, el amanecer trajo la triste noticia del fallecimiento de Marcos Alberto Marino, “Maqui” para su familia y Marino para muchos de nosotros.
Nació el 7 de octubre de 1944, en Tandil, cursó sus estudios en su querido colegio San José y luego, en Córdoba, la carrera de Aeronáutica que no pudo concluir.
De joven, su vida laboral transcurrió en la empresa Sorsa, para luego independizarse y comenzar su actividad comercial. Fue pionero indiscutido en el rubro de las fotocopias, cuando la computadora y el mundo virtual aún no existían.
Mezcla de chistoso y gruñón, cosechó grandes conocidos y amigos a lo largo de tantos años. Hincha indiscutido de Racing y alumno querido de italiano en la Uni, hobby que en los últimos años lo mantenía muy contento porque iba a las clases a distenderse y divertirse con sus compañeros.
Su esposa Elba Peñin y sus familiares agradecen el acompañamiento en este difícil momento.
“Querido Marino, seguirás siempre en nuestros recuerdos. Vivo en tantas anécdotas. Seguiremos con tu legado, mirando la puerta, esperando que llegues. Que en paz descanses”.
V ALFREDO EDUARDO PEREYRA
Nació en Tandil el 7 de febrero de 1941. Se casó a los 27 años con Carmen Alicia Fotia, con quien tuvo tres hijos y disfrutó de sus siete nietos y una bisnieta.
De joven, jugó al fútbol en Santamarina. Su primer trabajó fue de canillita, luego entró en la cantera de Verellén y permaneció cerca de 15 años, mientras que el resto de los años hasta su jubilación estuvo en Ronicevi, como un gran soldador.
“Papá, pasaste muchas, perdiste tu gran amor a los 50 años, demasiado joven, nunca superaste la ausencia de mamá, trataste de seguir pero esa tristeza te fue invadiendo día a día tu corazón. El día 18 decidiste partir en busca de tu amada. El pensar que están juntos y ahora sí para siempre, hoy es mi consuelo.
Voy a extrañar ese llamado por teléfono y tú cómico comentario: ‘Hola Alejandrita!!!’. Cuidamos, sé nuestro guía, nuestra luz. Hasta siempre papi. Te vamos a extrañar. Te amo”.
V GRACIELA MABEL MURNO
El 25 de agosto pasado falleció Graciela Mabel Murno, “Gra” o “Gracielita” para la familia y amigos. “Gra” vivió con su familia, su papá Alfredo, su mamá Nilda y sus hermanos Gustavo y José, hizo su primaria y secundaria en el colegio Sagrada Familia y luego emigró a Bahía Blanca, donde siguió su vocación en la Universidad del Sur y se recibió de Bioquímica.
Tuvo una corta residencia en Trelew y regresó a Tandil. Aquí se desempeñó como docente en la Facultad de Veterinarias de la Unicen. En la Municipalidad de Tandil, primero en Bromatología y luego en el Laboratorio del Hospital Ramón Santamarina, compartiendo sus funciones con sus tareas en el laboratorio de Análisis Clínico Santisteban-Murno.
Fue muy cariñosa con los niños y se preocupaba por la salud de los mayores. Le encantaba viajar y tuvo la suerte de conocer nuevos lugares.
Fue una persona desinteresada, alegre y cariñosa, muy dedicada y preocupada por su labor, lo que le valió el afecto de sus compañeros de trabajo y amigos, a quienes ella tenía presentes permanentemente. Su familia está muy agradecida con todos ellos, por la contención.
V ANGELICA DÍAZ
El pasado 22 de octubre se produjo el fallecimiento de Rosa Angélica Díaz, a los 95 años. Nació en Tandil el 26 de octubre de 1922.
Rosa fue una gran hermana, siempre pendiente de lo que sus hermanos necesitaran. Compañera de su hermana Blanca. Buena madre de sus hijos Jorge y Ciriaco Juárez y gran abuela de sus nietos, bisnietos y tataranietos. Su partida de este mundo es lamentada por todos sus seres queridos.
En este recuerdo la familia quiere agradecer profundamente a la doctora Soledad Saravia por su calidez, por estar siempre, por su cariño. También a Carlos Gandolfo por atenderla cada día y al personal de la sala cuarta del Hospital Ramón Santamarina.
V SUBOFICIAL MAYOR (R ) OMAR RODRÍGUEZ
El Suboficial Mayor (R) Héctor Omar Rodríguez, conocido como “Chunca”, nació en la ciudad de Villa Unión, provincia de La Rioja, el 18 de marzo del año 1941. Era hijo de Luisa Rodríguez, casado con Elisabet Barrio y padre de Andrea Elisabet, Andrés Jonatán y Saúl Ezequiel Rodríguez.
A los 18 años, viajó a la ciudad de Córdoba a los fines de incorporarse a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina, en donde obtuvo el más alto promedio de estudios.
En febrero de 1961 fue destinado a Villa Mercedes, provincia de San Luis, desempeñándose como operador de comunicaciones y operador de abordo de Avro Lincoln y Lancaster. Luego su destino fue la VI Brigada Aérea de Tandil, ciudad en la que se radicó en 1965 sin saber que aquí se quedaría, enamorándose y formando una familia.
Dentro de sus tareas en la base logró ser operador de abordo de Albatros y DC -3 integrando la primera tripulación que en aguas malvinenses rescató a un ciudadano de las islas cuya salud se encontraba comprometida.
Fue destinado en dos oportunidades a formar parte de las dotaciones anuales de la Base Marambio en la Antártida.
En el período comprendido desde el 25 de diciembre de 1985 hasta el 8 de febrero de 1988, resultado de su esfuerzo, dedicación y perseverancia, fue destinado por dos años a la Agregaduría Militar Argentina de la República del Perú, residiendo en ese destino junto a su familia, retratando momentos inolvidables y sembrando amistades que perduraron durante toda su vida.
De regreso al país, se desempeñó como encargado del Departamento de Personal en la VI Brigada Aérea.
Obtuvo el grado máximo en la carrera de suboficial en su querida FAA y fue presidente del Casino de Suboficiales en la VI Brigada Aérea. Su retiro fue recibido por él, con cierta tristeza y nostalgia. Su carrera castrense que tanto esfuerzo y sacrificio le había costado, nunca tuvo final. Oficialmente “el Chunca” o ese “changuito riojano”, como le gustaba decir, pasó a retiro, pero cada fecha patria, aniversario o cada evento militar, volvía a recordarle todo lo que la Fuerza Aérea le había permitido vivir, estando siempre en las primeras filas. Lejos de la base aérea, junto a “Elisa” como se refería a su esposa, trabajaban incansablemente en su negocio, al que vieron crecer y les permitió cumplir varios de sus sueños, incluyendo bienes que decía “prestados”, con una modestia difícil de comprender.
Su vida tuvo dos ejes, la Fuerza Aérea y todo lo circundante, que incluye códigos y amigos leales, y la familia que formó con rigidez y valores. Su orgullo era ser un “changuito riojano” surgido desde la nada misma, que con su esfuerzo había conseguido que todos sus hijos sean profesionales. La doctora, el ingeniero y el oficial FAA. Sus ojos brillaban más con los logros de sus hijos que con los incontables premios que obtuvo en su graduación, en donde tuvieron que poner a una persona adicional a sostener sus galardones.
Nostálgico siempre de su amada Villa Unión, un punto en el centro de un desierto riojano árido y rojo que no cambiaba por nada, ni por su Tandil “lugar soñado”, como repetía constantemente.
Seguido y modelo para muchos, incomprendido para otros, siempre fue fiel a sus modos y pareceres. Hoy ya no está con nosotros, pero seguro se encuentra volando alto, supervisando que su esfuerzo siga dejando huella.
Con cariño lo recuerdan su esposa e hijos.
V FELICÍSIMO FERNÁNDEZ
Felicísimo Fernández nació en España y a los 3 años llegó a la Argentina, pasando su infancia en Napaleofú. De joven desembarcó en Tandil, ciudad donde se radicó. Fue camionero por más de 30 años de la empresa Mendiguren Hermanos.
Se casó con Gloria Azucena y tuvieron tres hijos: Luis, Leo y Andrés, que se casaron con María, María Andrea y Silvia y así tuvo a sus doce nietos: Matías, Maxi, Maga, Mela, Alex, Agustín, Fede, Santy, Emi, Tomás, Facundo y Lukas.
Fue un trabajador fiel y muy honesto. A todos les enseñó muchas cosas que su experiencia le dejaron.
Así llegó su partida de este mundo a sus 94 años, todos sus seres queridos le desean que en paz descanse.
V HÉCTOR FELIPE CESTONA
El 15 de octubre del presente año falleció, en Tandil, Héctor Felipe Cestona, a los 91 años.
Había nacido el 18 de julio de 1927, en Ayacucho, casándose tiempo después con María Concepción Galán y juntos tuvieron un hijo: Roberto Felipe, que contrajo matrimonio con Liliana Crespo.
Trabajó en la Usina Popular y luego en la empresa provincial de energía DEBA, jubilándose en esa firma en 1989.
Tuvo dos nietos, Matías Alejandro y Rocío Belén; dos nietos políticos, Lucía Castorina y Nicolás Berra, quienes le dieron cuatro bisnietos: Guadalupe, Lorenzo, Octavio y Felipe.
“Con mucho dolor te despedimos tus familiares, amigos, vecinos y quienes estuvieron con vos, con mucho cariño, Marina Messa y Margarita Carabajal. A todos ellos nuestro agradecimiento por su acompañamiento. Te vamos a extrañar, fuiste el abuelo más tierno y bueno, bondadoso, compinche. Nos llenaste de hermosos momentos. Tus bisnietos te adoraban. Eras su ‘aburrisa’ más consentidor. Viviste al máximo todos los días con energía positiva, que desparramabas por ahí. Te queremos por siempre. Te recordaremos con mucho amor y cariño. Descansá en paz abu”.
V ÁNGELA CRISPINA MARTÍNEZ
Nació el 21 de agosto de 1950, en el paraje La Numancia, donde se crió con sus padres Martín Martínez y Eugenia Ripodas, y sus hermanos Daniel (f), María y Amelia.
En marzo de 1973 contrajo matrimonio con Rubén Nelson Ocho (f), con quien tuvo tres hijos Susana, María Cristina y Darío, quienes a su vez le dieron cinco nietos Braian, Octavio, Fermín, Ludmila y Nelson.
También la recuerdan sus nietos del corazón Luana, Alan y Theo; sus hijos políticos Guillermo, Horacio y Mariela.
Acompañó a su esposo en distintos establecimientos rurales hasta recibir su merecida jubilación y radicarse en Tandil, en el barrio Villa Gaucho, donde cosechó grandes amigos y vecinos.
Era una mujer que siempre estaba acompañada por sus amigos y todas las reuniones terminaban con un juego de cartas y la cena. Siempre visitaba a su hermana, disfrutando de su compañía. Ella estaba “al pie del cañón” para sus hijos y familia, y se ponía feliz cuando estaban todos juntos. Cada domingo era de concurrir a los bingos, donde se divertía mucho.
“Mamá, todavía no entendemos, ni aceptamos tu partida tan de repente. De donde estés, guíanos para seguir adelante. Te vamos a extrañar horrores, te amamos y te recordaremos siempre. Tu familia”.
“Abuela: desde acá abajo te mando un beso muy grande, cómo desearía que sea una pesadilla, pero es real. Lo voy a tener que aceptar. Te voy a extrañar mucho. Tus comidas preferidas que me hacías, las salidas a los bingos. Me vas a hacer mucha falta. Un beso al cielo, tu nieta Ludmila”.
“Te me fuiste abuela hermosa, espero que estés en un lugar mejor que acá abajo. Guardo en mi memoria todas las cosas que vivimos juntos, los buenos consejos que me diste y ese cariño con el que me envolviste. Orgullosos de estar con vos hasta el último momento y siempre te voy a recordar con esa hermosa sonrisa que tuviste. Sé que guías mis pasos y cada logro mío será tuyo. Te amo. Braian Ochoa”.
V WALTER MARCELO GATTI
Se fue el 3 de octubre, dejando un vacío enorme en la familia, la que sabe que ahora descansa en paz después de tanta lucha, pero aún así no encuentra consuelo.
Pasan los días y lo siguen buscando, ya que es imposible creer que no está junto a ellos. Siempre lo van a recordar con una sonrisa enorme y no le dirán adiós, sino hasta pronto. Su mamá Aída; sus hermanos Marta, Ramón, Juan (f), Mario, Cristina y Nancy; sus hermanos políticos Mirta, Ester, Graciela, Juan y Walter; sus sobrinos Susy, Mati, Leo, Jony, Jeny, Sole, Aye, Juan, Martín, Agus, Daia y Cami; sus tíos y primos.
“Hermano, partiste en ese viaje eterno para hacer compañía a los ángeles, porque un ángel eras entre nosotros. Recuerdo nuestra infancia jugando a la bolita, siempre tan atento cuando jugábamos a las cartas. Crecimos, jugamos al pool; no te gustaba perder. Querido hermano, cuántos recuerdos esos hermosos momentos vividos juntos. Ahora extraño tu mensaje de buenos días cada mañana.
Te fuiste al cielo de los buenos y siempre vas a estar en mi corazón y en la memoria de todos lo que te amamos. Tu hermano Ramón”.
“Demasiadas preguntas y pocas respuestas. No puedo explicar lo que se siente tu ausencia, tu sonrisa con la que afrontabas cada problema y que nos llegaba al alma. Tan solo tu manera de ser que marcó y dejó un ejemplo a seguir. Me siento orgullosa de la persona que fuiste, te quiero muchísimo. Siempre en mi corazón tío, hasta pronto. Tu sobrina ahijada Cami”.
V SIMÓN GUALBERTO VILLAR
Hace pocos días falleció, en Tandil, Simón Villar, generando una profunda consternación entre sus seres queridos y amigos.
Sus nietas, Luli y Mili, fanáticas y socias como el abuelo de Racing Club de Avellaneda, acercaron hasta la Redacción el siguiente texto para recordarlo.
“La felicidad que uno siente al compartir momentos especiales con sus abuelos es única, así como es único el dolor que deja su partida. Simón Gualberto Villar, ‘Poroto’ para muchos.
Creemos en que lo que llamamos ‘la ley de la vida’ nunca no vas a llegar a nosotros, nos acostumbramos a aconsejar y estar para cuando a otro le pasa. Pero, cuando toca vivirlo en carne propia, el dolor recorre cada parte del cuerpo, sentir la angustia con tan sólo una mirada, un abrazo que hace que te rompas en llanto, y ese beso con la frase ‘fuerza’, difícil sacar la fuerza, tratar de seguir, sabiendo que una parte de mi partió al cielo el 18 de octubre, la mañana más triste, donde el sol brillaba porque subió más que un ángel, subió una gran persona.
Gran amante del golf y de los colores celeste y blanco, la grande academia. Tuvo una infancia muy difícil y dura, pero al pasar los años, fue dando lo mejor de él.
Jugó al golf durante 50 años.
Hace 54 años se casó con Susi, la persona con la que formó su familia. Tuvo tres hijos, siete nietos y dos bisnietos, con quienes compartió momentos maravillosos.
Amigo de los humildes y de los de alta sociedad, con los cuales se sentó a compartir algún que otro asado en su casa. Carpintero hasta sus últimos días. Dejó anécdotas y enseñanzas en la vida de cada uno de los integrantes de su familia.
Por su parte, Horacio y Gaby, los hijos del corazón, escribieron: “La vida nos premió sin lugar a duda con vos, nuestro ‘Poro’ querido, nuestro papá del corazón, el abuelo del corazón de nuestros hijos. Así fuiste y así vas a ser por siempre, y algún día, cuando nos encontremos, podemos decir linda hora para prender fuego o el brindis que nunca nos falte”.
RELLENO
Cuando el dolor se vuelve crónico
El dolor es una de las causas más frecuentes de la consulta al médico y en general está provocado por un daño real o potencial en un tejido del cuerpo, pero cuando una dolencia se extiende a lo largo del tiempo, se convierte en crónico, modificando severamente la vida de quien lo padece.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cinco personas padece dolor crónico de moderado a grave a nivel mundial, y una de cada tres no puede mantener un ritmo de vida independiente debido a este malestar. Los especialistas en tratamiento del dolor lo dividen en dos categorías: el dolor agudo y el dolor crónico.
En cuanto al primero de ellos, Carlos Alberto Ciraolo, neurocirujano del Hospital Italiano, señaló que “muchas veces hay una condición desencadenante”. Explicó que “es decir, que hay ciertos cambios clínicos y fundamentalmente bioquímicos que producen un cuadro doloroso en las terminaciones nerviosas, esto puede ser producido por una inflamación, un golpe o una lesión. En general, la persona puede definir claramente el territorio y cómo se presenta el dolor”.
El especialista dijo que, en el caso de que sea crónico, “no hay un dolor determinado” sino que “cuando los elementos bioquímicos, junto con los secundarios van modificando el dolor a lo largo del tiempo, este se vuelve crónico”.
Enfatizó que “en este caso, la persona no puede identificar cuál es el territorio del dolor, ni cómo se manifiesta claramente. A veces, suele ser quemante, pero para quien lo padece no es del todo claro”.
Dentro de esta categoría se encuentra el dolor neuropático, donde aparece una sensibilización primaria y secundaria, donde la codificación que realiza el cerebro sobre el dolor es mucho más amplia que el territorio afectado, cronificándolo a lo largo del tiempo. En general, el dolor neuropático tiene su origen en una lesión o disfunción primaria en el sistema nervioso.
Detalló que “suele suceder que no hay un dolor crónico que sea típico de una patología inflamatoria o bien, que tenga un origen neuropático. En general, hay una combinación de ambos factores. Es decir, donde hubo un trauma que no se resolvió y siguió a lo largo del tiempo”.
Muchas veces este tipo de dolores crónicos aparece luego de una amputación, trauma, cirugías de espalda, neuralgias o cefaleas. Según la OMS, entre la mitad y las 2/3 partes de quienes sufren dolor crónico no pueden ejercitarse, dormir normalmente, participar en actividades sociales, conducir un auto o realizar tareas domésticas. “Muchas de las personas que viven con un dolor crónico ven cómo se modifica su vida familiar y social por esta dolencia”, manifestó el médico.
Complementos
Yoga, meditación y arte terapia son complementos que ayudan en el tratamiento. Actualmente, en la Argentina hay especialistas capaces de detectar el dolor crónico y de ayudar a la persona en el tratamiento. A través del uso de la “escalera del dolor”, se realiza un protocolo de seguimiento que permite detectar, seguir e incrementar los tratamientos disponibles para que el paciente pueda sentirse mejor.
Los tratamientos en general incluyen, atención kinesiológica, el uso de analgésicos con esteroides o fármacos de mayor especificidad, tratamientos percutáneos y bloqueos. Actualmente, dos de los tratamientos más sofisticados son la estimulación medular y la bomba de infusión intratecal. El primero de ellos se basa en la estimulación de la médula espinal a través de una pequeña pieza (similar a un marcapasos) que se implanta en la piel, y que libera pequeñas descargas eléctricas en la columna. Esto le proporciona al paciente una sensación de hormigueo en el área de dolor, proporcionándole un mayor alivio.
En el caso de la bomba de infusión intratecal, a través de la liberación específica de fármacos directamente al flujo sanguíneo o a la médula espinal se evitan algunos de los efectos secundarios de los medicamentos orales, ya que se da un alivio más efectivo al absorberse la medicación a través del sistema circulatorio.
Pero, más allá de realizar siempre el tratamiento indicado por el especialista, en la actualidad se considera que las terapias alternativas pueden ayudar al paciente en el tratamiento del dolor.
“Las terapias orientales como el yoga, la meditación, el tai chí, realizar arte terapia, o ejercicio físico producen una elongación importante del cuerpo lo que ayuda a la fortificación del organismo”, mencionó Ciraolo.
El especialista agregó que “el paciente con dolor está alejado de su parte social, con lo cual, el apoyo terapéutico le agrega valor al tratamiento, lo mismo si se realizan hobbies o deportes”. (NA)
