Keynes: el padre intelectual de la estanflación
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Tras la publicación de “La Teoría General…” en 1936, John Maynard Keynes logró una notable influencia en la política económica en todo el mundo. Sin embargo, esa moda solo duró unas décadas: los países desarrollados abandonaron sus ideas hacia la década de 1980, cuando la inflación ya se había disparado y el mundo entró en recesión al madurar sus recomendaciones.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPara la década de 1980 el mundo desarrollado volvía al liberalismo de la mano de Milton Friedman, experto en advertir de todas las falencias teóricas de Keynes. Milton Friedman continuó la batalla cultural a nivel mundial contra Keynes, para recuperar el crecimiento y matar la inflación. La batalla que Friedrich Hayek no logró ganar, la ganó Milton.
Los países emergentes también comenzaron a soltar a Keynes más adelante. Principalmente en la década de los noventa, muchos de ellos también escapando de una hiperinflación galopante con estancamiento económico crónico.
Keynes es el padre intelectual de la “estanflación”. El exceso de gasto público que Keynes recomendaba “para estimular” la demanda, era en desmedro del ahorro y por tanto de la inversión. Una economía sin inversión deja de crecer. Pero sus propuestas también disparaban el déficit fiscal, que en la práctica se terminaba financiando con emisión monetaria.
El resultado de aplicar las ideas de Keynes siempre terminó en recesión por falta de inversión y con un desborde de gasto público que se financiaba con inflación. En definitiva, Keynes con sus recomendaciones generaba el resultado opuesto al que pregonaba: estanflación.
Argentina, como muchos países emergentes, también comenzó a abandonar las ideas de Keynes en la década de los 90. Pero el Kirchnerismo volvió con desesperación al keynesianismo en la década de los 2000. La consecuencia, Argentina volvió a la hiperestanflación: gasto público desbordante, 15 años sin crecimiento económico y una inflación que sumó tres ceros a su moneda.
Neo-keynesianos y post-keynesianos
El inocultable fracaso de las ideas de Keynes fue tan brutal, que sus mismos fanáticos lo reconocieron e intentaron salvar su obra.
Los “neokeynesianos” quisieron reparar los errores de Keynes, mezclando su obra con ideas de la escuela neoclásica. Es decir, para salvar a Keynes hicieron un híbrido que no es ni una cosa ni la otra. Peor, para intentar salvar a Keynes desdicen al mismo Keynes. Los propios neokeynesianos deshacen los pilares de la obra de Keynes, para volver a la escuela neoclásica. Como todo híbrido no logra descendencia y muere en el experimento.
Después tenemos los talibanes de Keynes: los post-keynesianos. Teóricos que retrucan y potencian todos los errores de Keynes. Ejemplo: a los post-keynesianos no les alcanza el forzado argumento del “multiplicador”, por lo que inventan el “super-multiplicador”.
No está de más recordar que el Kirchnerismo tuvo varios ministros de economía de la rama talibán del keynesianismo. Por algo terminaron con gasto público récord y una hiper.
Los keynesianos latinos
Los keynesianos latinos fueron otros engendros que emergieron de las obras de Keynes. Los estructuralistas y los desarrollistas, son adaptaciones latinas de Keynes y Marx. Simplemente tampoco creen en el libre mercado y justifican la planificación económica desde los escritorios del Estado.
En la adaptación latina, los estructuralistas mostraron un notable complejo de inferioridad: ellos mismos se autoproclaman “periferia”. Es una peculiar escuela económica latina que llega a comparar el aumento de las exportaciones con una enfermedad.
Por su parte, los desarrollistas latinos, con pinceladas marxistas explícitas, emanan la típica arrogancia del burócrata que se cree con la capacidad para dirigir con éxito la vida de millones de personas, sin nunca preguntarse por qué no logró progresar en su propia vida. Se ponen a elegir ganadores y perdedores haciendo abuso de poder, repartiendo prebendas bajo el eufemismo de “política industrial”.
Estas escuelas que adaptaban a Keynes y Marx en su versión latina, tampoco lograron el desarrollo económico que pregonaban. Conceptos que jamás salieron de las fronteras de Sudamérica, finalmente hoy son otra lengua muerta perdida en el inmenso Amazonas. “Restricción externa”, “fuga de capitales” o “sustitución de importaciones”, son algunos jeroglíficos sudamericanos que el resto del mundo nunca conoció.
Keynes fue un error
Decir que Keynes fue un error no tiene nada de peyorativo. La ciencia económica, como toda ciencia, avanza a prueba y error. Pero el error hay que reconocerlo para no repetirlo, ahí está el aporte a la ciencia.
Ejemplo, reconocer el error de la “teoría objetiva del valor”, permitió un salto cualitativo a la “teoría subjetiva del valor”. El impacto en la ciencia económica fue tan grande, que puso en evidencia errores conceptuales de la escuela clásica, dando inicio a la escuela neoclásica. Por supuesto que muchos de los aportes a la ciencia económica de los clásicos perduran e incluso se mejoraron con la escuela neoclásica. Adam Smith siempre será el padre de la ciencia económica.
Pero Marx y Keynes fueron los mayores errores en la ciencia económica. No se salva nada de sus obras cumbre, salvo el error. La humanidad ya padeció de sus errores y ahora sobre sus obras se advierte: “peligro, estas ideas parten de premisas falsas. Su aplicación genera muerte, inflación y estancamiento económico. Se recomienda discreción”.
Si las premisas son falsas, colapsa todo el paradigma. Marx nunca se enteró que no existe la teoría objetiva del valor. Keynes estaba convencido de que no aplica la “ley de Say”.
Muchos intentan salvar a Keynes diciendo que su obra se entiende en el contexto de la crisis del 30. Ignorando magistralmente que el propio Keynes llamó a su libro “Teoría general…”. Título con una pedantería y arrogancia que pocos en la humanidad se animaron.
Entender el error de Adam Smith (teoría objetiva del valor) permitió a la ciencia económica avanzar. Lo mismo pasa con Marx y Keynes, pero con toda su obra. Son solo un error en la historia. Reconocerlo es un avance para la ciencia económica. Soltar.