Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
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La Navidad nos trajo el regalo de los hijos, que han emigrado a diferentes continentes, buscando las posibilidades que la política argentina les ha negado en lo que va del siglo. Volvieron a nuestra casa y pudimos convivir con nuestros nietos, como cuando niños convivíamos con nuestros abuelos.
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La ensoñación cultural
En ese contexto emocional de lo que va del siglo en Argentina, sonaba Ismael Serrano [1] con su “Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito, De gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo, Y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana, Y canciones de los Rolling y niñas en minifalda.
Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis, Estropeando la vejez a oxidados dictadores, Y cómo cantaste "Al Vent" [2] y ocupasteis la Sorbona, En aquel mayo francés en los días de vino y rosas [3].
Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita, De aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia, Y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo, Y como desde aquel día todo parece más feo.
Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, Al final de la partida no pudisteis hacer nada, Y bajo los adoquines no había arena de playa. (…)
Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis, Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París, Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual, Las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más, Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad, Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam (…)
Tenía diez años recién cumplidos cuando aquel mayo francés, mi madre estaba investigando con el doctor Jérôme Lejeune, en el Hôpital Enfants Malades de Paris, y viviendo en la Rive Gauche, de modo que la canción tiene para mí, proximidad emocional, a pesar de la distancia cronológica.
Tiendo a ver en las crisis de aquellos años, el cierre de la cultura imperante hasta fines del siglo XIX y el inicio de una nueva época, en Euroamérica, como parte de un mundo único de civilizaciones diversas.
La Modernidad entro en crisis en su tercera etapa (Victoriana), desde la denuncia del cristianismo [4], como ideología de justificación de toda forma de instrumentalización del prójimo (Nietzche), la religión como el opio de los pueblos (Marx), y la represión del deseo (Freud). Contemporáneamente se va a desarrollar en toda Euroamérica, desde la pintura de Pissarro, Degas, Monet y los restantes rechazados (Salon des Refusés), la escultura de Rodin y Camile Claudel (muy particularmente con La Ola), a la literatura del descreimiento y desencanto.
Se comienza a producir la cancelación de todos los pudores victorianos, en lo artístico, en lo moral y en lo político, paralelamente, las izquierdas europeas comienzan a expandirse como la moral de relevo, surfeando una fascinación superadora/continuadora de la idea lineal ascendente del positivismo, que era la filosofía dominante en la cultura y la educación [5], en este mundo Euroamericana, que solo reconocía las restantes civilizaciones como objeto de museo.
El silencio ante los abusos del nazismo, desde el pacto Molotov-Ribbentrop -desde agosto de 1939, hasta la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941-, queda como un fantasma escondido en el ropero; y con glamour avant-garde, la izquierda continúa idealizada, en la cinematografía fascinada de la resistencia comunista, de la mano del Hollywood.
La realización política
Sin embargo, mientras duró el pacto Molotov-Ribbentrop, la resistencia antifasista, tanto en Italia y Alemania, como en Francia la habían sostenido grupos católicos en soledad política. Mientras, del otro lado del océano, Adolf Hitler había sido nombrado "Hombre del Año" por la revista Time (1938).
Para entonces, Pío XI, había puesto en el centro de la polémica al capitalismo y comunismo (Quadragesimo anno, 1931), y condenado -con la pluma de su secretario de estado Eugenio Maria Pacelli (luego Pío XII)- los totalitarismos como tales, y no solo por las ideologías que los justificaban: Non Abbiamo bisogno (acerca del fascismo y la acción católica, Pío XI, 1931), Mit brenender sorge (sobre la situación de la Iglesia católica en el Reich alemán, 1937), Divini redemptoris (sobre el comunismo ateo, 1937).
Este cuerpo de pensamiento social, había sido la fuente de iluminación de aquella resistencia y de quienes planearon los distintos atentados contra Hitler [6]. El intento final del bunker (20 de julio de 1944), tuvo tres originalidades: En primer lugar, que los luteranos a partir de la predicación del pastor Dietrich Bonhoeffer formularon una teología de la resistencia a la opresión, y del tiranicidio -con las mismas fuentes que la teología medieval-, lo cual, permite en segundo lugar, que católicos y luteranos lleguen a acuerdos para la toma del poder posterior al éxito esperado del atentado [7], que, en tercer lugar, hubiera tenido, como efecto el fin de la guerra, según lo previamente acordado con Churchill, por el papa Pío XII, a través de los canales de comunicación facilitados por Josef Müller -entonces espía de Wilhelm Canaris [8]-, quien sobrevivió a la purga posterior al atentado, y luego de la guerra (1945), fundó junto con Adam Stegerwald, la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), como un partido social cristiano, tanto de católicos, como de las confesiones reformadas.
Luego de la guerra, la dirigencia social cristiana, en los distintos países de Europa, plantea la identidad cristiana de Europa en términos de su diferenciación con el colectivismo marxista (la expansión de la URSS en Europa Oriental y su amenaza sobre Europa Occidental) y del capitalismo liberal (la creciente influencia de los EEUU en la reconstrucción de Europa) [9].
Así los sobrevivientes, después del fracaso del atentado del bunker, y las persecuciones en el resto de Europa Occidental (Jean Monnet, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Giorgio La Pira y Paul-Henri Spaak), impulsarán el proyecto más “absurdo” del siglo XX: terminar con las rutinarias guerras en Europa occidental, desde las monarquías absolutas, poniendo en marcha la economía social de mercado, que consiguió su desproletarización y su unificación [10].
La obra de estos refundadores de Europa era dinámica, respondiendo a las diversas realidades, no al modo pragmático, sino con criterios de acción derivados prudentemente de los principios morales, al ser aplicados a las situaciones diversas.
Durante el pontificado de Pablo VI (1963-1978) se prefiere para estas ideas la expresión enseñanza social de la Iglesia, para evitar lo que se estaba viendo como una esclerotización de la doctrina social católica, a modo ideológico, como el Estado de Bienestar europeo.
Este último Papa conocedor de los escritos de varios profesores del Instituto Católico de París - Universitas Catholica Parisiensis (como Marie Dominique Chenu op, e Yves Marie-Joseph Congar op) clarifica una relación entre historia y eternidad, principios y situación, que lo hace afirmar que, no se trata de una tercera posición global [11], y menos de una ideología enlatada: "Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de cada país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción" (Octogessima adveniens, nro 4, 1971)
El fin de una ilusión
Casi veinte años después, Emilio de Ipola [12], intelectual argentino identificado con el socialismo democrático, escribió un artículo [13] que identifica una brecha entre los ideales de la izquierda y su capacidad para responder a los desafíos operativos de la realidad Actual, especialmente en el contexto de la nueva democracia, proponiendo una mirada renovadora para las izquierdas argentinas.
El autor se identifica a la izquierda como el poder defensivo y ofensivo de los desfavorecidos, para incrementar las libertades efectivas de dichos sectores, procurar obtener para ellos los derechos que hoy son privativos de los privilegiados y, en fin, buscar los medios de eliminar las injusticias de todo tipo.
Entre los que se identifican con esos fines, enuncia tres izquierdas: una Izquierda Anacrónica (ligada a proyectos autoritarios y grandilocuentes), que defienden una concepción redencionista y totalizante del socialismo; se define como marxista-leninista (…) y revolucionaria; es dogmática, históricamente determinista y orgánicamente autoritaria. Por otra parte, tiene la costumbre de atribuir a supuestas grandes mayorías demandas que sólo provienen de su propia ideología—y que por lo general la sociedad ignora o desaprueba. La identifica con un pasado autoritario, dogmático, buscando grandes relatos y revoluciones totalizadoras, incapaz de adaptarse a la complejidad de la sociedad.
A la que distingue luego de lo que llama Izquierda Proto-Moderna: Una fase de transición teórica, que empieza a cuestionar lo anacrónico, pero no se distancia plenamente, que surgió en la forma de una revisión brutal y casi exclusivamente crítica de convicciones que la realidad había ido desmintiendo sistemáticamente, sobre todo a partir de los setenta (…) A nivel mundial, el primer gran alerta posterior a los acontecimientos de Hungría en 1956 fue la invasión soviética a Checoslovaquia, casi contemporánea del mayo ’68 francés; después, y en varias ocasiones, el sofocamiento violento de la resistencia obrera de Polonia: durante los setenta, el Gulag, el cuestionamiento de la Revolución Cultural China y del maoísmo, la invasión y virtual anexión de Campuchea por parte de Vietnam, sin olvidar las atrocidades del Khmer rojo, reveladas también en esos años.
Así, surgió el Eurocomunismo, como una innovación de los PC latinos, aleccionados por las crudas realidades que exhibía el Este europeo soviético, y la necesidad de secularizar, al marxismo que se había transformado de ideología en religión política, vez menos verosímil en Europa.
Sigue De Ipola, Por entonces, la izquierda latinoamericana, ya sacudida por la derrota y muerte del Che Guevara en Bolivia, debía afrontar, desde comienzos de los setenta trágicas experiencias: la de Chile en 1973, con el derrocamiento violento de la Unidad Popular y la instalación del régimen de Augusto Pinochet; en los años siguientes, la del aniquilamiento de los diversos grupos guerrilleros de extrema izquierda que habían surgido hacia mediados y fines de los setenta en Brasil, Uruguay y Argentina y la implantación de crueles dictaduras militares en estos dos últimos países. Duras decepciones que, promediando la década, y aun antes, dieron lugar a un profundo autoexamen crítico por parte de la mayoría. de los militantes y organizadores de izquierda latinoamericanas.
Las vertientes Proto-Modernas, según el autor, suponía conciliar una política reformista con una óptica global que no renunciaba a identificarse como revolucionaria. En mi opinión, adherían a las políticas dictadas por un Estado de Bienestar ya esclerotizado por Bruselas, y se daban el lujo identitario, para demostrar que seguían siendo socialistas, de defender a Cuba y a los regímenes que luego de acceder al poder por vía democrática se le fueron sumando [14]. El autor, citando al socialdemócrata Ludolfo Paramio [15], concluye sobre esa izquierda Proto-Moderna, que, con su crisis de identidad cuyas secuelas perduran hasta hoy, ya no pueden representar qué podría “ser una sociedad socialista y de cómo avanzar hacia ella”.
De Ipola, cercano al proceso del Alfonsinismo (en 1988), proponía entonces una izquierda a la que llamaba Moderna, con una visión más realista que prometiera la construcción de condiciones democráticas de acuerdo, para la transformación social, que sirva para eliminar injusticias: Que reconozca, la realidad histórica y la trascendencia de la llamada “tercera revolución industrial” en los planos tecnológico, socio-económico y político; (…) y la necesidad de redefinir en algún nuevo sentido la relación entre Estado y sociedad.
Adaptándose y enfocándose en la acción transformadora real en lugar de promesas grandilocuentes, reconociendo que la felicidad es una tarea personal, para la que el Estado debe generar las condiciones, y que eso no está en contradicción, con la necesidad de un estado más eficiente, que no extraiga recursos de la sociedad para desperdiciarlos, ni la privatización de actividades entonces en manos del estado que lo llevaban a su insolvencia.
En la política global, la alianza Ronald Reagan (EE.UU.), Margaret Thatcher (Reino Unido) y Karol Wojtyła, de principios de los años 80, que, combinada los valores conservadores con la defensa de la libertad, derrotó al bloque soviético, y las izquierdas Proto-Modernas, no siguieron el camino propuesto por de Ipola, sino que perseveraron en el camino de “Estado de Bienestar esclerotizado + la Revolución sigue viva en Cuba”, sin ser capaces de redefinir en algún nuevo sentido la relación entre Estado y sociedad, con lo que la ola conservadora posterior se las llevo puesta, y allí es cuando Ismael Serrano escribe “Cuéntame esa historia tan bonita” (1997).
Pocos meses después de la destitución de Fernando de la Rúa, con las maniobras irresponsable de la oposición del 20 de diciembre de 2001, comienza a revertirse en el mundo, el histórico deterioro de los términos del intercambio, por la reducción de los subsidios agrícolas en los países centrales y el crecimiento de sectores económicamente medios (del consumo) en China e India. De modo que se comienza a necesitar menos kilos de cereal, o carne, por cada kilo de una máquina herramienta importada (productividad), o de un Mercedes Benz (emulación).
En diversos países latinoamericanos históricamente perjudicados por el deterioro de los términos del intercambio, surgen movimientos populistas que, al amparo de los altos ingresos para el país, intentan generar Estados de Bienestar sin las bases de principios, ni las reformas estructurales que los generaron -en sus lugares de origen-, con modelos ideológicos esclerotizados que alentaron el consumismo -y no el bienestar-, en algunos casos, sin disciplina fiscal, lo que los llevaría al crecimiento de la pobreza y el deterioro de la capacidad de atención y la calidad de los servicios estatales de soporte/desarrollo, en la salud y la educación.
Sus líderes pudieron dominar la vida política de sus países durante sus mandatos constitucionales, y conservar la centralidad política más allá de ellos [16], con estructuras que tendían a la izquierda antes descripta como anacrónica, y los “fueros” de justificación moral, en su reivindicación y reparación económica de los hechos de las dictaduras, en lo que de Ipola define como el aniquilamiento de los diversos grupos guerrilleros de extrema izquierda que habían surgido hacia mediados y fines de los setenta.
Estos fueros que da la izquierda [17] fueron consolidados con el financiamiento de una masa cultural, poseedora del conocimiento y la industria de la comunicación social, que actúo de mediadora con la masa popular, consumiendo lo afirmado para negarlo de inmediato, a fin de re diferenciarse de quienes han asumido los propios estandartes, sin más positividad que en la/el líder.
Bajo la apariencia de la tolerancia de todo, se ejerció una ley puritana de la opinión, que solo usa la tolerancia como escudo. Un nuevo puritanismo crítico, asimilado por el sistema económico, y carente de responsabilidad sobre los asuntos práctico/sociales derivados de su acción.
Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, Y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada, Al final de la partida no pudisteis hacer nada, Y bajo los adoquines no había arena de playa. (…)
Por: Roberto Estévez, Profesor titular ordinario de filosofía política FCS – UCA
Referencias
[1] “Cuéntame esa historia tan bonita”, Atrapados en Azul, 1997.
[2] Canción en valenciano de Ramón Pelegero Sanchis, que se transformó en un himno contra Franco, 1959.
[3] Se refiere a la revuelta, disturbios y ocupaciones, de los estudiantes de La Sorbona, en Paris, entre el 3 de mayo y mediados de junio de 1968.
[4] Estos tres movimientos se desarrollaron en el contexto cultural de la Europa reformada, en el que -por las alianzas dinásticas-, se llamó a la Reina Victoria de Inglaterra “la abuela de Europa”. Cuando los europeos y su antigua colonias (Estados Unidos de América) controlaban el 35% de la tierra firme del planeta, llegando en 1914 al 84 %, aún antes de que Inglaterra, Francia e Italia se dividieran el imperio otomano (Cfr. Samuel Huntington, El choque de las civilizaciones).
[5] Es cierto que desde el siglo anterior, se habían iniciado movimientos reformistas que no asociaban la pobreza con la culpa, sino con las condiciones sociales, dentro de la Iglesia de Inglaterra, fue relevante la acción del del pastor John Wesley (junto a su hermano Charles y George Whitefield), en Oxford que buscaba una vuelta al Evangelio sin glosa, mediante la disciplina, el estudio bíblico, el servicio social y la predicación itinerante. Los mismos terminaron separándose de la Iglesia nacional inglesa, para formar una denominación propia centrada en la salvación por la fe, caracterizándose sus miembros por su compromiso con la justicia social y la evangelización. Para entender desde cerca la naturaleza de estos movimientos alternativos, que también obraban en la Inglaterra Victoriana, basta el ejemplo entre nosotros, del pastor José Míguez Bonino, reconocido teólogo y miembro activo de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), durante la última dictadura militar, perteneció a la Iglesia Evangélica Metodista Argentina.
[6] Riebling, Mark. (2016). Iglesia de espías.
[7] En la película Valkyrie (Operación Valquiria) dirigido por Bryan Singer (2008) donde las primeras escenas que muestran a Tom Cruise, como el coronel católico alemán Claus von Stauffenberg, se detiene en una sencilla y pequeña cruz latina que el lleva al cuello, que representa un punto común a todas las confesiones cristianas que intervinieron.
[8] Riebling, Mark. (2016). Iglesia de espías.
[9] Así lo expresaba Giorgio La Pira en sus cursos de 1944, para formar una dirigencia europea para cuando terminara la guerra (1945), y al servicio del proyecto de la unificación europea que ya tenían en común intelectuales italianos, franceses, belgas y alemanes, desde la resistencia al nazismo. Los mismos fueron recopilados en Giorgio La Pira, Para una arquitectura cristiana del estado. Premisas de la política, Buenos Aires: Editorial Heroica, p. 10.
La Pira fue uno de los redactores de la Constitución republicana de Italia, partícipe del movimiento de Adenauer, Schumann y De Gásperi, conocido como los padres de Europa, y el primero en visitar el Kremlin en la distención promovida por S.S. Pablo VI durante la llamada Guerra Fría, labrando vínculos duraderos con dirigentes soviéticos, de entonces. El Prefacio a su libro Il sentiero di Isaia, (Florencia, Ed. Cultura) fue escrito laudatoriamente por Mijaíl Gorbachov, ya en 1978, once años antes de la caída del llamado Muro de Berlín.
[10] Es tan clara la filiación espiritual de estos hombres, que la mitad de ellos: Robert Schuman, Alcide De Gasperi y Giorgio La Pira, se encuentran en distintas etapas de canonización por la Iglesia Católica. Por otra parte, toda la izquierda europea, cualquiera sea su filiación marxista ortodoxa, o socialdemócrata, salvo una pequeña fracción del partido socialista belga, votaron contra los primeros acuerdos con los que comenzó la unificación europea.
[11] La llegada de Perón al gobierno, cristalizó las múltiples líneas católicas (intelectuales, medios de comunicación y sindicatos que se habían opuesto al Roquismo t desencantado del Yrigoyenismo) a su favor, incorporando intelectuales que fueron desde un espectro reaccionario, hasta los de sólida formación filosófica clásica, como Arturo Enrique Sampay, desarrollador del constitucionalismo social en la Argentina.
Paralelamente, en toda la Europa occidental de post guerra se extendieron los principios social cristianos, de la justicia social, que compartían Adenauer, de Gasperi y Schumann, constituyendo fuertes partidos que llevaron adelante la unión europea.
El escritor español, Enrique San Miguel (en su libro El Evangelio de los Audaces, 2005), nos aclara que eso no fue así en Francia, donde esos esquemas conceptuales social cristianos, para logrando articular un discurso horizontal y suprapartidario, fueron empleados para constituir una fuerza propia personalista por Charles De Gaulle, agregando a continuación, que esto no sucedió en ningún otro lugar, salvo en la Argentina del General Perón.
Perón lo formulará como “Tercera Posición” una doctrina, que propone una alternativa al capitalismo (EE. UU.) y al comunismo (URSS) que en mucho recuerda aquellos cursos de La Pira.
[12] Filósofo y doctor en ciencias sociales Emilio de Ípola, profesor Emérito de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, investigador Superior del Conicet, fue secuestrado durante la última dictadura militar, y luego se exilió en México, donde formó parte de Controversia, una revista creada por un grupo de exiliados argentinos que aglutinó en sus páginas discusiones sobre el pasado y el presente de fines de la década del 70 y principios de los 80. Junto a Juan Carlos Portantiero (1934-2007) participó del Grupo Esmeralda, un grupo de intelectuales que acompañaron la campaña presidencial de Raúl Alfonsín. También fue uno de los fundadores del Club de Cultura Socialista. Tenía 86 años: Murió Emilio de Ípola, un intelectual que combinaba la erudición con la ironía, Diario Página 12, Buenos Aires, 28 de octubre 2025
[13] Emilio de Ipola, La Izquierda en tres tiempos (1988)
[14] Mirando al costado el proceso populismo, autoritarismo, y notas totalitarias, que se estaban desarrollando, como en Venezuela y Nicaragua.
[15] Paramio Ludolfo, La izquierda europea ante la crisis: problemas de identidad, 1985, mimeo.
[16] Hugo Chávez y sucesores -Venezuela de 1999 a la actualidad-, Luiz Inácio da Silva -Brasil de 2003 a la actualidad-, Néstor Cristina Kirchner -Argentina de 2003 y por ahora a 2023-, Evo Morales -Bolivia 2006 a 2025-, Rafael Correa y Daniel Ortega -Ecuador y Nicaragua de 2007 a la actualidad-.
[17] La frase "la izquierda da fueros", atribuida a Nestor Kirchner, su estilo y las alianzas, carece de fuentes oficiales que la confirmen como una frase del expresidente argentino.
Profesor titular ordinario de Filosofía Política, FCS-UCA.