Yo, el empedrado
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Recuerdo perfectamente mi ancha sonrisa allá lejos y hace tiempo. Fue por mil ochocientos ochenta, más o menos, en estas callecitas en las que se respiraba aire puro y el progreso se abrazaba con la identidad, con la belleza, con la artesanía.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPor entonces fui yo, el empedrado, quien tuvo que consolar a esa tierra ancestral que a veces se mezclaba con malezas y pajonales y se convertía en barro tras las lluvias. Le dije que su misión en el mundo era más importante que la mía, por eso de la producción. Le informé que el dinamarqués Juan Fugl ya había empezado a sembrar trigo y que el ejemplo se estaba expandiendo. Y que yo no llegaba para desplazarla sino para complementarla.
Tal vez más vieja y más canchera que yo, que como granito tengo solamente dos mil millones de años, la tierra me preguntó hasta cuándo me iría a quedar en estas callecitas: -Para siempre, le respondí con orgullo y felicidad. Me dijo que no me hiciera muchas ilusiones: “El ser humano te usa y luego te abandona”, me insinuó. No le creí. Me sentía inmensamente feliz de serle útil a Tandil, a mi gente. Por entonces La Movediza –nuestra Madre en este valle- todavía oscilaba orgullosa, aunque a mí me confesó que ya se estaba cansando de tanto barreno, tanto estruendo provocado por las canteras que se montaron ahí alrededor, a pocos metros.
Sé que los tandilenses me tienen cariño. Y hablan de mí como si yo, el empedrado, hubiera nacido en esta ciudad. Pero no es así. Hace algo más de 1.500 años, los romanos utilizaron esclavos para empedrar las calles de aquel monumental imperio. Y en toda Europa me muestran con orgullo. En Sudamérica estoy en varios países.
En Tandil sigo presente en unos cuantos lugares. Pero han cometido conmigo atropellos incomprensibles, asfaltando calles del hermoso Barrio de la Estación y la cuadra de 4 de Abril entre Mitre y Marconi, justo ahí, donde está el Museo Histórico. ¡Qué contradicción!
Ahora la emprendieron por la Plaza de las Carretas. Recuerdo a los caballos de los carreros, llegar algo cansados pero felices de poder dormitar en mi cuerpo que sonreía orgulloso.
Me han dicho que por lo menos dos concejales prometieron ocuparse de mi preservación, hacia el futuro. Tengo entendido que son 20. Por favor, les pido prisa y que se vayan sumando los demás.
También me he enterado que el viernes 13 habrá en ese lugar, una reunión de vecinos que quieren defenderme.
Les agradezco infinitamente.
Me han hecho emocionar, a tal punto de que les aseguro que yo estoy siempre dispuesto a poner el cuerpo esperando las intervenciones que se necesiten para volver a estar bien. En cuanto a los costos, salgo más barato al Estado porque soy roca añeja, durísima, capaz de resistir cientos de años más. Y podría ocasionar también divisas por la atracción turística que en cualquier parte provoca todo lo antiguo bien tratado.
Gracias nuevamente y no dejen de defenderme, que no los defraudaré.