En Tandil, Santiago Kovadloff consideró que el gobierno fracasó en su plan económico pero es la opción más republicana
El filósofo estuvo en El Eco Multimedios y aseguró que si bien el gobierno de Mauricio Macri no tuvo éxito en su plan económico y la gente votó en contra de eso, sigue siendo la opción que atiende al concepto de república. Se preguntó sobre Alberto Fernández: "¿Dónde está la verdad de su palabra, en el pasado o en el presente? ¿Dónde está la coherencia, en lo que dijo o lo que dice?"
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El filósofo Santiago Kovadloff estuvo en Tandil en el marco de las 41 Jornadas Notariales Bonaerenses que se desarrollaron en la ciudad. En diálogo con “Buenas y Santas” por la 104.1 Tandil FM, Kovadloff analizó lo que dejaron las elecciones y cómo es el panorama de cara a lo que se viene.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Qué nos espera? ¿Qué hay en juego?
-Lo ideal sería que el 27 de octubre se disputara la elección de un candidato a la presidencia dentro de un solo sistema político. Es decir, tener la certeza de que no está en juego el porvenir de la república sino su administrador. Si tuviéramos esa certeza estaríamos dentro de un sistema político democrático sumamente afianzado, porque podríamos decir que un candidato de centroizquierda y otro de centroderecha se disputan la gestión de la república. ¿Es así? No. No es así. No hay ninguna garantía de que lo que esté en juego sea la administración de la república. Todo parece más bien indicar que lo que está en juego es el sistema político dentro del cual vamos a tratar de vivir. Es decir, que tenemos por un lado al representante de un proyecto republicano, que es el actual presidente de la Nación, y en el otro lado, tenemos al candidato del Frente de Todos que tiene un discurso actual sumamente representativo de un proyecto de convivencia, moderado, orientado hacia la generación de trabajo, sensible en el orden manifiesto en cuanto a las necesidades de quienes están prácticamente fuera del sistema social por la extrema pobreza del país, desmentido por su propia interna que es la kirchnerista, que a la voz apaciguadora del candidato a la presidencia, le suma un discurso beligerante e incluso amenazante para el propio candidato. Tenemos un candidato opositor al actual Gobierno que no tiene un discurso unívoco, sino que está expresando las tensiones de su propio movimiento. Un movimiento que oscila entre una voluntad apaciguadora en el orden manifiesto y un discurso simultáneo beligerante que reivindica el pasado sin proponer un porvenir diferente.
-¿Se eligió alguna vez un administrador?
-No siempre tuvimos esta situación. Menem, con quien se podrá coincidir o discrepar, se movía dentro del sistema. Se presentó como un candidato peronista tradicional y optó por una posición conservadora. Duhalde tampocó apostó a salirse del sistema en su reivindicación del peronismo. En el orden manifiesto tampoco aspira a salirse del sistema el señor Fernández. Su discurso está dentro de las normas de la vida constitucional. Ahora, también es cierto, que más allá de las tensiones internas, también está la disonancia entre su discurso actual y su discurso pasado. Su discurso pasado es el de un hombre que jamás se hubiese imaginado que podría haber realizado una alianza electoral con la expresidenta. Sin embargo, lo hizo. ¿Dónde está la verdad de su palabra, en el pasado o en el presente? ¿Dónde está la coherencia, en lo que dijo o lo que dice?
-¿Y por el lado del oficialismo?
-El discurso del oficialismo tiene también sus matices. No se trata de contraponer mediante una polarización lo bueno o lo malo. La redención al extravío. El Gobierno actual es un gobierno que ha fracaso en el plano económico, si atendemos lo que originó la posición de cinco millones de electores. Hoy el Gobierno dice ´escuché´. Esto quiere decir dos cosas: estoy dispuesto a cambiar y el electorado se pregunta por qué no cambió antes. El Gobierno corre contra el tiempo para recuperar credibilidad. En el orden discursivo, sin embargo, es un Gobierno que ha mencionado verdades que no traicionó. El peso de la ley sobre el poder, la independencia de los tres poderes, la tentativa por llevar al mundo parlamentario un debate constante, someter sus decisiones al Congreso, la gestación de una gobernadora de Buenos Aires que es una de las figuras más notables de la política de los últimos 40 años, la aproximación al Gobierno de una figura como Graciela Fernández Meijide que en el campo de los derechos humanos es un paradigma democrático, una política exterior notable.
-¿Por qué el resultado adverso para Vidal?
-El Gobierno se empeñó, y ella en particular con un talento excepcional, en resolver problemas de infraestructura de la población de la provincia de Buenos Aires. Ahora bien, en ese nivel educativo de la mayor parte de la gente que se benefició con eso, también preponderó la necesidad de ver satisfechas otras necesidades. Por ejemplo, ir al supermercado o comprar vestimenta a los chicos, y no tenían dinero, y la moneda se desvalorizó. Los planes son siempre compensatorios del déficit de una moneda real. Paradójicamente nuestra moneda se llama peso, no lo tiene. La Gobernadora se enfrentó a una hostilidad generada por la no satisfacción de necesidades elementales que forman parte del horizonte perceptivo de millones de personas y para las cuales la resolución de los problemas que se llevaron a cabo no eran prioritarios en forma absoluta. Estamos delante de una figura excepcional que advirtió hace mucho tiempo qué era prioritario y qué no, y fue desoída. Vidal, excepcional gobernadora, no es alguien que pueda decir ´me escucharon´.
-¿Cómo se puede resolver el gran problema de la inflación?
-Las naciones tienen todos niveles de inflación previsible. El Estado argentino fue saqueado durante 15 años por el gobierno kirchernista. Fue vaciado de recursos. A eso se une la ineptitud de una clase dirigente en el mundo empresarial que siempre es aliado oportunista del vencedor y nunca de un proyecto de nación. Yo he intervenido en la creación del Foro Empresarial hace unos años y he podido comprobar dónde están los intereses de una parte del empresariado argentino que opera igual que el sindicalismo, tienen intereses sectoriales. Son feudales, no nacionales.
-¿Es posible cambiar esta situación?
-La pregunta cómo se hace tiene una respuesta posible. El pasado siempre enseña. Un genio como Domingo Faustino Sarmiento tuvo que luchar décadas para imponer su idea. Logró algo más difícil que lo que tenemos que lograr nosotros. El otro, Manuel Belgano, se impuso a dirigir el Ejército. San Martín cruzó la Cordillera y liberó otros países. Esas son tareas realmente grandes. Lo que nosotros tenemos que hacer es algo muy complejo que es generar un proyecto de Nación entre todos los sectores que quieran rentabilidad. ¿Es posible? Creo que es indispensable si queremos ser una Nación, sino seguiremos siendo un conglomerado.
