El escándalo que sacudió una carrera cuadrera en Tandil
La competencia se disputó en 1938 en el hipódromo local. Tras la llegada hubo una violenta agresión a rebencazos, un jockey detenido, una fuga y una denuncia que apuntó directamente contra el comisario de la ciudad.
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Diversión tradicional y motivo de reunión de gauchos y pobladores de la campaña de varios lugares del interior del país, incluido Tandil, fueron casi desde siempre las carreras cuadreras –término derivado de “cuadra”, unidad de medida equivalente a 129 metros–, en las que eran frecuentes las apuestas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLas competencias se disputaban entre dos caballos “parejeros”, veloces en las arrancadas cortas y en los “tiros” de poca distancia. Las pistas eran, por lo general, los caminos públicos, y las carreras se realizaban, en particular, en los boliches los domingos y fiestas patrias.
Era tanta la pasión por ese tipo de diversiones que el paisanaje perdía, en algunos casos, hasta su apero, su poncho, su cuchillo y su camisa en las apuestas, y quedaba de a pie y en paños menores. Una de esas competencias estaba casi siempre destinada al comisario del pueblo, cuyo caballo, aunque matungo, mancarrón y bichoco, siempre ganaba.
