El recuerdo de las históricas romerías de 1882 que marcaron una época en la ciudad
Hace más de un siglo, Tandil era considerado el pueblo más español de la provincia. Una crónica sobre las multitudinarias fiestas en la quinta de Ramón Santamarina que vestían a las sierras de gala.
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El resonar de gaitas llenaba las calles de la ciudad días antes del evento. Hombres y mujeres salían presurosos de sus casas para escuchar los instrumentos de viento. Los chicos se encolumnaban detrás de la caravana. Las preocupaciones se dejaban de lado. Nadie podía evadirse de la convocatoria a una fiesta especial, en medio de un entorno sonoro particular.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLos jóvenes se acicalaban para la ocasión. Allí encontrarían la oportunidad para una mirada, un piropo y un poco de danza. Lo demás lo harían las palabras y el tiempo. Las mujeres no vestían como ahora, la moda era otra. Los mozos lucían sus bombachas con prestancia. Algunos tenían un paso especial, un alarde para mostrar sus condiciones para el baile y, si se ofrecía, para la pelea.
Así eran las romerías a fines del siglo XIX, una fiesta esperada a la que asistían hombres, mujeres y niños para disfrutar de juegos y entretenimientos. Guirnaldas de luces multicolores ambientaban el lugar.
