Temas y lectores
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“9M, el 8M de 2026”
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe me acalambra el rostro. Estoy inmóvil. Siento el tsunami dentro de mí que se avecina y no puedo detenerlo. Quiero correr a buscar un refugio seguro o una línea temporal donde las cosas hayan sido de otra forma. Un país donde no existan femicidios o una película donde pueda esconderme en un final feliz.
Estoy helada frente a la nota que informa las mujeres que sangraron por un supuesto amor inocuo. Abandono mi cuerpo y empiezo a contarlas en mi mente. 1, 5, 30, 80. Este año fueron menos que el anterior me digo. Leo los meses con más muertes y me fijo si estará el de ella (Sí).
Con una frivolidad que caliente, deseo continuar mi rumbo distendido pero el peso de mi hermandad sobre las mujeres que están y no están me envuelve en una desintonía de la realidad, una que continúa su cauce natural.
Creí surfear la melancolía de mi intelecto en un intento por retomar esa naturalidad. Pero hoy vi a las pibas en la plaza preparándose para marchar y me vi a mí mimo con el megáfono nombrando a las que asesinaron. Me ví a mí misma destruida, envuelta en una marea poderosa de mujeres que me sostenían. No pude más que soltar un grito ahogado que no deja entrever razón de ser cuando el odio es tan grande y ancestral.
El dolor en mis entrañas recorría los últimos recovecos de mi ser, donde sabiamente había guardado los pocos auges de fuerza que me quedaban. Hace dos años y tantos meses le tocó a mi amigo Brunella ser sustrato de la complicidad patriarcal. Hace dos años que no puedo marchar un 8M, mi estómago no me lo permite.
Hoy escribo insulsas palabras conjugadas como alternativa de un llanto arrodillado. Quisiera verme color violeta, radiada de sororidad. Aun no creo que pueda, en cambio escribo con la esperanza de que al leerlo, el dolor deje de ser amigo del silencio y el silencio el punto de partida del tormento.
Agustina.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil