Adrián Berra en Cultura Zip: “Lo lindo de crear es no tener un método tan rígido”
El músico pasó por Cultura Zip antes de su regreso a Tandil, donde se presentará este sábado en el Salón Danés. Habló de su nuevo disco, de la intimidad de tocar solo con su guitarra, de su particular forma de componer y de cómo convive con una industria musical atravesada por las redes, los algoritmos y la velocidad.
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Adrián Berra tiene una historia con Tandil que comenzó cuando su carrera todavía daba sus primeros pasos. Después de un tiempo sin presentarse en la ciudad, este sábado 26 volverá para reencontrarse con el público tandilense en el Salón Danés, esta vez con una propuesta íntima, alejada del despliegue de una banda completa y sostenida esencialmente por las canciones.
Antes de ese regreso, el músico pasó por Cultura Zip, el programa que se emite de lunes a viernes de 14 a 16 por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, y conversó sobre el espectáculo que traerá a la ciudad, su nuevo disco Antes de saltar, sus procesos creativos y las transformaciones que experimentó la música desde que comenzó su carrera.
También hubo tiempo para hablar de aquello que sucede por fuera de las canciones: la necesidad permanente de generar contenido, los algoritmos, la fugacidad con la que se consume música y la presión para adaptarse a determinados formatos en las redes sociales.
Un vínculo especial con Tandil
Berra recordó que Tandil fue una de las ciudades que aparecieron temprano en su recorrido como músico independiente y destacó especialmente el vínculo construido a través de Vicky de Buena Rola.
“Es una de esas ciudades donde, cuando empecé a tocar, fui a hacer algunos de mis primeros shows. Hubo algo que quedó conectado gracias a Vicky, a su gestión cultural. Ella empezó a llevar un montón de artistas emergentes e independientes, me hice amigo de ella y gracias a eso fue un lugar al que volví”, contó.
Aunque reconoció que muchas veces sus visitas estuvieron marcadas por la dinámica propia de las giras y no pudo quedarse demasiado tiempo para conocer Tandil, durante esos viajes también construyó relaciones con músicos de la ciudad.
Entre ellos aparece Jo Alcobruni, quien será el encargado de abrir el recital del sábado. El vínculo entre ambos comenzó de una manera muy ligada a estos tiempos: a través de Instagram.
“Una vez fui a tocar allá hace muchos años y él me mandó una versión de un tema mío que se llama Desaprender. Él toca el bandoneón y me mandó un tema por Instagram diciéndome: ‘Che, yo soy de acá, soy músico’. Me mandó una versión de Desaprender en bandoneón y me encantó. Entonces le dije: ‘Pará, estoy yendo para allá, juntémonos’. Ahí lo conocí. Hoy ya es amigo y él va a abrir el show”, relató Berra.
Un paréntesis para volver al hueso de las canciones
La última presentación de Berra en Tandil había sido con banda completa en el Teatro del Fuerte. Esta vez, la propuesta será completamente diferente: guitarra y voz.
No se trata simplemente de una versión reducida de su espectáculo habitual. El músico explicó que decidió reservar septiembre para realizar apenas cuatro conciertos de estas características en la provincia de Buenos Aires, con presentaciones en San Antonio de Areco, Pergamino, Olavarría y Tandil.
“Cuando estoy mucho tiempo tocando en banda extraño la posibilidad de tocar solo, en conciertos más íntimos y más chiquitos. Y cuando estoy mucho tiempo tocando solo extraño la grupalidad de la banda”, explicó.
Por eso definió esta pequeña gira como “un paréntesis, una burbujita de conciertos íntimos a guitarra y voz”, donde conviven las canciones de Antes de saltar con composiciones de sus trabajos anteriores.
Despojar una canción que originalmente fue pensada con batería, arreglos e instrumentos también supone un desafío.
“Me encuentro con las canciones desde un lugar más esencial. De alguna forma uno las comparte con una energía parecida a aquella con la que fueron compuestas, desde el despojo absoluto”, señaló.
Para Berra, prácticamente cualquier composición puede trasladarse a ese formato, aunque algunas requieren mayor trabajo que otras. Hay temas que nacieron imaginando el funcionamiento de una banda y que encuentran buena parte de su identidad en un ritmo, una batería o un pasaje instrumental.
Por eso, preparar estos recitales implica buscar qué queda cuando todo eso desaparece.
“Es tratar de irle al hueso a las canciones y exponerlas de esa forma”, resumió.
Conciertos que se terminan de construir con el público
La diferencia entre tocar acompañado y hacerlo solo no pasa únicamente por la cantidad de músicos arriba del escenario. También modifica completamente la relación con quienes están del otro lado.
Con una banda existe una estructura mucho más marcada. Hay luces, sonido, movimientos preparados y una lista que avanza con cierta lógica. Berra lo definió como “un tractorcito” que comienza a caminar y atraviesa distintos momentos hasta el final.
El formato solista, en cambio, le permite desviarse.
“Cuando estoy solo con la guitarra empiezan a aparecer cosas del contexto, de la gente, y el show se termina de armar ahí, con la gente en la sala”, explicó.
Puede aparecer una canción que alguien pide desde el público, una composición vieja que originalmente no estaba en los planes o incluso una versión espontánea. En uno de los conciertos recientes, por ejemplo, terminó interpretando un tema de Kiko Veneno que había escuchado mientras viajaba hacia Areco.
Para esa libertad también se apoya en diferentes sonoridades. Viaja con tres guitarras: eléctrica, acústica y criolla, y va observando qué necesita cada momento del recital.
“Uno de los desafíos que tiene este formato solo es estar bien atento, bien presente y que el show se vaya desarrollando de la mejor manera posible. Por eso también son conciertos muy irrepetibles, porque no se repite tanto la lista entera; se va construyendo”, sostuvo.
El “aljibe” donde guarda canciones
La charla en Cultura Zip también permitió meterse en la cocina de sus composiciones. Berra contó que su forma de escribir fue cambiando con los años y que actualmente trabaja con un método al que bautizó “el aljibe”.
En sus primeros discos, música y palabras aparecían prácticamente al mismo tiempo. “La música, la guitarra, la letra y la melodía salían medio todas a la vez”, recordó.
Con el tiempo comenzó a darle mayor espacio a la escritura sin una finalidad inmediata. Textos, frases, imágenes e ideas que quizás todavía no pertenecen a ninguna canción.
Lo definió, recuperando una expresión de Miguel Abuelo, como una suerte de “verdulería poética”.
Todo ese material queda guardado. Cuando aparece una idea musical, Berra vuelve a ese reservorio para buscar palabras que puedan encontrarse con ella.
“Le llamo el aljibe a ese método. Es tirar todo a un lugar y después, cuando encontrás algo musical, ir a buscar esas palabras, esa poesía. La canción nace, pero nace sin darte cuenta en distintos momentos, a veces con meses de diferencia, a veces días o semanas”, explicó.
El método también apareció como respuesta a los cambios de la vida adulta. Las giras, el teléfono, los hijos y las obligaciones cotidianas hicieron que ya no siempre existiera la posibilidad de sentarse durante horas frente a una guitarra y un cuaderno.
Las ideas, sin embargo, continúan apareciendo.
“Uno va armando una especie de baúl de ideas y en un momento, cuando tiene el espacio y el tiempo para desarrollarlas, aparecen. El desarrollo de una canción necesita atención, energía y un tiempo sostenido que muchas veces tenemos que generar porque el transcurso del día te lleva puesto”, reflexionó.
La música en tiempos de 20 segundos
Berra comenzó su carrera en una industria muy diferente a la actual. Hoy una canción puede encontrar buena parte de su público a partir de unos pocos segundos utilizados en las redes sociales. Y esa transformación también apareció durante la entrevista.
Cuando le preguntaron si se sentía cómodo con esa lógica, fue claro.
“Como gustarme, no me gusta. Me parece que justamente la música, o lo lindo del arte, es habitar el estado. Es como leer un libro de una página”, comparó.
De todas maneras, entiende que forma parte de la época y que los artistas deben encontrar alguna manera de convivir con esas herramientas.
“Uno va tratando de adaptarse de la mejor manera, sin perder la esencia. Hay cosas a las que uno se adapta y está todo bien, hay cosas que cuestan y hay cosas a las que uno no se va a poder adaptar nunca”, sostuvo.
Su principal cuestionamiento aparece en la velocidad y en el peso que adquirieron los algoritmos sobre el consumo.
“Esta lógica tan veloz del consumo de la música y tan algorítmica no es algo que me guste mucho. Yo trato de resistir, por lo menos en el sentido de cómo la consumo. Después, cómo consumen mi música, eso no lo voy a poder controlar”.
Para Berra, escuchar música todavía supone detenerse.
“La música, al margen de un trabajo, es algo que hace muy bien. Cuando estoy medio desconectado por esto de la velocidad o las redes, me doy cuenta. Es un espacio que viene a hacerme bien y a acomodarme un poco. Me gusta pensar que mi música puede hacer eso y aportar en eso para los demás también”.
“Lo que más garpa es ser uno”
El músico profundizó todavía más cuando la conversación pasó de la forma de consumir canciones a la manera en la que actualmente los artistas deben mostrarse.
En una época atravesada por fórmulas sobre cómo publicar, cómo hablar frente a una cámara o cómo conseguir atención durante los primeros segundos de un video, Berra planteó otra búsqueda.
“Muchas veces la gente piensa que garpan cosas que no garpan. Me parece que lo que más garpa es ser uno. Y si eso no garpa, bueno, no garpa uno en algún punto, pero no es la forma lo que no está funcionando”, expresó.
La preocupación, explicó, es terminar persiguiendo una fórmula hasta perder aquello que vuelve reconocible a cada artista.
“Lo lindo es encontrar tu camino, tu manera de comunicar, de compartirte, de compartir lo que hacés e ir por eso”, sostuvo.
Y marcó cuál es el límite que espera no cruzar: “A lo que no me voy a adaptar nunca, o quisiera no adaptarme y que no me lleve puesto, es a la estandarización de las posiciones, las músicas, los formatos y la forma de comunicar. Siento que se está estandarizando todo de una manera muy poco nutritiva y que, además, tampoco funciona”.
Cuando una canción encuentra su propio camino
Hay otra parte del oficio que ni siquiera los años permiten controlar: saber qué canción va a conectar con la gente.
Berra reconoció que cada vez que publica un disco tiene sus favoritas y aquellas composiciones que imagina como posibles “punta de lanza”. Pero el público no necesariamente coincide.
“Hay canciones que se abren paso, no sabés por qué. Mágicamente, no siempre son las mejores canciones para uno, pero hay canciones que la gente las abraza y van”, explicó.
En algunos discos acertó. En otros, la canción que imaginaba destinada a sobresalir pasó inadvertida y otra terminó ocupando inesperadamente ese lugar.
“Uno hace lo que hace y tiene una idea, pero después la gente recibe a su manera y cada canción tiene como su poder personal. A veces eso se puede predecir, pero a veces no”.
Volver a escuchar discos
En medio de una conversación atravesada justamente por la velocidad del consumo apareció una costumbre bastante menos inmediata: escuchar discos completos.
Entre la música que viene acompañándolo últimamente mencionó a Maro y Parcels, pero también contó que volvió a encontrarse con Enemigos íntimos, el disco que Fito Páez y Joaquín Sabina grabaron juntos.
El regreso a Fito tampoco es casual.
“Fito lo amo mucho. Es una persona que con toda su música, o los primeros diez discos, aparece cualquier canción y me lleva a una etapa a la que le tengo mucho cariño. No solamente me parece un temazo o un discazo, sino que además me atravesó emocionalmente en muchas etapas de mi vida”, expresó.
Incluso encontró una nueva forma de revisitar clásicos. Hace poco descubrió que existían auriculares preparados para utilizar mientras nada, una actividad que practica desde hace algunos años.
Lo primero que hizo fue cargarles música.
“Me descargué la discografía de Charly. Entonces voy a nadar y cada vez que voy escucho un disco”, contó.
Una pequeña escena que, de alguna manera, sintetiza buena parte de lo conversado durante su paso por Cultura Zip: en tiempos donde una canción tiene apenas segundos para llamar la atención antes de que un dedo deslice la pantalla, Adrián Berra todavía encuentra lugares para escuchar un disco de principio a fin.
Y también para hacer algo parecido con sus propias canciones: sacarles capas, volver a mirarlas y descubrir qué queda en el centro.
Este sábado, cuando vuelva a Tandil después de un tiempo, será justamente eso lo que propondrá sobre el escenario del Salón Danés: tres guitarras, una voz, canciones nuevas y viejas y un recital que terminará de construirse cuando tenga al público enfrente.
Lic. en Comunicación Social y periodista digital.