El viaje sonoro de Imanol: de la guitarra adolescente al juego electrónico en la escena de Tandil
Desde la tranquilidad de Tandil, Imanol redefine su identidad artística a través de la música electrónica. Mediante la improvisación y el uso de sintetizadores, el músico local transforma el error en una pieza clave de su cultura creativa.
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La relación de Imanol con el universo sonoro se gestó de manera orgánica y pausada en la tranquilidad cotidiana de Tandil. Fue entre los 13 y 14 años cuando tomó una guitarra por primera vez, abriendo una puerta que inicialmente parecía destinada a ser solo un pasatiempo de juventud. En su entorno familiar existía un antecedente sutil: su padre había tocado el instrumento durante un breve lapso, pero fue una práctica efímera que no perduró en el tiempo y se terminó abandonando.
Lejos de una tradición musical heredada, Imanol se convirtió formalmente en el primer artista de la familia junto a su hermana Maite, una talentosa pintora con quien comparte esa búsqueda expresiva indispensable. Sin embargo, aquel acercamiento inicial a las seis cuerdas sufrió una metamorfosis radical al momento en que la práctica individual dio paso a la interacción colectiva.
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La verdadera transición de simple pasatiempo a canal de expresión profunda ocurrió cuando se presentaron los primeros proyectos grupales. Enfrentarse a la dinámica de tocar con otros exigió un compromiso distinto: el joven músico no solo tuvo que integrarse al pulso de una banda, sino también llevar al frente una postura e identidad artística bien definida ante el instrumento. Fue en esa instancia donde la guitarra dejó de ser un entretenimiento secundario para transformarse en la columna vertebral de su identidad y en el lenguaje primordial para volcar sus vivencias más íntimas.
Formación y búsqueda de autenticidad
El perfil artístico de Imanol no se explica únicamente desde la música; su paso por la carrera de cine introdujo una mirada narrativa y conceptual decisiva en su modo de habitar el arte. Para el músico, la creación artística constituye una herramienta fundamental para conectar con lo más genuino y transparente del ser humano. El escenario, en lugar de ser una vitrina de exhibición o un espacio cargado de presiones, se convierte bajo su óptica en un refugio donde es posible sentirse cómodo, reencontrarse con uno mismo y habitar el goce de la diversión más pura.
Esta visión se entrelaza de forma estrecha con su modo de concebir la propia subjetividad. Distante de las posturas estáticas o de una autoimagen rígida, Imanol entiende la identidad como una trama flexible, afirmando ser un conjunto de facetas donde habitan distintas partes de su ser. En esa pluralidad, la vivencia musical funciona como el catalizador que activa su dimensión más elevada.
“Conecto con ese Ima artístico, con ese Ima que nace de la música, porque yo también a la música la siento como algo espiritual y algo que me conecta con algo más.”
La maduración sonora de Imanol dentro del circuito independiente local se forjó en el calor de los ensayos y las presentaciones compartidas. Dos agrupaciones resultan fundamentales para comprender su recorrido: su paso por Ando Chillin y su experiencia más reciente en Manicomio del Amor. Ambas vivencias funcionaron como auténticas escuelas de formación técnica y humana, permitiéndole desarrollar la escucha atenta, la capacidad de acople y la construcción de un discurso sonoro común.
La fase electrónica y el valor del error
En la actualidad, la inquietud creadora de Imanol ha tomado un rumbo diferente, adentrándose de lleno en el universo de la música electrónica. Este giro conceptual tuvo un hito relevante durante su presentación en el evento local Lunatico, donde expuso ante el público su nuevo formato de exploración individual apoyado en sintetizadores y samplers. En este entramado, la improvisación emerge como el método central de composición e interpretación en directo.
Para el artista, la incorporación de tecnología representa la oportunidad de disponer de "juguetes para crear", reivindicando el concepto del juego infantil como un motor vital inalienable. En el territorio de la improvisación electrónica, el error deja de ser un fallo indeseado para transformarse en el insumo principal de la creación. La filosofía de Imanol sostiene que la equivocación debe utilizarse siempre a favor del proceso: se trata de hacer del error una obra en sí misma, aprender de la contingencia sonora y perfeccionar la expresión a través del descubrimiento imprevisto.
Al observar la escena independiente de Tandil, Imanol mantiene una mirada sumamente positiva y entusiasta. Define la movida local como un terreno dinámico, caracterizado por la floración constante de nuevos proyectos que renuevan el pulso cultural de la ciudad. Dentro de esta trama colectiva, el vínculo con sus pares ocupa un lugar de profunda gratitud, reconociendo a sus amigos y colegas locales como verdaderos maestros.
Responsable y coordinador de redes sociales en El Eco.