Franco Molina: el baterista que transformó su pasión en una carrera
Desde sus primeros ritmos sobre un triciclo hasta su consolidación como referente, el baterista Franco Molina transformó su vocación en un estilo de vida. Entre la docencia, la cultura y Metanoia en el desierto, el tandilense expande su percusión.
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La historia de Franco Molina, conocido en el ambiente artístico como "Gaye", es la de una vocación que no registra un principio diferenciado de su propia existencia. A sus 27 años, este baterista profesional, docente, sesionista, modelo y creador de contenido recuerda con absoluta nitidez cómo la música ingresó a su cotidianeidad. Sus padres le inculcaron el amor por el arte desde muy pequeño, generando un entorno de contención que él mismo define como la columna vertebral de toda su carrera. Aquel apoyo inicial fue fundamental para que pudiera transformar sus inquietudes en una disciplina constante.
A los tres años, la imaginación infantil transformó la casa familiar en un escenario improvisado: daba vuelta un triciclo para simular los toms de una batería y utilizaba la silla de su madre para acompañar el ritmo de las canciones que escuchaba. La respuesta de su entorno no tardó en llegar: a los seis años, mediante una "vaquita" organizada entre familiares y amigos, recibió su primera batería real. Aquel esfuerzo conjunto marcó el inicio de un camino ininterrumpido que hoy, más de dos décadas después, lo encuentra consolidado como un referente local con proyección internacional.
Al reflexionar sobre por qué eligió la batería sobre cualquier otro instrumento, Molina señala que no conserva recuerdos sin ella. Atribuye esa inclinación a un don que trasciende lo terrenal, entendiendo la música como una búsqueda continua para descubrir qué propósito debe cumplir en el mundo a través de los parches. Para él, la batería no es solo un conjunto de tambores y platillos, sino un lenguaje propio que le permite comunicarse con los demás y canalizar sus emociones más profundas en cada golpe.
La decisión de “quemar los barcos”
El paso de ver la música como un pasatiempo a asumirla como una profesión de tiempo completo requirió una toma de postura drástica. Durante un período de su juventud, Franco cursó la carrera de Turismo en la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN) en Tandil. Tras obtener su primer título intermedio, comenzó a experimentar una profunda insatisfacción interna. Aunque agradecía la posibilidad de estudiar y los trabajos temporales que le brindaban amigos, sentía que su energía estaba desviada de su verdadero destino.
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La inquietud derivó en una consulta decisiva con su profesor de batería, Daniel Salicce. Franco le manifestó su deseo de empezar a dar clases. La oportunidad se presentó de inmediato cuando un amigo le pidió enseñanza. Molina comenzó dictando clases gratuitas y, al comprobar los avances reales en su alumno, tomó la determinación de "quemar los barcos" y abocarse por completo a la música. Aunque reconoce que la coyuntura económica argentina a veces exige realizar otras tareas, la claridad de su propósito le permitió consolidar un camino profesional sostenido.
Esta transición no fue sencilla, pero le permitió entender que la música requería una dedicación total. Al dejar de lado otras alternativas académicas, Molina pudo enfocar toda su capacidad intelectual y física en el perfeccionamiento de su técnica. Esta decisión, lejos de ser un salto al vacío, fue el cimiento sobre el cual construyó su actual realidad. Entendió que, para vivir del arte, debía tratar su práctica con la misma seriedad que cualquier otra profesión, manteniendo una rutina estricta y una visión clara de sus objetivos a largo plazo.
Hoy, al mirar hacia atrás, Franco valora cada etapa de su formación, incluso aquellos momentos de incertidumbre. La experiencia en la universidad, aunque no fue el camino que eligió para su vida, le otorgó herramientas de gestión y una perspectiva sobre el mundo laboral que aplica diariamente en su faceta como docente y emprendedor. La capacidad de adaptarse a los cambios y de persistir ante la adversidad se convirtió en su sello distintivo, permitiéndole navegar las aguas de la industria musical con una madurez poco común para su edad.
Formación de élite y alcance global
Franco Molina mantiene un compromiso constante con la formación técnica. Actualmente está a punto de graduarse como músico intérprete de batería en la Escuela de Música Popular de Tandil, donde ha estudiado con docentes como Daniel Salicce y Gero Castro. En el ámbito privado, su máximo referente ha sido Gustavo Meli, primer baterista argentino en conquistar la competencia mundial Modern Drummer. A través de clases particulares, seminarios y práctica autodidacta diaria, Molina perfecciona continuamente su ejecución.
Esta exigencia técnica se traslada a su programa de mentoría denominado Drums, donde entrena a bateristas de El Salvador, Chile, España, la Argentina y Tandil. Guiar a estudiantes con niveles avanzados lo motiva a estudiar sin pausa para mantenerse en constante evolución. En su faceta como sesionista, ha aportado su ritmo a proyectos de artistas como Lyro, Fran CB, Juliana Enechini, Valentina Palacio, Lula Andersen, Toti Cáceres (de Azul) y Niño Neo, eligiendo siempre propuestas enfocadas en la entrega y el talento.
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El impacto de su labor pedagógica se mide en el crecimiento de sus alumnos, quienes encuentran en sus lecciones no solo técnica, sino también una filosofía de vida. Molina insiste en que el baterista debe ser un músico completo, capaz de entender la estructura de una canción y aportar el color necesario para que el mensaje llegue al oyente. Esta visión integral es lo que ha permitido que su programa de mentoría trascienda fronteras, conectando a músicos de diversas culturas bajo un mismo lenguaje: el ritmo.
La disciplina que exige a sus alumnos es la misma que se aplica a sí mismo cada día. Para Franco, el aprendizaje nunca termina. Cada nuevo proyecto, cada sesión de grabación y cada clase dictada es una oportunidad para aprender algo nuevo. Esta mentalidad de estudiante eterno es la que le permite mantenerse vigente en un mercado tan competitivo y cambiante, donde la capacidad de reinventarse es tan importante como la habilidad técnica sobre el instrumento.
Proyectos colectivos y visión cultural
Actualmente, el núcleo creativo de Molina se concentra en Metanoia en el desierto. La banda se encuentra finalizando su primer álbum de estudio con el trabajo del productor Víctor y el realizador audiovisual Iván. Franco describe el proyecto como un espacio que lo ha sacado de su zona de confort, rompiendo barreras de ego para construir una dinámica colectiva similar a la de un equipo de fútbol o una familia.
En paralelo, integra la banda Incesticide —tributo a Nirvana—. Esta búsqueda de superación se extiende al modelaje, disciplina que desarrolla bajo la guía de Claudia Lumovic, y al entrenamiento físico en el gimnasio. Para Molina, si bien la batería es su ámbito natural de comodidad, salir deliberadamente de ella en todas las áreas resulta indispensable para su crecimiento personal.
Como conocedor activo de la escena artística de Tandil, Franco destaca el crecimiento de la cultura local. Pese a las dificultades económicas, observa un incremento constante de salas de ensayo, bandas y fechas en espacios. Para él, el motor principal es el "hambre de creación" de los jóvenes. A su vez, valora a las bandas de covers como espacios de entrenamiento técnico y fuente de trabajo que sustentan el desarrollo de proyectos propios. La respuesta del público tandilense, asegura, es siempre receptiva y acompañante.
El futuro para Franco Molina se presenta como un lienzo en blanco, lleno de posibilidades y desafíos. Con la mirada puesta en la internacionalización de su música y la expansión de sus programas educativos, el baterista tandilense sigue adelante con la misma pasión que lo llevó a golpear aquel triciclo hace más de dos décadas. Su historia es un testimonio de que, con esfuerzo, formación y una visión clara, es posible convertir los sueños en una realidad tangible, dejando una huella imborrable en la cultura de su comunidad.
Responsable y coordinador de redes sociales en El Eco.