Laucha Villalba: el guitarrista que impulsa la escena musical independiente con siete proyectos en simultáneo
El guitarrista Laucha Villalba se convirtió en un pilar de la música independiente local. A través de una entrevista, el músico repasa su trayectoria, su presente en siete bandas como Plan Roma y su apuesta por la autogestión y la cultura argentina.
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En el ecosistema cultural de la ciudad, existen figuras que actúan como verdaderos motores de la movida independiente. No solo ejecutan un instrumento, sino que viven y respiran la música de su entorno. Uno de ellos es Laucha Villalba, un guitarrista cuya pasión y compromiso lo han llevado a integrar múltiples agrupaciones en simultáneo, consolidándose como una de las caras más activas de la escena contemporánea.
En una entrevista exclusiva, el músico recorre su historia: desde sus primeros acordes influenciados por Gustavo Cerati y David Gilmour, pasando por la mística del colegio y su banda de la adolescencia, hasta llegar a su presente con siete proyectos musicales y una firme filosofía de resistencia colectiva frente al individualismo.
De la vidriera a los escenarios
La relación de Laucha con la música nació mucho antes de que pudiera sostener una guitarra. De niño, sentarse frente a los parlantes cuando su familia ponía música ya representaba un acontecimiento trascendental. Aunque a los cinco años intentó estudiar piano, el interés se desvaneció pronto. Sin embargo, el verdadero "clic" ocurrió un año después, al quedar hipnotizado por una guitarra verde en una vidriera.
A esta fascinación visual se sumó un impacto sonoro decisivo: ver a Gustavo Cerati tocando "En la ciudad de la furia" en televisión. Aquella descarga de energía, sumada a la influencia de próceres como David Gilmour y Pappo, lo llevó a insistir durante un año hasta obtener su instrumento. Su formación formal comenzó a los seis años con Carlos Rebello, un histórico docente local con quien estudió de manera ininterrumpida durante siete años.
Rebello no solo le enseñó técnica, sino también la importancia de la autonomía. Justo antes de la pandemia, el maestro notó que Laucha solía esperar que él le resolviera las canciones, a pesar de su capacidad para sacarlas por cuenta propia. Con sabiduría pedagógica, decidió espaciar las clases para forzarlo a ganar independencia. Este proceso coincidió con su ingreso en 2017 a Polivalente, un entorno que resultó ser un gran estímulo creativo.
Un militante de la escena local
Laucha se define, con humor y orgullo, como un defensor acérrimo de la música de su ciudad y de Argentina. Para él, la identidad artística local es una bandera irrenunciable.
Al analizar la actualidad, el guitarrista se muestra optimista. Asegura que la escena local atraviesa su mejor momento desde 2017. Recuerda que entre 2022 y 2023 existía una queja generalizada sobre la falta de espacios, pero la situación experimentó un giro positivo y hoy existe una oferta diversa de salas. No obstante, advierte sobre los desafíos: la sostenibilidad de la oferta, la diversidad de géneros y la necesidad de cooperación.
"Juntos es mejor. Los placeres son con otros", afirma Laucha al reflexionar sobre la importancia de la sinergia entre bandas.
El multiverso de un músico mutante
Laucha es la antítesis del músico estático. Actualmente participa en siete proyectos musicales: cinco de carácter eléctrico y fijo, y dos en formato acústico. Aunque todos se estructuran bajo el paraguas de la canción pop, cada uno explora una identidad distinta. En Plan Roma, por ejemplo, destaca el juego creativo con el vocalista, definiéndose humorísticamente como "el perro y el gato" por sus intensas discusiones que enriquecen el resultado final.
Por otro lado, Lautaro Soto se inclina hacia el post-punk, mientras que Babel se enfoca en un pop rock directo. Odisea representa el sonido indie y pop alternativo, y su nuevo proyecto fusiona neo-soul, funk y pinceladas de jazz. "Mutar es lo que más me interesa como músico, no quedarme toda la vida tocando el mismo género", confiesa.
A pesar de su solvencia, admite lidiar con timidez y perfeccionismo al momento de componer letras propias. Sin embargo, gracias a las clases de canto, ha logrado canalizar su voz y perder el miedo escénico. Al mirar hacia el futuro, su meta ya no es la masividad, sino la autogestión y el disfrute del presente. "Hace dos años muchas de esas estrellas estaban lejos y hoy las tenés al lado. Disfrutemos lo que está sucediendo ahora, porque es bellísimo y no sabemos cuánto va a durar", concluye.
Responsable y coordinador de redes sociales en El Eco.