Tras grabar con Tiago PZK, José Alcobruni cerró una etapa y sale a buscar su propio camino
Bandoneonista, compositor y cantante de extensa trayectoria, atraviesa un momento bisagra en su carrera. El tandilense termina su primer disco íntegramente de canciones, una obra que condensa búsquedas, renuncias, aprendizajes y una certeza íntima: llegó la hora de hacer su propia música.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alcobruni.webp)
Hay trayectorias que no se explican sólo con un currículum, sino con imágenes que quedan grabadas como pequeñas revelaciones. En el caso de José Alcobruni, el músico tandilense que fue viral en los últimos días tras grabar con Tiago PZK, una de esas escenas ocurrió lejos de los grandes escenarios, cuando era apenas un adolescente y participaba de una gira con el coro estable de Tandil. Aquella noche durmió en un altillo desconocido, rodeado de cuadros y espejos, con la ansiedad propia de quien empieza a descubrir el mundo. A la mañana siguiente, en un día gris, se asomó a la ventana y se encontró con su reflejo. En ese instante entendió algo que lo marcaría para siempre: quería dedicarse a la música.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEsa imagen regresó muchos años después, en plena pandemia, cuando el parate obligado lo trajo nuevamente a Tandil y lo enfrentó a un escenario completamente distinto. Sin giras, sin shows y sin el ritmo vertiginoso de la actividad musical, el silencio abrió un espacio inesperado. Allí comenzó a tomar forma el disco que hoy está terminando de grabar. “Yo me di cuenta en ese momento que todo lo que venía haciendo, toda la experiencia que venía laburando, todo lo que venía estudiando, había sido como una preparación. Me había estado preparando para decir: bueno, ahora voy a hacer mi música”, explicó en diálogo con este medio.
Hasta llegar a ese punto, Alcobruni había construido una carrera sólida como sesionista. Su recorrido lo llevó a compartir escenarios con figuras como Nacha Guevara, Raúl Lavié, Rodolfo Mederos y Walter Ríos, entre muchos otros. Tocó en teatros emblemáticos, participó de grabaciones importantes y se consolidó dentro de un circuito profesional exigente. Sin embargo, incluso en ese contexto de crecimiento, comenzó a sentir que algo no terminaba de cerrar. “Estaba buenísimo todo eso, pero me empezó a pasar algo. Decía: me encanta estar acá, pero yo quiero hacer mi música”, recordó.
La sensación se volvió más nítida durante un festival en Mar del Plata, mientras acompañaba a Raúl Lavié. Desde el escenario, observando al cantante al frente, entendió con claridad lo que le estaba ocurriendo. “Quiero estar ahí, no quiero estar acá atrás”, se dijo. Esa incomodidad fue el punto de partida de un proceso que no fue inmediato, pero sí sostenido en el tiempo. Hace aproximadamente ocho años comenzó a gestarse la idea de volcarse de lleno a su proyecto personal, una decisión que terminó de concretarse hace poco más de dos.
El paso no fue sencillo. Implicó rechazar propuestas importantes y correrse, al menos parcialmente, de un lugar que ya tenía consolidado. “Entré hace más o menos dos años y pico, tres, y dije que no a varias cosas que me costó muchísimo rechazar”, contó. Entre esas oportunidades incluso estuvo una convocatoria de Nicolás Sorín, lo que dimensiona el nivel de las decisiones que tuvo que tomar. “Me di cuenta de que necesitaba frenar porque toda esa energía artística la estaba poniendo en el trabajo del otro y yo no tenía todavía mi proyecto consolidado”, agregó.
Ese tiempo de repliegue fue, en realidad, un período de construcción profunda. Hoy ese proceso se materializa en un disco de siete canciones que ya se encuentra en su etapa final. Luego vendrán la mezcla, el máster y el lanzamiento. “No quería que fuera un disco largo. Hay muchas canciones dando vueltas, muchísimas, pero estas siete cuentan un viaje, un proceso de transformación”, explicó. La palabra transformación aparece como un eje central de este trabajo, no sólo en lo musical, sino también en lo personal.
En ese recorrido reciente aparece también una experiencia que generó repercusión, especialmente en Tandil: su participación en una grabación junto a Tiago PZK. Para Alcobruni, el paso por ese universo fue tan enriquecedor como revelador. “Fue increíble, estoy muy agradecido por la convocatoria”, aseguró. Más allá del impacto que genera el nombre del artista, lo que más le llamó la atención fue la dinámica de trabajo. “Todos trabajan de una forma muy hermosa, muy fraternal. Son un grupo de profesionales que son amigos y trabajan de manera muy fluida”, describió.
La escena combinaba profesionalismo con una impronta generacional distinta. “Estaban grabando y de golpe frenaban, jugaban un rato a la Play, relajaban, tomaban mates. Es otra forma de laburo muy admirable”, señaló. Pero más allá de lo anecdótico, la experiencia le permitió reafirmar una idea que viene construyendo desde hace tiempo. “A veces, cuando voy conociendo más a estos artistas mega mainstream, hay algo. Es muy raro que no haya nada. Eso me da felicidad porque me parece que da la esperanza de que el arte sigue triunfando sobre el negocio puramente”, reflexionó.
En ese sentido, fue contundente al referirse al propio Tiago PZK: “Es talentoso, muy talentoso. No podés poner eso en juicio”. Para Alcobruni, el prejuicio sobre los artistas masivos muchas veces se sostiene desde el desconocimiento. “A veces uno piensa que están hechos o inventados, pero la mayoría de las veces que me tocó conocerlos son muy buenos. Hay inversión, claro, pero también hay trabajo real. Eso solo no alcanza”, explicó. Y habló desde su propia experiencia: “Estoy laburando con instrumentos que valen mucho dinero, con coaches vocales, con profes, con arreglos, viajes. Todo eso es parte, pero si no hay verdad, no pasa nada”.
En paralelo, su recorrido también empieza a tener un impacto en el ámbito local. La posibilidad de que un músico tandilense forme parte de producciones de alcance masivo genera identificación y abre nuevas perspectivas. “Si serví de inspiración para otros artistas, me pone refeliz”, dijo. Sin embargo, evitó cualquier mirada simplificada sobre el camino. “Hay que laburar. Las respuestas están en laburar”, remarcó.
Esa idea conecta directamente con una enseñanza que arrastra desde su juventud, cuando estudiaba con Rodolfo Mederos. “Me dijo algo que no me olvido nunca: para tocar en una orquesta tenés que ser buen tipo, tocar bien y ser responsable”, recordó. Con el tiempo, esa frase se convirtió en una guía. “Si hacés las cosas prolijas, sos buen tipo y hay coherencia entre lo que decís y lo que hacés, algo pasa”, sostuvo.
La noción de coherencia atraviesa también el nuevo disco, tanto en lo conceptual como en lo emocional. “Decir lo que decís y ser lo que hacés”, sintetizó. En ese marco, aparece La magia, una de las canciones más representativas del álbum, que recupera aquella escena de adolescencia y la conecta con el presente. “No quiero dejar de sentir esto”, canta, en una frase que resume la esencia del proyecto.
En el centro de todo, como hilo conductor, está el bandoneón. Un instrumento que lo cautivó desde chico y que terminó definiendo su identidad musical. “Mirá lo que es esto, es un bicharraco muy llamativo. A mí me cautivó, me enamoró”, contó. Sin embargo, aclara que antes del instrumento estuvo la música en sí misma: los cassettes de música clásica que escuchaba de chico, el tango, el folclore, el pop que sonaba en su casa. Todo eso se fue mezclando con el tiempo hasta desembocar en una síntesis propia. “Terminé haciendo canciones pop con el bandoneón”, destacó.
Hoy, con el disco a punto de salir, esa mezcla encuentra su forma definitiva. No se trata de un punto de llegada, sino de un nuevo comienzo. Después de años de acompañar a otros artistas, de aprender en cada escenario y de construir una identidad en silencio, José Alcobruni decidió dar un paso al frente. Y en ese movimiento, aquel reflejo de juventud vuelve a cobrar sentido. “La magia es tan real. Volvamos a soñar. Lo bueno siempre tarda un poco más”.
Lic. en Comunicación Social y periodista digital.