Monarca: la historia de un supermercado que creció al ritmo de Tandil
Durante casi cinco décadas, la empresa acompañó la vida cotidiana de los tandilenses y se convirtió en una de las marcas más reconocidas de la ciudad. La historia de un emprendimiento familiar que nació como una pequeña despensa de barrio y que creció sin perder su esencia: el trabajo, la cercanía con sus clientes y el compromiso de seguir apostando por Tandil.
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Hay marcas que trascienden la actividad comercial para convertirse en parte del paisaje cotidiano de una ciudad. En Tandil, Monarca es una de ellas. Para varias generaciones de tandilenses, comprar el pan de la tarde, elegir la carne para el asado del domingo o encontrarse con vecinos en alguna de sus sucursales forma parte de una rutina tan arraigada como caminar por la zona del Lago del Fuerte o subir al Parque Independencia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPero detrás de esa presencia cotidiana hay una historia que habla de trabajo, de esfuerzo familiar y, sobre todo, de una forma muy tandilense de construir identidad: crecer sin perder el vínculo con el lugar de origen.
Cuando Juan Carlos Bertolín y Esther del Río abrieron una pequeña despensa en la esquina de Doering y Lunghi, en 1977, difícilmente imaginaron que casi medio siglo después aquella apuesta se transformaría en una de las empresas privadas más importantes de la ciudad. Tenían poco más de 20 años, muchas ganas de trabajar y una convicción que todavía atraviesa la historia de la firma: apostar por Tandil.
