La maquinaria agrícola busca más eficiencia frente a la actual coyuntura de la Argentina
En una edición de Agroactiva marcada por el retorno del crédito y la necesidad de bajar costos operativos, la industria analiza el fin de la compra por especulación financiera y el nacimiento de una era basada en la eficiencia real de los procesos.
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El clima en los stands de maquinaria agrícola ya no es el mismo que hace un año. Si en ediciones anteriores el productor buscaba en los "fierros" un refugio para proteger su capital frente a la inflación mediante tasas negativas, hoy la lógica ha virado 180 grados. Con la aparición de nuevas líneas de crédito y una incipiente estabilidad, el sector ha pasado de la compra defensiva a la inversión técnica.
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Dietmar Rühe, presidente de CLAAS Argentina, y Reynaldo Postacchini, vicepresidente de la firma, coinciden en que este cambio de escenario obliga a mirar el "costo de uso" por encima del precio de lista. En un contexto donde los costos de la urea, los fertilizantes y el gasoil siguen siendo elevados, la tecnología ya no es un lujo, sino la única vía para sostener la rentabilidad.
Una de las tendencias más disruptivas es la transferencia de la inteligencia del operario al software de la máquina. El sistema CEMOS es el ejemplo más claro: actúa como el cerebro del tractor, interpretando la potencia necesaria y regulando automáticamente la caja de cambios y las revoluciones.
"Un buen operador puede igualar al sistema durante una hora; después de eso, la máquina le saca ventaja porque el operario se cansa de regular continuamente", explica Postacchini. Esta automatización permite que un tractor trabaje a 1.300 revoluciones en lugar de 1.800 cuando la carga lo permite, logrando un ahorro de combustible que puede alcanzar el diez por ciento.
Esta eficiencia se traduce en cifras concretas validadas por la plataforma CLAAS Connect: las máquinas de la marca están operando en todo el país, desde Salta hasta Bahía Blanca, con un consumo promedio de ocho litros por hectárea, una marca que se sitúa por debajo de los estándares habituales de la competencia.
Mantenimiento en tiempo real
La innovación en el segmento de picadoras, con el modelo Jaguar 960 (502 Green A) a la cabeza, introduce el auto-sharpening o auto-afilado. Históricamente, el afilado de las cuchillas dependía del "ojo" del maquinista. Hoy, un sensor en el rotor detecta cuándo el filo pierde su ángulo óptimo (lo que aumenta el esfuerzo del motor y el consumo de combustible) y ordena automáticamente el afilado.
A esto se suma el NIR de segunda generación, una tecnología que analiza en tiempo real la calidad nutricional del silo que se está procesando. Ya no se trata solo de cosechar volumen, sino de garantizar los nutrientes exactos para la producción de carne y leche, elevando el estándar de la cadena alimentaria argentina.
El despertar del NEA y el NOA
Un punto central del análisis de los directivos es el potencial desaprovechado de las regiones del norte argentino. "La ganadería en Argentina hace más de 50 años que duerme", afirma Postacchini, refiriéndose a la informalidad de un sector donde todavía se cierran negocios millonarios por teléfono basados únicamente en la confianza.
Sin embargo, regiones como Salta, Tucumán y el Chaco (Charata) están comenzando a demandar tecnología que antes era exclusiva de la zona núcleo. La introducción de la "línea verde" (segadoras, rastrillos de hasta 15 metros y arrolladoras de cámara variable) en estos mercados busca profesionalizar la producción de forraje. "No vendemos precio, vendemos tecnología; cuando el productor ve que puede colocar una pala frontal en dos minutos o que un tractor tiene la capacidad hidráulica para mover cualquier sembradora moderna, la decisión de inversión cambia", señalan desde la firma.
Una mirada regional
El análisis de Dietmar Rühe pone en perspectiva la situación local frente a otros mercados. Mientras que en Brasil el sector enfrenta una merma por el entorno político-financiero y altos gastos financieros, en Argentina existe un "nuevo ánimo de invertir" tras años de demanda deprimida.
A pesar de los desafíos internos, como el hecho de que un café en una estación de servicio argentina sea más caro que en el centro de Berlín -según observa Rühe con su perspectiva alemana-, la estabilidad cambiaria está permitiendo que el productor vuelva a preguntar: "¿Qué hace este tractor por mi negocio?" en lugar de "¿Qué tasa me da el banco?".
Personalización y futuro
La tendencia hacia el futuro no es la producción masiva, sino la adecuación técnica. CLAAS destaca que cada productor es una empresa con necesidades únicas: desde quien necesita una picadora con cabezales de 12 metros hasta mercados como el de México, donde las condiciones de riego exigen configuraciones de nueve metros para procesar 80 toneladas por hectárea.
En definitiva, la maquinaria agrícola ha dejado de ser un implemento de hierro para convertirse en una herramienta de gestión de datos.
El éxito en las próximas campañas no dependerá solo del clima, sino de la capacidad del productor para adoptar sistemas inteligentes que cuiden el recurso más caro de la operación: el combustible y el tiempo.
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