El crimen en una pensión de Tandil que comenzó con una pesadilla
La mujer acusaba a una joven de querer quitarle a su marido, aunque la supuesta relación solo aparecía en sus sueños. La noche del 3 de enero de 1964, la enfrentó y la mató de una puñalada.
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Separada de su marido y con un hijo, Olga O. M. formó pareja con Juan Antonio M. en Chile, su país natal. De esa unión nació una niña. Con muchas ilusiones y en busca de mejores horizontes, la familia emigró a la Argentina y se radicó en Tandil a principios de la década de 1960.
El hombre, de 24 años y once menos que ella, trabajaba en una cantera local. Con mucho esfuerzo, procuraba el sustento de su familia. En Tandil nació la segunda hija de la pareja. Sin embargo, la alegría por su llegada pronto dio paso a la tragedia. El hijo mayor de Olga, que tenía 13 años y ya había comenzado a trabajar en una cantera para aportar dinero al hogar, murió en un accidente laboral.
La pareja y sus dos pequeñas hijas quedaron en una situación de extrema pobreza. Vivían hacinados en una habitación de madera de dos por dos metros, ubicada en los fondos de la pensión que regenteaba Adela Olivera, en 4 de Abril 655, frente a la antigua Usina. Allí, otra tragedia sacudió a la familia.

