Cocinero de Tandil replantea los productos locales a través del fuego
Segundo paso del ciclo gastronómico donde la parrilla se convirtió en el lenguaje para narrar la identidad de Tandil.
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En una propuesta que unió la identidad serrana con la vanguardia culinaria, El Eco, junto a Cocinero de Tandil y Can Manresa, lanzó un ciclo donde los productos típicos de la región se transformaron en un menú de pasos diseñado íntegramente sobre las brasas. La iniciativa buscó contar la ciudad y su entorno a través de un viaje al interior profundo del territorio, utilizando el fuego como el hilo conductor de un relato que combinó tradición y técnica.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailBajo esta premisa, la parrilla dejó de ser simplemente una herramienta de cocción tradicional para convertirse en un lenguaje sofisticado. Para el cocinero Emilio Pardo, la propuesta consistió en explorar la nobleza del producto regional desde una perspectiva renovada.
El recorrido se inició con un tartar de chistorra, un plato que remitió directamente a la herencia vasca y a la fuerte impronta de la inmigración que marcó el desarrollo histórico y social de nuestra ciudad.
Este primer acercamiento sirvió como preámbulo para el momento central de la experiencia, donde la técnica del asado se puso al servicio de ingredientes seleccionados por su origen y calidad. La intención del equipo fue clara: cuando la materia prima es de excelencia, la labor de quien cocina debe centrarse en intervenirla en la justa medida, respetándola y potenciándola para llevarla un paso más allá de lo convencional.
En el corazón de la propuesta el matambrito de cerdo marinado asumió el protagonismo absoluto. Se trató de una de las carnes más emblemáticas de la producción tandilense, trabajada con una paciencia artesanal sobre las brasas para lograr una textura y un sabor que resaltaron las virtudes del sistema productivo regional.
A este corte principal lo acompañó una cuidadosa selección de complementos que buscaron equilibrar el plato. La mortadela con pistachos aportó una nota de distinción clásica, mientras que las gírgolas de producción local sumaron una profundidad terrosa que solo el cultivo en el entorno serrano puede ofrecer. Cada elemento pasó por el fuego, confirmando que la técnica de la brasa puede ser tan versátil como delicada si se aplica con precisión sobre productos frescos.
La frescura de la propuesta se completó con el uso de hinojo proveniente de las huertas agroecológicas de la zona. Este ingrediente no solo aportó un contraste necesario frente a la intensidad del cerdo, sino que también subrayó el compromiso de los organizadores con la sostenibilidad y el apoyo a los productores de cercanía. El resultado fue un plato que narró, en cada bocado, la riqueza de la tierra y el trabajo de quienes la habitan.
Mirá el plato realizado por Cocinero de Tandil
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