De Ángel Valiente Noailles a Miradores de Montecristo, una historia tandilense de tierra, proyecto y futuro
Esta es la crónica de una visión que nació entre chacras. Se convirtió en barrio y hoy vuelve a proyectarse en clave de sustentabilidad, comunidad y paisaje. Desde el legado urbanístico y humanista de Ángel Valiente Noailles hasta el presente de Miradores de Montecristo, Tandil revela una forma de habitar. Aquí, el progreso no compite con la naturaleza, sino que aprende a convivir con ella.
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Toda ciudad guarda en su paisaje historias que no siempre se cuentan. Sin embargo, estas siguen modelando su forma de crecer. En Tandil, una de esas historias comienza con la mirada de Ángel Valiente Noailles, un hombre que entendió la tierra no solo como superficie, sino como posibilidad. Su manera de pensar el territorio dejó una huella que todavía hoy dialoga con la forma en que la ciudad se proyecta.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSu recorrido personal se entrelazó con un momento histórico de transformación. Fue cuando la vivienda, el hábitat y el acceso a la tierra empezaban a adquirir un nuevo sentido social. En ese cruce entre época y convicción se fue gestando una visión particular. No se agotó en un proyecto. Se convirtió en una forma de mirar el urbanismo como construcción cultural.
Esa misma mirada vuelve a expresarse en nuevas experiencias. Ahora se adaptó a otros tiempos y otros lenguajes. Estas experiencias ponen al paisaje, la comunidad y la sustentabilidad en el centro. No funcionan como una ruptura con el pasado. Son una continuidad silenciosa de una idea que sigue encontrando maneras de habitar el futuro.
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“Tierra de inefable belleza”
Hay personas que no solo compran tierras, sino que las leen y las trabajan. Las recorren con los ojos de quien imagina lo que todavía no existe. Así era el doctor Ángel Valiente Noailles cuando caminaba entre chacras tandilenses. A mediados de la década del cuarenta, veía algo que para otros era apenas campo. Él veía calles, casas, familias y árboles creciendo junto a una comunidad.
En 1944 adquirió cuatro chacras en el sector serrano del ejido urbano de Tandil. Era una zona de lomadas suaves, abierta al paisaje y alejada del trazado consolidado. Por entonces, la Argentina atravesaba una transformación profunda. Eran tierras que miraban tanto hacia el centro urbano como hacia las primeras sierras. Se trataba de un territorio de transición entre lo rural y la expansión residencial.
En ese tiempo histórico, el primer peronismo impulsaba políticas de vivienda y créditos blandos. También fomentaba la reforma agraria y la industrialización del interior. El acceso a la propiedad dejaba de ser un privilegio. Comenzaba a convertirse en una posibilidad concreta para miles de trabajadores.
En ese clima de época, Valiente Noailles entendió que el urbanismo no podía ser solo negocio: debía ser proyecto social. Entonces, con ese espíritu, no se limitó a fraccionar terrenos. Lo que hizo fue diseñar personalmente los planos. Trazó las calles y pensó la orientación de los lotes. Construyó chalés modelo y ejecutó una red de agua corriente. Por su calidad, esa red todavía hoy sigue funcionando.
Durante años trabajó sin descanso. Invirtió sus recursos, su tiempo y su cuerpo. La historia de "Mi Valle" es la historia de la tenacidad del doctor Ángel Valiente Noailles. En un momento clave, supo combinar su capital, su intelecto y su fuerza de trabajo. Transformó cuatro chacras tandilenses en un legado urbanístico que perdura hasta el día de hoy.
Un soñador lleno de coherencia
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre culto y sensible. Era lector de filosofía y amante de la música. De hecho, era un gran pianista y fue el primero en tener un tocadiscos en Tandil. Fue un humanista que entendía que el progreso no era solo material. Tal vez por eso su proyecto llevaba una idea de armonía. Buscaba el equilibrio entre la casa y el paisaje.
También supo innovar en la manera de contar su sueño. Comprendió que un barrio no se vendía solo con planos y medidas. Se vendía con imágenes, sensaciones y futuro. Por eso invitaba a los interesados a viajar a Tandil en tren. Cubría los gastos como quien convoca a una experiencia más que a una operación inmobiliaria.
Los recibía en hoteles de la ciudad y los llevaba a recorrer las chacras. Les mostraba las calles trazadas sobre la tierra y los lotes abiertos al paisaje. Allí, entre lomadas y silencio, cada visitante podía imaginar su propia vida por venir. No era una estrategia comercial fría. Era una puesta en escena de su convicción. Él creía que el territorio debía ser vivido antes de ser comprado.
Valiente Noailles no ofrecía metros cuadrados, ofrecía pertenencia. No vendía lotes, ofrecía una manera de habitar. Los remates en el Prince George’s Hall de Buenos Aires reforzaban ese mensaje de seriedad y prestigio. Pero el verdadero valor del proyecto estaba en la coherencia profunda. Esa coherencia convirtió a "Mi Valle" en un barrio con identidad propia.
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Miradores a un futuro ya plantado
El tiempo pasó y quedó sembrada una semilla que décadas después volvería a brotar. Hoy, a pocos minutos del centro de Tandil, esa forma de pensar la tierra vuelve a expresarse. Se denomina “Miradores de Montecristo”. No aparece como ruptura, sino como continuidad silenciosa de una visión. Entiende al territorio como algo que se habita, no que se conquista. Es una manera contemporánea de crecer sin borrar.
El proyecto se apoya en una concepción integral. Allí el paisaje, la arquitectura y la vida comunitaria dialogan constantemente. Las decisiones técnicas y estéticas buscan respetar el entorno. Al mismo tiempo, intentan construir calidad de vida. Miradores no busca diferenciarse por contraste, sino por coherencia. Propone otro modo de habitar, más atento y más consciente.
Pero su rasgo más profundo es la comunidad que empieza a tomar forma. Son familias que no llegaron solo por un lote, sino por una idea compartida de futuro. Así, mientras el barrio todavía se construye, ya existe en los vínculos. Existe en las decisiones colectivas y en la sensación de pertenecer a algo que trasciende lo individual. Es como si aquella caminata de Ángel Valiente Noailles siguiera marcando el rumbo.
Miradores de Montecristo en cifras y conceptos
Ubicación: Tandil, a cinco minutos del centro, en entorno serrano.
Concepto: Primer barrio autosustentable de la ciudad.
Pilares: Sostenibilidad medioambiental, integración paisajística y comunidad.
Infraestructura ecológica: Energía solar fotovoltaica por lote, biodigestores para aguas grises y paneles SIP.
Diseño urbano: Calles con prioridad peatonal, corredores verdes y conservación del relieve natural.
Gobernanza: Asociación Civil de Vecinos.
Perfil de compradores: 80 por ciento atraídos por el concepto sustentable.
Visión: Demostrar que el desarrollo urbano puede ser consciente, armónico y humano.