De Suiza a Coronel Dorrego y de Túnez a Carlos Casares
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La historia futbolística de Gastón Rossi es llamativa por donde se la mire. Debutó en la Primera de Santamarina y dejó de jugar. Retomó con 23 años, probó suerte en Suiza, se lesionó en Túnez y encontró su lugar en Venezuela. Hizo goles en Grupo y Ferro, su mejor momento lo vivió en Coronel Dorrego y se despidió en alguna remota cancha de Carlos Casares.
Una trayectoria que vale la pena repasar: “debuté en Primera a los 17 años, en Santamarina, con Yiyo Conte de técnico y el Loco Pérez de ayudante de campo. Pero era chico, me gustaba la joda y dejé de jugar. Volví a los 23 años, en San Manuel, con Rubén Pose y un grupo de jugadores de acá: Caio Doyle, Daniel Perniola, Diego Pérez, Pericles Pérez y Cachi Ramil. Hice muchos goles y me llevó Grupo Universitario para el ’98. Ahí salimos campeones y fuimos al Argentino B. En ese año, se fueron Mariano Irurzun a Nueva Chicago y el Chispa Coldeira a Arsenal, los dos a la B Nacional”.
Tras haber quedado afuera a manos de Huracán de Tres Arroyos, entró en escena Roberto Bottino, el histórico dirigente del “Globo”: “Bottino lo llamó a Richard Zarini para llevarme a Huracán, pero yo a la semana me iba a Suiza. Ahí estuve veinte días, volví y me fui otra vez con Richard para firmar contrato. Como no se terminaba de hacer la operación y justo nos llaman del Stade Tunisien, me fui a Túnez. Llegué, entré en un amistoso contra el Friburgo de Alemania y le hice un gol de cabeza. Me fue bien en otro amistoso y en el siguiente me corté los ligamentos cruzados, justo cuando Richard estaba por viajar para firmar el contrato con Aarau. Cuando le conté por teléfono lo que había pasado, no lo podía creer”.
Tras una recuperación de apenas tres meses y medio (“me mataba en el gimnasio, estaba loco por volver”), llegó la oportunidad en Estudiantes de Mérida: “A Venezuela fui con Cristian Pérez, que venía de Boca. Llegamos, firmamos contrato y debuté a los tres días haciéndole un gol a El Nacional de Ecuador, por la Copa Merconorte. Nos había tocado la zona con las Chivas de Guadalajara y América de Cali, quedamos terceros y no clasificamos”.
Después, entre Grupo y dos préstamos como refuerzo en Ferro, la trayectoria de Rossi siguió en Tandil. A fuerza de goles, surgió la posibilidad de jugar en Ferroviario de Coronel Dorrego: “Ahí pasé los tres mejores años de mi carrera. Fue un equipo con muchos tandilenses, como Miguel Abad, Fabio López, el Cabezón Michel, Mariano Irurzun. Es un club que está por cumplir cien años y al que quiero mucho. Estando allá me fueron a buscar Alvarado de Mar del Plata, Liniers de Bahía Blanca y los dos de Punta Alta, Sporting y Rosario Puerto Belgrano. Me convenía quedarme en Dorrego, pagaban muy bien y había un nivel muy alto”.
Ya con 34 años, “decidí que no quería viajar más y dejé de jugar. Hasta que un día vino el Pipa Mourelos, que estaba atajando en Carlos Casares, en un club que había fundado su suegro y se llama Argentina ’78. Me insistió y fui, con 39 años y 115 kilos. Hice doce goles en catorce partidos, los pibes jugaban para mí. Al otro año me llevó Boca de Carlos Casares, estuve algunos partidos y me fue bien, pero me cansé de viajar y dejé”.
A la hora de repasar sus mayores virtudes, el “Loco” describe que “en mi mejor momento hacía diferencia en lo físico. Me entregaba al máximo en cada entrenamiento y tenía potencia. En algunos equipos me tocó arrancar de atrás, pero a la larga me terminaba ganando mi lugar”.
