“Vuelvo porque el boxeo me da una adrenalina que no encuentro en otro lado”
“La Cobrita” está listo para reaparecer. El sábado 23 se medirá con el uruguayo Severo en Unión y Progreso. Una charla a fondo con El Eco sobre ese combate y distintos tramos de su carrera.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/rueda_1.webp)
Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailfernandoizquierdo@hotmail.com
Matías Rueda tomó la decisión. Dejará atrás un intervalo que supera el año y medio y volverá al ruedo en el boxeo profesional, cuando el sábado 23, en el polideportivo de la Sociedad de Fomento Unión y Progreso mida fuerzas con el uruguayo Martín Severo.
“La Cobrita” no combate desde noviembre de 2024 (derrota en Canadá a manos del bielorruso Dzimitry Asanau), mientras que su última aparición en Tandil data de octubre del año previo, cuando doblegó en las tarjetas a Diego Chaves.
A días de volver a subirse de manera oficial al cuadrilátero, el otrora campeón latino, argentino y sudamericano visitó los estudios de Último Bondi (emitido de lunes a viernes de 18 a 20 por Tandil FM y Eco TV) y no dejó tema sin tocar.
Desde sus expectativas de cara al combate ante Severo, pasando por los “tira y afloja” con su familia en torno a su regreso a la actividad, sus derrotas en el exterior y lo apaleado del boxeo argentino en términos económicos:
-¿Cómo vivís estos días previos a tu regreso?
-Estoy contento, algo nervioso pero feliz por volver a hacer lo que me gusta.
-¿Qué te impulsó a retomar?
-El hecho de volver a hacer lo que me apasiona. El boxeo es algo que, después de 22 años de actividad, llevo adentro. En su momento, empecé a entrenar para perder un poco de peso. Me costaba verme al espejo con tantos kilos de más.
-Era fuerte verte así, cuando normalmente estabas en 57, 58 kilos…
-Tenía veinte por encima de mi peso habitual, es un montón. Me agitaba, me costaba ir en bicicleta hasta el trabajo. No me estaba cuidando, no sólo con las comidas, ni siquiera hacía actividad física. Empecé a ayudar a Maxi (Saporiti) con el guanteo, a sentirme bien y ahí me planteé hacer un par de pelas más.
De a poco, los entrenamientos fueron siendo más exigentes y empecé con la dieta. Fue progresivo, porque si hacía todo de golpe iba a abandonar rápido, no iba a aguantar. El profe Julio (Lester) empezó a agregarme turnos de entrenamiento y trabajo de pesas. Tuve claro que era algo paulatino, quizá un chico de 20 años puede progresar rápido, yo tengo 38, no soy un viejo, pero para esta actividad no soy joven. Surgió esta oportunidad, a partir de que (“Tati”) Vega quiso hacer un festival en Tandil, y me prendí.
-¿Cómo vas a llegar al 23?
-Creo que bien. Estuve guanteando con chicos jóvenes como Matías Lavayén, Maxi Saporiti e Isaías Ferrando. Los tres son mucho más pesados que yo, fui ganando en velocidad después de que, en los primeros guanteos, fuera bastante complejo para mí. Veía salir la mano pero nunca la veía llegar, había perdido esos reflejos que tenía hace cinco años, es algo natural. Con la experiencia, sabía llevar esos rounds. Con el paso de los sparrings y sumando minutos en el ring, empecé a sentirme mucho más cómodo y a ver los golpes antes de que lleguen, fueron cambiando mi velocidad y mis reflejos. Era normal que, después de tanta inactividad, me costara en algunos aspectos.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/rueda_2.webp)
-Debe generar entusiasmo ese progreso que vas experimentando a medida que sumás entrenamientos.
-Sí. Y algo que también hablo con Julio (Lester) es que no estoy presionado. Hago esto por mí, porque quiero. No tengo la presión de conseguir dinero ni de responderle a algún promotor, ni a la gente. Quizá el público me presione el día de la pelea, pero no tengo ninguna presión de hacer bien esto para dejar conforme a tal o cual persona. En esas conversaciones, Julio me dice que me ve más disciplinado que antes, y yo ya lo era, mucho. Pero que él hoy me vea más disciplinado que hace tres o cuatro años para mí es muchísimo.
-De hecho, para dar el peso hay que serlo.
-Seguro. Hoy estamos a varios días de la pelea y estoy a dos kilos de cumplir con la categoría. Antes, aún el día anterior al pesaje estaba a dos kilos.
-¿Tenés definido por cuántas peleas es este regreso?
-No, el tiempo dirá. Primero, hay que sortear este obstáculo, el del 23. Estoy ante una pelea que no es fácil, llevo mucho tiempo de inactividad. Mi rival, si bien viene de perder por nocaut, está activo. Va a ser una pelea competitiva y tengo que ganar. Si lo logro, quizá me entusiasme un poco más y quiera seguir. Nunca se sabe.
-¿Cómo venís entrenando?
-De lunes a sábado, entre cinco y seis horas por día. Y algún domingo salgo a trotar, porque me levanto muy temprano y me voy a correr para no molestar a mi mujer.
-¿Cuánto sabés de Martín Severo?
-No mucho. Cuando se acerque la pelea miraré algunos videos. Ahora, está ocupándose Julio de todo eso. Él es quien definirá qué tipo de pelea haremos. Tres o cuatro días antes de la pelea, voy a mirar un poco para ver qué velocidad y tipo de movimientos tiene, e hilvanarlo con todo lo que me diga Julio.
-A esa altura, no hay tiempo para cambios drásticos.
-Claro. Todos tenemos un patrón como boxeadores, yo me muevo igual en todas las peleas. Podré cambiar algún golpe o combinación.
-Pelear no es lo mismo que entrenar. ¿Tenés claro qué rendimiento tendrás en esta reaparición o es, incluso para vos, una incertidumbre?
-Estoy bien, por eso que te decía de que vengo entrenando con chicos mucho más pesados que yo y aguanto bien las manos. Está bien que los guantes son diferentes, la protección es otra, el entrenamiento es distinto respecto a una pelea y demás. Vengo aguantando los golpes y logrando mantener un ritmo.
-¿Qué marco imaginás para el 23?
-Ojalá que la gente me acompañe. No sé cómo estará el estadio, es una lotería, algo que no puedo saber de antemano. Tuve mucho tiempo de inactividad y estando lejos del ambiente.
-Eso también podría jugarte a favor, dado que se podría incrementar la expectativa.
-Puede ser. Aparte, es un festival con una cartelera muy linda. Hay varias peleas amateurs de muy buen nivel, lo mismo que las profesionales. Eso acompaña.
La interna en casa
-¿Cómo fuiste convenciendo a tu familia para volver a pelear?
-Están las dos (su mujer y su hija) totalmente en desacuerdo. En su momento, dejé de boxear por una petición de ellas. Siguen en desacuerdo. Un día, durante la comida, les dije que iba a volver a pelear. No fue una consulta, fue avisarles. Cuando quisieron ponerme un “pero”, les aclaré que no les estaba preguntando si podía, sino contándoles que lo haría. Les pedí una razón fundamentada para que no lo haga, y me dieron como cinco.
-Pero que no iban a hacerte cambiar de opinión.
-Ni en pedo. En la última pelea, no es que me vieron sufrir, pero sí notaron un corte que tuve, supongo que no estaban acostumbradas a ver eso. Tampoco me querían aguantar más el mal humor que tengo en esos días en los que estoy buscando dar el peso. Eso esta vez no pasa, porque falta mucho para el pesaje y estoy a dos kilos de la categoría. Y lo logré haciendo una vida normal, si tenía alguna fiesta iba y comía lo que tenía que comer. En otra época, directamente no iba para no tentarme. Las cosas cambiaron bastante. Hace unos días, mi mujer le dijo a una amiga que no iba a ir a mi pelea, y ahí pensé que estaba enojada en serio. Finalmente, cambió de idea y va a estar.
Tropiezos en el exterior
-Tus tres derrotas fueron en el exterior. Quitando la de Valdez, que está en otro nivel, ¿fueron peleas que significaron un grado de exigencia demasiado grande respecto a las que hacías en el país?
-Con Wilson, sostengo mi postura de que fue una pelea que no perdí. Sí me faltó una mayor calidad en las peleas previas a enfrentar a Valdez. Sin desmerecer, pasé de Paniagua a Óscar Valdez por un título del mundo. Después, en la previa a la pelea pasaron cosas que me resultaron desfavorables.
Con Wilson fue una pelea entre pareja y ganada. Por lo visto en el ring me la podrían haber dado a mí tranquilamente. Pero de antemano sabíamos las condiciones, fui a pelear sin promotor a un país complejo como Australia, de hecho hasta Manny Pacquiao lo sufrió cuando perdió con Horn.
Y con Asanau hay mucha diferencia de edad, tiene casi diez años menos que yo. Lo agarré en su apogeo, con una gran velocidad. Me pasó al revés cuando enfrenté a Tapia, él era un peleador formidable pero estaba “de vuelta” en ese momento, y yo venía en alza. Tengo claro, respecto a mis peleas, cuáles fueron “fáciles”, cuáles muy difíciles y cuáles de relleno.
-¿Si le ganabas a Dzmitry Asanau también te retirabas?
-No, tenía que seguir sí o sí porque había un contrato firmado en el que estaba obligado a darle una revancha. Él, al pertenecer a la empresa organizadora, no estaba obligado a pelear de nuevo conmigo habiéndome ganado.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/11/rueda.jpeg)
-¿Pensaste que perdiendo con Valdez se te había pasado el último tren para ser campeón mundial?
-No sé. Cuando cambié de promotor me prometieron el “oro y el moro”, y no peleé más lejos que en San Luis. Y no tuve rivales de gran jerarquía, más allá de que se me presentaron peleas muy difíciles, como la de Antín, habiendo dado yo 59 kilos y él 62.
Tuve algunas buenas peleas pero no me cumplieron nada de lo hablado.
Volver a casa
-¿Qué es lo que más te entusiasma de volver a pelear en Tandil?
-Lo que extraño del boxeo es esa adrenalina que siente cualquier deportista que compite. Y es algo que no lo podés conseguir en otro lado. Cuando mi mujer me pedía que deje de pelear, yo le respondía que me diera algo que me reemplace esa adrenalina. La podría tener si entro a robar un banco, pero termino preso.
El boxeo me da una adrenalina que no siento en otro ámbito. Está ese miedo, que no es hacia la otra persona porque, si no, uno no pelearía. Es el miedo al fracaso, a la vergüenza.
Después, en Tandil o afuera, yo no me enfoco en el entorno. Estoy pensando en mi rival, en ganarle de la forma que sea. Voy a hacer mi trabajo, me bajo del ring y me voy a mi casa. Y, al otro día, a entrenar.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2024/05/cobrita_rueda_hipico_25_05_24.jpeg)
-Pero cuando se viene abajo el estadio ante una trompada tuya de nocaut, algo te debe pasar.
-Seguro, hay cosas que percibo. También me acuerdo del silencio que se hizo cuando Tapia me volteó con un cruzado. Fue una locura. Esas sensaciones tampoco las tenés en otras actividades. Ni el apoyo del público que te sigue, te acompaña, está pendiente de cómo te va. Son cosas que no aparecen de un día para el otro.
Lo que viene
-¿Volver a ganar un cinturón está entre tus objetivos?
-No vuelvo a boxear por eso, sólo pienso en pelear. Fui campeón argentino en dos categorías, latino en tres y también me consagré a nivel sudamericano. ¿En qué me benefició?…en nada. Fue simbólico.
-¿Te interesa ser entrenador en el boxeo profesional?
-No, además no tengo la docencia. Considero que no cuento con todas las herramientas necesarias, puedo enseñar desde lo que aprendí. Tengo a cargo un grupo pero es recreativo, no tiene que ver con lo competitivo, que es algo que demanda mucho más tiempo. Los chicos de hoy no están preparados emocionalmente para afrontarlo, es un sacrificio muy grande. Si te decidís a meterte en el terreno competitivo, tenés que hacerlo bien.
Siempre entrené a conciencia, tomándomelo en serio. Entonces, estar a cargo de alguien que falta porque le duele un poco un tobillo…no da.
Coyuntura
-¿Cuál es tu reflexión sobre este momento crítico del boxeo argentino?
-Es algo que charlé con el último promotor que tuve. Él me contaba que en la Federación Argentina había registrados cien boxeadores de mi categoría. Si volvías al tiempo, los nombres eran otros pero seguían siendo cien boxeadores. La conclusión que yo saco es que prefieren laburar, porque si les dan peleas cada cuatro o cinco meses por 40 ó 50 mil pesos el round, obviamente que van a preferir irse a ser peones de albañil, donde ganan diez veces más, y se estropean menos.
-¿Cómo se soluciona?
-Deberían pagarnos mejor, la plata está, pero no está bien distribuida, estoy segurísimo.
En 2015, me llamó un productor de TyC Sports para ofrecerme una pelea contra Jonathan Barros. Le dije que quería enfrentarlo y le pregunté cuánto dinero había. Me respondió que lo que había siempre, 300 mil pesos. A mí me venían quedando 60 mil por cada pelea a diez rounds que hacía, es decir que quedaban dando vueltas 240 lucas. ¿Adónde iban a parar? Ahí está el negocio…
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/05/rueda_3.webp)