La tarjeta de crédito, cada vez más usada para cubrir gastos básicos: solo un tercio paga el total
Un relevamiento reveló que el 48,2% de los hogares con dificultades financieras tiene a la tarjeta como su principal deuda. Además, el 62,1% mantiene pagos atrasados y más de siete de cada diez debieron tomar una nueva deuda para cancelar otra.
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La tarjeta de crédito se convirtió en una herramienta cada vez más utilizada para afrontar gastos cotidianos entre los hogares argentinos que atraviesan dificultades financieras. Alimentos, vivienda y otras necesidades básicas aparecen detrás de buena parte del endeudamiento, en un escenario en el que apenas un tercio de los usuarios logra cancelar la totalidad del resumen.
Así surge de un relevamiento realizado por la consultora Inteligencia Analítica sobre un universo focalizado de 2.252 casos efectivos. El estudio indicó que el 48,2% de los consultados señaló a la tarjeta de crédito como su principal deuda, mientras que el 52,1% aseguró que se trata de la obligación a la que destina el mayor pago mensual.
Los números también evidenciaron las dificultades para cumplir con los compromisos asumidos. Actualmente, el 62,1% mantiene algún pago atrasado, mientras que el 77,2% reconoció que durante los últimos seis meses tuvo que recurrir a una nueva deuda para cancelar otra anterior.
De esta manera, el crédito dejó de aparecer exclusivamente como una alternativa para financiar compras de mayor valor y pasó a ocupar un lugar central en la economía cotidiana de numerosos hogares, tanto para cubrir gastos corrientes como para afrontar compromisos previamente contraídos.
En ese contexto, la forma en que los usuarios pagan los resúmenes de sus tarjetas constituye otro indicador de las dificultades financieras. Apenas el 36% logró cancelar la totalidad de su último resumen, mientras que el 27,6% abonó un monto superior al mínimo, pero inferior al total.
Por su parte, el 18,4% pagó solamente el mínimo y otro 11,8% ni siquiera alcanzó ese importe. Así, alrededor de tres de cada diez consultados quedaron por debajo del monto necesario para evitar o contener la financiación del saldo pendiente.
La situación representa un problema adicional porque los pagos parciales generan intereses sobre el saldo adeudado y pueden provocar que el costo de los consumos realizados con tarjeta aumente considerablemente con el paso de los meses.
El informe presentó una simulación para mostrar el impacto de esa dinámica. El ejemplo contempla una tarjeta con un límite de $2 millones, con consumos mensuales de $500.000 en un pago y otros $600.000 mediante compras financiadas en seis cuotas.
Si el usuario mantiene ese nivel de consumo y opta sistemáticamente por abonar solamente el mínimo, la deuda comienza a crecer rápidamente. En el segundo mes, el pago mínimo alcanza los $337.653 y en el tercero llega a $771.540.
Para el cuarto mes, la suma asciende a $1.102.369 y representa el 56% de la deuda. Hacia el sexto y séptimo mes, la relación entre el pago mínimo y el saldo adeudado se ubica aproximadamente en el 65%.
El relevamiento también puso el foco en otro fenómeno creciente: tomar deuda para pagar deuda. El 77,2% de los consultados reconoció haber recurrido a una nueva obligación para cancelar otra durante los últimos seis meses.
Dentro de ese universo, el 63,2% utilizó esa estrategia en más de una oportunidad, mientras que el 14% lo hizo una sola vez. En contrapartida, solamente el 21% afirmó no haber necesitado recurrir a una nueva deuda para cancelar compromisos anteriores durante ese período.
Los datos también muestran una relación entre esa práctica y la aparición de atrasos. Entre quienes no tomaron deuda para cancelar otra obligación, el 62,3% no registra pagos pendientes. En cambio, entre aquellos que recurrieron varias veces a ese mecanismo, la proporción de personas sin atrasos cae al 25,7%.
El escenario expuesto por el estudio refleja así un circuito de endeudamiento cada vez más difícil de interrumpir: la falta de ingresos suficientes para afrontar los gastos habituales lleva a recurrir al crédito, la acumulación de cuotas aumenta los compromisos mensuales y, posteriormente, obliga a buscar nuevas fuentes de financiamiento para cancelar obligaciones anteriores.
Como consecuencia, aumenta el nivel de endeudamiento de los hogares y también crece el riesgo de caer en mora, mientras la tarjeta de crédito adquiere un protagonismo cada vez mayor para sostener gastos que forman parte de la vida cotidiana.
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