Cómo transitar el duelo y acompañar a un ser querido en el proceso de pérdida
Un proceso emocional complejo que requiere paciencia, respeto por los tiempos individuales y una mirada atenta del entorno para evitar que la persona quede anclada en el dolor.
El duelo es una experiencia humana universal, un proceso emocional por el cual todos atravesamos o atravesaremos en algún momento de nuestras vidas.
Sin embargo, su abordaje suele estar rodeado de tabúes y presiones sociales que dificultan el camino hacia la sanación.
Así lo explicó la licenciada en Ciencias de la Familia, Mariel Fasola, durante su participación en Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1.
Según la especialista, “aunque el duelo es un proceso largo, es fundamental distinguir entre el tiempo necesario para sanar y la voluntad de no quedar estancado en el sufrimiento”.
Uno de los puntos centrales que destacó Fasola es la presión que ejerce el entorno sobre quien atraviesa una pérdida. “A menudo, la sociedad o la propia familia juzgan el comportamiento del doliente, exigiendo que retome su vida cotidiana con rapidez o, por el contrario, señalando si intenta retomar actividades sociales”, describió.
Además resaltó “que el juicio externo suele ser una carga adicional innecesaria para quien ya se encuentra en un estado de vulnerabilidad extrema”.
La neurociencia ha aportado luz sobre este fenómeno, explicando que cada individuo reacciona de manera distinta ante la muerte debido a las diferencias en el desarrollo cerebral, indicó la licenciada, y agregó que “ante el fallecimiento de un ser querido, el cerebro entra en un estado de shock, caracterizado por el miedo, la parálisis o el deseo de huir de la realidad”.
"Hay que tener mucha paciencia y ser muy delicados. Todo lo que se diga o cómo se diga impacta profundamente. Lo más importante es dejar que la persona se exprese, que llore y que saque su enojo. No hay que evitar sus emociones con frases hechas", enfatizó Fasola.
El rol del entorno familiar es, en este sentido, determinante. La licenciada sugirió que, “en lugar de intentar forzar una recuperación rápida, los allegados deben ofrecer ayuda práctica: encargarse de los trámites, colaborar con la alimentación o respetar la voluntad del doliente respecto a con quién desea comunicarse”.
Y en este punto, la licenciada apuntó que "a veces, la gente comete el error de competir por quién sufrió más o de minimizar el dolor ajeno con comentarios poco atinados. Es vital evitar esas actitudes y, en cambio, estar atentos a señales de alerta, como el descuido de la integridad física o el uso de mecanismos nocivos para bloquear el dolor", señaló.
Cuando el proceso de duelo se extiende demasiado y la persona parece haber perdido su propia vida junto con la del ser querido, es necesario considerar la intervención profesional, aconsejó. Fasola sugirió que, incluso antes de llevar al doliente a una consulta, un familiar puede acercarse a un especialista para recibir asesoramiento.
"Se puede hacer una consulta sin involucrar directamente a la persona, para saber qué herramientas utilizar, qué rasgos deben preocuparnos y cómo ayudar de la mejor manera sin invadir su espacio", explicó la licenciada.
Finalmente, la especialista destacó que “la resiliencia es una capacidad que se puede trabajar” y que “la espiritualidad suele jugar un rol fundamental en la reconstrucción del sentido de vida”.
El objetivo último del acompañamiento es lograr que la persona acepte la pérdida, restablezca el vínculo afectivo en su corazón y logre continuar su camino. "La vida continúa, pero el proceso es largo y requiere que sepamos estar presentes de la manera más adecuada, respetando siempre la singularidad de cada individuo en su dolor", concluyó Fasola.