La historia detrás de la Fiesta del Picapedrero en Tandil
El periodista y escritor Néstor Dipaola explicó el origen de la celebración que honra a los trabajadores de las canteras.
La ciudad de Tandil ha logrado consolidar en las últimas décadas un calendario de festejos que trasciende la tradicional Semana Santa, integrando celebraciones que ponen en valor la identidad local.
Entre ellas, la Fiesta del Picapedrero se ha posicionado como un evento de gran relevancia. Sin embargo, detrás de la música y la gastronomía, subyace una historia de esfuerzo y resistencia que Néstor Dipaola, periodista y escritor, rescató durante su participación en Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1.
“El origen de esta conmemoración no es azaroso”, refirió el periodista, quien explicó que el 6 de octubre de 1906 se fundó la Sociedad Unión Obreros de las Canteras de Tandil. “Este año se cumplen 120 años de aquel hito, una fecha que marca el nacimiento de una agremiación clave para los trabajadores que, por aquel entonces, ya conformaban un sector masivo en la región”, subrayó.
El escritor contó que “el auge de la actividad picapedrera estuvo estrechamente ligado a la llegada del ferrocarril en 1883, lo que permitió transportar el granito y los adoquines hacia diversos puntos del país”.
La piedra de Tandil, reconocida por su dureza excepcional, “fue el material elegido para el crecimiento urbano de ciudades como Buenos Aires, La Plata y Bahía Blanca, en el marco del modelo agroexportador que impulsó la construcción de grandes edificios y el adoquinado de calles”, detalló Dipaola.
No obstante, el crecimiento económico contrastaba con la dura realidad de los trabajadores. Dipaola recordó que, en zonas como Cerro Leones —el centro de mayor actividad canterista—, “los obreros enfrentaban condiciones laborales extremas. Muchos de ellos cobraban en plecas, una moneda interna que los obligaba a consumir exclusivamente en los almacenes de los dueños de las canteras, dentro de perímetros alambrados que restringían su libertad”.
La lucha por condiciones dignas fue constante y contó con figuras emblemáticas. El periodista destacó el rol de Ernesta Mosca, una tandilense nacida en 1890, a quien calificó como una heroína de la resistencia.
"Fue quien llamó a la lucha de forma vehemente", relató Dipaola, recordando “cómo las mujeres de la época se organizaban para impedir el ingreso de rompehuelgas, utilizando piedras y agua caliente para frenar los trenes que transportaban a quienes buscaban quebrar las medidas de fuerza”.
Además de las reivindicaciones salariales, los trabajadores enfrentaban graves riesgos físicos. “Las detonaciones con pólvora, realizadas sin medidas de seguridad, provocaban accidentes laborales frecuentes que derivaban en la pérdida de extremidades, sumado a las enfermedades pulmonares causadas por el polvo de piedra”, relató Dipaola.
Por eso, "pedían condiciones de trabajo que no fueran tan propensas a accidentarse", subrayó el escritor.
Para Dipaola, es fundamental que este tipo de celebraciones incluyan espacios de reflexión histórica. "Es una celebración importante dentro del marco de las muchas que los tandilenses han logrado instituir. Me parece importantísima desde la historia", afirmó, sugiriendo que los organizadores deberían integrar paneles informativos que expliquen el contexto de lucha que dio origen a la identidad picapedrera.
Finalmente, el entrevistado valoró la creatividad de la comunidad para generar estos encuentros, que no solo atraen al turismo, sino que refuerzan el sentido de pertenencia.
“La historia de los picapedreros, marcada por la dureza de la piedra y la tenacidad de quienes la extraían, sigue siendo un pilar fundamental para comprender el desarrollo de Tandil y el legado de sus trabajadores”, concluyó el periodista.