La importancia de la comunicación emocional y el valor del tiempo en la crianza de los hijos
En un mundo marcado por la inmediatez y la hiperconectividad, la licenciada en Ciencias de la Familia, Mariel Fasola, advirtió sobre la necesidad de priorizar la inteligencia emocional y el tiempo de calidad en el vínculo entre padres e hijos para fortalecer las relaciones desde la infancia.
En la actualidad, la dinámica familiar se enfrenta a desafíos complejos donde la tecnología y el ritmo acelerado de vida parecen haber desplazado el núcleo de la conexión humana.
Según explicó la licenciada en Ciencias de la Familia, Mariel Fasola, el pilar fundamental de cualquier vínculo, especialmente entre padres e hijos, reside en la comunicación emocional. “Lejos de limitarse a las conversaciones cotidianas sobre la rutina, se trata de la capacidad de abrir el corazón y comprender qué le sucede realmente al otro", enfatizó.
A pesar de contar con múltiples herramientas digitales para mantenernos conectados, Fasola sostiene que “la comunicación profunda es lo que está fallando. El celular, si bien puede acortar distancias físicas, a menudo se convierte en un obstáculo cuando estamos cerca, entorpeciendo el contacto visual y la escucha atenta”.
En Plataforma Magazine, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM, 104.1, la especialista indicó que “esta realidad nos obliga a reflexionar sobre los patrones de crianza que replicamos, muchas veces de manera automática, sin una intencionalidad clara sobre el tipo de vínculo que deseamos construir”.
El desafío de la crianza y los límites sanos
Uno de los puntos críticos que señala la especialista es la dificultad de muchos padres para establecer límites. “Existe una tendencia a evitar el conflicto o la corrección, lo cual puede derivar en una falta de orden y rutina”.
Fasola enfatizó que los límites sanos, aplicados con cariño, respeto y una autoridad real —sin necesidad de recurrir a la violencia o a los gritos—, “son indispensables para la formación de los niños. Un menor que crece sin estas guías puede enfrentar dificultades severas al integrarse en la sociedad, ya que el orden es una herramienta de cuidado y preparación para la vida adulta”.
La especialista destacó que “el ejemplo es la herramienta educativa más potente. Si los adultos viven bajo una constante autoexigencia y corren de un lado a otro, los hijos tenderán a repetir ese mismo comportamiento”.
Por ello, la reflexión sobre qué tipo de padres queremos ser y la revisión de nuestra propia historia familiar son pasos fundamentales para mejorar la calidad de la relación, apuntó.
La construcción del vínculo a través del tiempo
El valor del tiempo es, quizás, el recurso más escaso y, a la vez, el más necesario para los niños. Fasola advirtió que “si no se cultiva el hábito de la comunicación durante la infancia, la llegada de la adolescencia puede volverse un terreno hostil donde el diálogo se cierre”.
"Si no aprendimos a desarrollar ese tiempo, es muy difícil que después, en la época del adolescente, podamos llegar a él", señaló. La falta de este espacio compartido durante los primeros años puede generar una brecha difícil de cerrar más adelante.
La licenciada indicó que “es común que los padres confundan saber dónde están físicamente sus hijos con conocer su estado emocional”.
La especialista subrayó que conocer el paradero de un hijo a través de la tecnología no equivale a saber qué le preocupa o qué siente. La verdadera conexión requiere de espacios donde se pueda mirar a los ojos y escuchar con calma, sin la presión de un cronómetro. No se trata de breves minutos de atención, sino de una dedicación que permita la profundización del diálogo".
Como ejemplo de una paternidad profunda y respetuosa, Fasola mencionó la reciente carta de Lionel Messi hacia su padre, destacando “cómo el deportista valoraba la mirada y el acompañamiento constante de su progenitor. Este tipo de vínculos, basados en la presencia emocional, son el norte hacia el cual deberían apuntar las familias modernas”, manifestó.
Finalmente, la licenciada recordó que nunca es tarde para comenzar. “Aunque el ritmo de vida sea exigente, es imperativo realizar un cambio de prioridades. Si el tiempo dedicado a actividades externas supera al tiempo de calidad con los hijos, es necesario realizar ajustes. La infancia es una etapa que transcurre con rapidez, y la oportunidad de construir un vínculo sólido es un ejercicio diario que requiere voluntad, reflexión y, sobre todo, una presencia emocional genuina”.