Librerías independientes de Tandil se unen para evitar la derogación de la Ley del Libro
Representantes de diversos espacios literarios locales, entre ellos La Casa Azul, Alfa Librería, El Gato Nestalí y La Bullanga, se declararon en estado de alerta para defender la vigencia de la Ley 25.542, argumentando que su eliminación afectaría tanto a los comercios de cercanía como a la diversidad de autores y al acceso equitativo de los lectores.
En un contexto de incertidumbre para el sector cultural, Javier Valdés y Agustina Macaya, responsables de la librería La Casa Azul, explicaron la relevancia de la Ley 25.542, conocida como la “Ley de defensa del libro”. Según detallaron, esta normativa, vigente desde el año 2001, establece un precio único y fijo para cada ejemplar, determinado por la editorial o distribuidora. Este valor debe ser el mismo independientemente del punto de venta, ya sea una cadena de grandes dimensiones, una plataforma digital o una librería de barrio.
Valdés señaló que la iniciativa de unirse con otros espacios locales como Alfa Librería, El Gato Nestalí y La Bullanga surgió hace aproximadamente 25 días. El objetivo es sostener los lineamientos nacionales acordados por cámaras, fundaciones y asociaciones de escritores y editores. "Esta ley nos protege a nosotros como pequeños libreros, pero también protege al lector", afirmó el librero durante la entrevista.
La normativa utiliza el ISBN (International Standard Book Number) como identificador único de cada título, lo que garantiza que el precio sea uniforme. Los entrevistados enfatizaron que esta estructura no es un capricho del sector, sino una herramienta que permite la supervivencia de las librerías independientes frente a posibles prácticas de competencia desleal o monopolios que podrían surgir si se liberara el mercado.
El riesgo de la concentración y el impacto en el lector
Ante las voces que sugieren que la derogación de la ley permitiría bajar los precios de los libros, Agustina Macaya fue tajante al calificar esa postura como una "falacia". Para fundamentar su posición, los libreros citaron el caso de Inglaterra, donde la desregulación del mercado derivó en un aumento de precios superior a la inflación y en el cierre de gran parte de las librerías independientes tras la consolidación de grandes cadenas y plataformas digitales.
Macaya explicó que la ley actual garantiza una diversidad bibliográfica que el mercado masivo suele ignorar. "El libro tiene un tiempo, los autores tienen un tiempo, los editores tienen un tiempo que las grandes cadenas o los monopolios no tienen", sostuvo. Según los entrevistados, muchas de las figuras literarias más reconocidas hoy en día comenzaron su camino en editoriales pequeñas y librerías de cercanía, un ecosistema que permite que autores desconocidos puedan llegar eventualmente a un público más amplio.
La defensa de la ley también se centra en la democratización del acceso. Al evitar que las grandes plataformas impongan precios predatorios, se asegura que las librerías de barrio puedan seguir ofreciendo catálogos variados, permitiendo que el lector acceda a obras que no necesariamente son las que el mercado masivo busca imponer por volumen de ventas.
La realidad económica y la cadena de valor
Al ser consultados sobre el alto costo de los libros en relación con el poder adquisitivo actual, los libreros reconocieron que el producto es percibido como costoso, aunque aclararon que esto es un reflejo de la situación económica general del país. "Está caro como está caro vivir en Argentina; no es una excepción el libro al mundo en el que vivimos", señaló Macaya.
En cuanto a la composición del precio, los entrevistados desmitificaron la idea de que los libreros obtienen márgenes de ganancia excesivos. Explicaron que, en la cadena del libro, la librería recibe entre el 25 y el 30 por ciento del valor final, mientras que el autor percibe aproximadamente un 10 por ciento. El resto se distribuye entre imprentas, logística, editoriales y distribuidoras.
Finalmente, Javier Valdés destacó un factor crítico que afecta al sector: el monopolio del papel en Argentina. Según los referentes de La Casa Azul, este es un componente determinante en el costo de producción que escapa a las posibilidades de control de los libreros y editores. La lucha por la permanencia de la Ley 25.542 se presenta, entonces, como una medida necesaria para preservar la diversidad cultural y el trabajo de todos los eslabones que componen el ecosistema del libro en el país.