María Piñeiro: espiritualidad y acompañamiento al final de la vida
La psicóloga resaltó la importancia de acompañar con presencia y escucha a quienes atraviesan el final de la vida.
La psicóloga María Piñeiro profundizó sobre un tema que suele evitarse en la cotidianidad: la muerte y su vínculo ineludible con la espiritualidad. Lejos de reducir este concepto a una cuestión religiosa o dogmática, la especialista definió la espiritualidad como “nuestra naturaleza esencial”, aquella que nos permite conectar con una sensación de plenitud y trascendencia.
Piñeiro explicó que estas experiencias, que a menudo resultan difíciles de poner en palabras, surgen en momentos de conexión profunda con uno mismo, con otros o ante la inmensidad de la naturaleza. “Es esa sensación de bienestar que no sabes bien de dónde viene, pero que te sucede. Es sentirte parte de algo más grande que te trasciende”, señaló, subrayando que esta dimensión constituye un rasgo universal del ser humano y permanece intacta incluso frente a la enfermedad o el dolor físico.
El miedo a morir y la verdadera naturaleza humana
Uno de los ejes centrales del diálogo fue el temor a morir. Según la profesional, esta sensación disminuye cuando las personas logran conectar con aquella parte de sí mismas que no resulta alcanzada por las vicisitudes de la existencia. “Si te preguntan dónde está tu rodilla, la señalas. Pero si te preguntan desde dónde te das cuenta de todo eso, es difícil de responder. Esa es la presencia, eso es lo que somos y es lo que no está tocado por la enfermedad”, afirmó.
La licenciada en Psicología aclaró que, al atravesar el final de la existencia, es habitual transitar etapas de negación, miedo y pérdida de sentido. Sin embargo, el trabajo en cuidados paliativos permite que quien atraviesa ese proceso pueda reencontrarse con su verdadera naturaleza. “No estoy hablando de sostener una vida después de la muerte, eso depende de las creencias de cada uno, sino de otra dimensión de lo humano que todos tenemos”, agregó.
El valor del perdón y la presencia
Durante las etapas finales suele surgir la necesidad de agradecer, perdonar y pedir perdón. Piñeiro destacó que perdonarse a uno mismo resulta fundamental para alcanzar la paz espiritual. Esto implica aceptar los errores cometidos como parte de la condición humana y dejar de lado las exigencias de una sociedad que, muchas veces, establece expectativas demasiado altas sobre lo que cada individuo debería haber hecho con su existencia.
Al ser consultada sobre cómo acompañar a alguien durante el tramo final, la especialista fue contundente: “Necesita paz y necesita presencia. A veces no hay que hacer más, hay que poder permanecer en la incomodidad o en la tristeza”. Advirtió que, ante el deseo de aliviar el sufrimiento ajeno, los familiares suelen cometer el error de desesperarse o intentar evitar que el otro atraviese su proceso. “Sabemos estar, sabemos agarrar una mano; eso excede las palabras”, enfatizó.
La labor de Tandil Ciudad Compasiva
El trabajo que se realiza desde Tandil Ciudad Compasiva busca que la muerte deje de ser vista exclusivamente como un evento médico y pueda comprenderse como una experiencia humana que involucra a toda la comunidad. María Piñeiro remarcó que los cuidados paliativos no están destinados únicamente a los últimos momentos, sino también a quienes atraviesan enfermedades crónicas y limitantes. En ese sentido, señaló que todavía existe una brecha entre la necesidad de estos cuidados y el acceso efectivo a ellos.
Finalmente, la especialista se refirió al autocuidado de los profesionales de la salud, quienes mantienen un contacto permanente con el sufrimiento. Mencionó la “fatiga por compasión” como un desafío que requiere prácticas conscientes durante el ejercicio de la profesión. “Ser más humanos es ser más espirituales, y nuestra naturaleza tiende a la belleza, a la verdad y a la armonía”, concluyó, invitando a la comunidad a naturalizar estos procesos para vivir y acompañar con mayor plenitud.