Román González, el médico que aprendió a escuchar la voz de su corazón
Desde los 13 años supo que quería estudiar Medicina. Sin embargo, el camino lo llevó mucho más allá de los consultorios: vivió cinco años como hermano franciscano en Brasil, participó en misiones sanitarias en comunidades vulnerables de América y África y descubrió que su vocación también tenía una dimensión espiritual. Hoy, en Tandil, sigue guiándose por esa corazonada que, asegura, nunca pudo ignorar.
Hay decisiones que no siempre encuentran una explicación racional. Se sienten, insisten y, aunque el camino parezca poco convencional, terminan marcando un rumbo.
El doctor Román González construyó su historia escuchando esa voz interior que lo llevó a cuestionar lo establecido, dejar atrás certezas y descubrir que su manera de ejercer la medicina no podía limitarse al cuerpo. Una historia de vocación, entrega y humanidad, en la que aprender a escuchar el corazón fue también aprender a escuchar a los demás.
Una vocación que empezó temprano
Nacido y criado en Tandil, Román González supo desde los 13 años que quería estudiar Medicina. No había médicos en su familia ni una explicación precisa para aquella certeza. Su padre trabajaba como vendedor en obras sociales y su madre se dedicaba al hogar. Sin embargo, algo en su interior le señalaba ese camino.
Eligió la Escuela Técnica N.º 2, en la especialidad de Química, porque entendía que esos conocimientos podían ayudarlo a preparar el ingreso a Medicina. Aunque no quería alejarse de su ciudad, finalmente se fue a La Plata para estudiar y luego continuó su formación en Buenos Aires, donde realizó la residencia en el Instituto de Investigaciones Clínicas vinculado al Hospital de Clínicas.
Pero mientras avanzaba en su carrera, otra inquietud seguía presente. La Medicina le interesaba, aunque sentía que todavía había algo más que necesitaba descubrir, contó en el segmento Lado B del programa Plataforma Magazine que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1.
Cuando el corazón marca el rumbo
Después de completar su formación médica, González tomó una decisión que sorprendió a su entorno: viajó a Brasil para vivir una experiencia vocacional como hermano franciscano, dentro de una congregación religiosa dedicada al acompañamiento de personas en situación de calle y con problemas de adicciones.
Su acercamiento a la fe había comenzado mucho antes. Durante años fue profundizando una búsqueda espiritual que adquirió otro significado a partir de experiencias personales que lo movilizaron profundamente.
Una de ellas ocurrió en 2007, durante un viaje a Salta. Al intentar explicar lo que vivió, recurrió a una imagen que le permitió acercarse a una experiencia difícil de poner en palabras: “Fue como sentir dónde estaba el alma”, describió.
Aquello fortaleció una inquietud que llevaba tiempo acompañándolo y lo impulsó a comprometerse más profundamente con su búsqueda.
Cuando le preguntaron cómo había tomado decisiones que, desde afuera, podían parecer poco racionales, su respuesta fue contundente: “Yo siempre respeté mucho a todo lo que la gente pensaba, pero en general cuando tomaba decisiones, yo siempre sigo el corazón y no tengo miedo de arriesgarme”.
Para González, escuchar esa voz interior supone reconocer una conexión con la propia autenticidad y con la dimensión espiritual. Incluso cuando la razón no alcanza para comprender una decisión, hay algo que siente que no puede desoír.
En esa línea, agregó: “Yo estoy convencido que eso siempre es esa conexión con con el espíritu de uno. Cuando la voz del inconsciente, la voz del corazón, la corazonada, la presunción, como tantas cosas le dicen, es lo que me me hizo avanzar”.
Cinco años de servicio en Brasil y África
La búsqueda lo llevó a permanecer cinco años en Brasil, donde transitó por dos carismas franciscanos. En una primera etapa, trabajó con personas en situación de calle. Después se incorporó a una experiencia centrada en la salud, que le permitió poner sus conocimientos médicos al servicio de comunidades vulnerables.
Participó en misiones en cárceles y basureros, y fue coordinador de un barco hospital que recorría el Amazonas. En esos lugares, “la atención médica, los medicamentos y el trabajo de equipos profesionales llegaban a personas que tenían dificultades para acceder al sistema de salud”, relató.
Una de las experiencias más significativas fue “la misión Amor que cura, que reunía a médicos, enfermeros y odontólogos de diferentes lugares y creencias religiosas para atender a personas privadas de su libertad”. También participaron en misiones para asistir a migrantes venezolanos en la frontera entre Brasil y Venezuela. Más adelante, la experiencia se extendió a Uganda, en África.
En cada uno de esos destinos, González pudo integrar sus dos búsquedas: la Medicina y el servicio. No se trataba solamente de atender enfermedades, sino de acercarse a quienes atravesaban situaciones de extrema vulnerabilidad y ofrecer una respuesta concreta.
La humanidad detrás del médico
Durante la entrevista, los mensajes de pacientes, amigos y familiares permitieron conocer otra dimensión de su historia. Quienes lo conocen destacaron su calidez, su empatía y su disposición para acompañar a los demás.
Una paciente recordó que, en 2024, atravesó un problema de salud complejo y que el diagnóstico que recibió de González fue fundamental para iniciar el tratamiento. En su mensaje, destacó tanto su formación profesional como su humanidad y la confianza que transmite.
Su padre también expresó públicamente el orgullo que siente por su hijo. Más allá de sus logros profesionales, valoró su preocupación permanente por los demás y su compromiso para intentar resolver los problemas ajenos.
Al hablar de la Medicina y la espiritualidad, González coincidió en que ambas dimensiones no pueden separarse. “La atención de la salud implica mirar a la persona como un todo, sin reducirla únicamente a una enfermedad o a un síntoma”, afirmó.
Su recorrido muestra cómo una vocación puede transformarse y enriquecerse a partir de las experiencias, las preguntas y las decisiones que una persona se anima a tomar.
Desde aquella certeza adolescente de estudiar Medicina hasta las misiones sanitarias en lugares alejados, pasando por los años de búsqueda espiritual, González fue construyendo una manera propia de entender el servicio.
Hoy, en Tandil y nuevamente en el consultorio, conserva esa convicción que lo acompañó en los momentos decisivos de su vida: escuchar lo que siente, incluso cuando no puede explicarlo del todo.
Porque, en su historia, la corazonada no fue solamente una intuición. Fue la señal que lo impulsó a explorar otros caminos hasta descubrir cómo quería ejercer su profesión y qué lugar quería ocupar en la vida de los demás.