El Comedor Inmaculada Madre advirtió un fuerte aumento de la demanda
Viviana Blanc alertó que la asistencia al comedor se duplicó en pocos meses, pasando de 60 a más de 120 personas.
La situación social en Tandil refleja un escenario de creciente vulnerabilidad. Según relató Viviana Blanc en comunicación con La Mañana, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, el Comedor Inmaculada Madre ha experimentado un incremento sostenido en la demanda de asistencia desde mayo. Lo que comenzó con la atención de 60 personas, actualmente alcanza a 120 o 125 cada sábado.
Blanc explicó que el comedor, a diferencia de otras instituciones que trabajan por jurisdicciones barriales, recibe a cualquier persona que se encuentre en situación de necesidad. “El comedor nuestro es para todos los barrios”, señaló la referente, destacando que el impacto de la crisis económica llevó a muchas familias a buscar apoyo alimentario por primera vez o a retomar el contacto con la parroquia ante la imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas.
Historias detrás de la demanda
Más allá de la entrega de viandas, el espacio se convirtió en un punto de referencia para personas en situación de calle, entre ellas jóvenes de 22 y 23 años. “Algunos se fueron de la casa por problemas familiares y no tienen dónde ir”, detalló Blanc, quien además mencionó que allí pueden bañarse y acceder a elementos de higiene personal.
La referente subrayó la complejidad de estos casos, en los que muchas veces se combinan la falta de empleo, los conflictos familiares y la ausencia de un lugar seguro para pasar la noche.
La problemática atraviesa distintas edades. El comedor asiste tanto a jóvenes como a adultos mayores y, durante las últimas tres semanas, se observó un incremento de familias que llegan en busca de ayuda para parientes que migraron desde otras ciudades en busca de oportunidades, pero que al llegar no cuentan con recursos para alimentarse.
“Se vino el hijo de Buenos Aires con la nuera y cuatro hijos. Le di la habitación del fondo, pero no tengo comida para darle”, ejemplificó sobre uno de los casos recientes.
El rol fundamental de los voluntarios
El funcionamiento del espacio se sostiene gracias a una red de voluntarios y donantes que, según Blanc, son “la parte más importante” de la organización. La logística incluye tres equipos de cocina que se alternan cada sábado para garantizar la calidad y variedad de las viandas, que contienen carne, pan, fruta, leche, queso y huevo.
La entrega se realiza de manera equitativa, de modo que cada familia reciba la misma cantidad de alimentos según el número de integrantes. “A veces vienen mal y se van contentos porque alguien los escuchó. Eso es fundamental, la falta de escucha que hay entre nosotros”, expresó Viviana Blanc sobre la importancia del acompañamiento humano más allá de la comida.
Además de la asistencia alimentaria, el equipo trabaja junto a una trabajadora social para coordinar la entrega de ropa, muebles y acompañamiento en trámites administrativos. El objetivo, según explicó la referente, es que las personas puedan aprender a gestionar sus propios recursos, siempre bajo la premisa de no juzgar las historias de vida detrás de cada pedido de ayuda.
Preocupación por el futuro
Al ser consultada sobre el estado de ánimo del grupo ante este panorama, Blanc admitió que existe una profunda preocupación. “Jamás pensamos que lo que más entregamos fue en la pandemia y ahora estamos en más de la mitad de lo que entregamos en la pandemia, que eran 400 viandas”, comparó.
Asimismo, mencionó que el comedor integra una mesa de trabajo junto a otros espacios de la ciudad, donde se confirma que la alta demanda de asistencia es una constante en distintos barrios.
Quienes deseen colaborar pueden acercarse al Comedor Inmaculada Madre, ubicado en Alberdi 936, donde se encontraba la primera capilla del Carmen. La atención se realiza los sábados de 9 a 14. También es posible contactarse a través de sus redes sociales bajo el nombre “Comedor Inmaculada Madre”.
Viviana Blanc reiteró que toda ayuda es bienvenida, ya que la labor cotidiana depende exclusivamente de la solidaridad de la comunidad.