El sabor de Tandil en la costa: Franco Rotonda y su 16° temporada endulzando las playas de Claromecó
Desde la mítica Churrería Don Vicente, el emprendedor local relató su experiencia en una de las zonas balnearias más elegidas por los serranos, analizó la realidad del consumo veraniego y reveló cómo se recuperó de un grave accidente para poder estar presente este año en la arena.
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El distrito de Tres Arroyos, y específicamente la localidad de Claromecó, volvió a convertirse este verano en el epicentro de la actividad para Franco Rotonda. El responsable de la Churrería Don Vicente, un nombre que ya es marca registrada para los veraneantes, dialogó con La Mañana, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, donde repasó los desafíos de una temporada marcada por la inestabilidad climática y la fidelidad de los clientes.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCon 16 temporadas sobre sus espaldas, Rotonda se consolidó como el embajador del sabor tandilense en el litoral bonaerense. "Venimos con los altibajos del clima, pero hoy es un día hermoso de playa", comentó el comerciante, quien explicó que su rubro se ve favorecido tanto en los días de sol como en los nublados, aunque la dinámica de venta cambie drásticamente. Mientras que con buen tiempo la demanda se concentra en la playa a través de sus tres vendedores ambulantes, los días frescos el público se vuelca masivamente hacia el local fijo ubicado en la calle nueve, entre 26 y 28.
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Tradición y fidelidad frente al mar
La conexión entre Tandil y Claromecó es innegable, y Rotonda lo percibe diariamente. Según indicó, una gran cantidad de clientes provienen de nuestra ciudad, además de visitantes de Benito Juárez, Adolfo Gonzales Chaves y Buenos Aires. El clima es el gran regulador de la actividad: el viento sur puede despejar la playa en minutos, obligando a reconfigurar la estrategia de venta de forma constante.
Para Franco, el éxito de su propuesta radica en el equipo de trabajo que lo acompaña. Daniel, Pablo y Hugo, este último apodado cariñosamente como "Misterio", son los encargados de recorrer los paradores. El emprendedor destacó el carisma necesario para la venta ambulante y el "grito" característico que identifica a cada churrero, una técnica que suele dejar a los jóvenes sin voz durante los primeros días de enero.
Sabores que marcan tendencia
A la hora de hablar de gustos, la Churrería Don Vicente no se queda solo en el clásico de dulce de leche. Rotonda fue el impulsor del churro de roquefort en Claromecó hace más de una década, una innovación que hoy es buscada por los paladares más audaces. Además, la carta incluye opciones de Nutella, churros bañados en chocolate y los tradicionales azucarados.
En cuanto a la economía del verano, el churrero detalló que la docena de churros rellenos tiene un costo de 12.000 pesos. Sin embargo, mantienen una política de beneficios para incentivar el consumo: aquellos que se acercan al local y abonan en efectivo reciben 14 unidades por el precio de 12. "A los amigos y clientes de Tandil de siempre, por más que vengan con transferencia, siempre les hacemos alguna atención", añadió con el espíritu hospitalario que lo caracteriza.
El desafío de la crema pastelera en la playa
Un punto de consulta frecuente es la ausencia de churros con crema pastelera en la venta ambulante. Rotonda fue categórico al respecto: por una cuestión de seguridad alimentaria, prefieren no comercializarlos bajo el sol. A diferencia de las facturas, que tienen un proceso de doble cocción que "sella" la crema, en el churro se coloca en frío y, al contener leche y huevo, el riesgo de intoxicación por las altas temperaturas de la playa es elevado. "Es preferible no correr riesgos", sentenció.
Resiliencia y nuevos horizontes
La presencia de Franco en esta temporada fue casi un milagro. En octubre pasado, sufrió un accidente doméstico al caerse de una altura de seis metros, lo que le provocó la fractura de siete costillas. "Casi que no hacemos temporada; llegué acá y no podía ni estornudar del dolor", recordó. Afortunadamente, su recuperación avanzó positivamente y hoy puede cumplir con su labor diaria, apoyado por un empleado adicional que se sumó para colaborar con las tareas físicas más pesadas.
El futuro cercano de la familia Rotonda también está marcado por la felicidad, ya que Franco y su pareja, Belén, esperan para marzo el nacimiento de Benjamín, quien se sumará a Julián y Joaquín. Una vez terminada la licencia por paternidad y el descanso en la costa, el cronograma marca el regreso a las sierras: en abril, Franco volverá a Tandil para retomar la provisión de churros a las diversas panaderías de la ciudad, cerrando así un ciclo anual que une el campo con el mar.