Agua en múltiples formas, el viaje del mar a la lluvia que explica la vida y la crisis ambiental
Océanos, ríos, humedales y lluvias son partes de un mismo sistema en movimiento. Las diferencias entre agua de mar, agua dulce y agua de lluvia para dimensionar su valor ecológico, social y cultural en una coyuntura de cambio climático, crisis hídrica y necesidad de habitar el territorio con mayor conciencia. La situación de la cuenca del arroyo Langueyú y el Lago del Fuerte en el centro de los estudios locales.
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Aunque el 71 por ciento de la superficie terrestre está cubierta por agua, cerca del 97 por ciento es agua de mar. Solo alrededor del 2,5 por ciento es agua dulce y, de esa fracción, gran parte está congelada en glaciares o almacenada en acuíferos profundos. La porción disponible en ríos, lagos y humedales es mínima, pero sostiene de manera directa la vida humana, la producción de alimentos y los ecosistemas continentales.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa climatóloga argentina Inés Camilloni, investigadora del Conicet y docente de la UBA, ha explicado en reiteradas oportunidades que el cambio climático está intensificando el ciclo hidrológico. Esto significa que no solo cambian las temperaturas, sino también la forma en que el agua circula, ya que hay lluvias más intensas en menos tiempo, sequías más prolongadas y una mayor variabilidad que complica la gestión del agua dulce.
En ese contexto, mirar el agua como un sistema en movimiento, y no como compartimentos aislados, permite entender por qué lo que ocurre en el mar, en la atmósfera o en un humedal termina teniendo consecuencias también en la vida cotidiana de ciudades y comunidades del interior del país.
