El pulso del Tai Chi, cómo habitar el cuerpo y la naturaleza desde la quietud
Leandro Rearte, con más de dos décadas de práctica en disciplinas orientales, compartió su visión sobre cómo el movimiento consciente y la respiración profunda permiten armonizar el espíritu con los ciclos naturales, transformando la rutina diaria en un camino de sanación y presencia.
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En el vaivén constante de la modernidad, donde el tiempo parece escurrirse entre los dedos con la urgencia de lo inmediato, existen disciplinas que proponen un retorno al origen. Se trata de un diálogo silente con el propio cuerpo y el entorno.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLeandro Rearte dedica sus días a la práctica e instrucción del Tai Chi (Taiji Quan) y el Chi Kung (Qi Gong) desde hace 22 años. Los asume como una verdadera filosofía de vida que se amalgama con los ritmos de la naturaleza.
“En el Tai Chi existe una relación profunda con la imagen”, comenzó explicando al conversar con Hábitat y Conciencia. Contó que, para el practicante, cada movimiento es como el hilo de un cuento que se va tejiendo en el aire. “Al igual que cuando alguien escucha una historia y su mente construye un escenario, en esta disciplina la imagen conecta automáticamente los sentidos con la energía vital”, dijo. Además, aseguró que esa conexión es la que nos hace uno con el cosmos, permitiendo que se experimente algo similar a la eternidad.
