“Soy del parecer de mis ministros cuando mis ministros son de mi parecer”
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Catalina de Rusia. Emperatriz. 1729-1796
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa vida pública y privada de Catalina ha dado lugar a numerosas afirmaciones exageradas, muchas de las cuales han resultado falsas. Sin embargo, la realidad muestra a una emperatriz que disfrutó intensa y variadamente su vida amorosa. Con la misma intensidad, se dedicó a mejorar económica, política y socialmente la Rusia que le tocó gobernar. De tal modo, llevó a una nación —que no era su patria, pues había nacido en Prusia— a ocupar roles centrales en la Europa del siglo XVIII, sacándola del atraso y aislamiento de los siglos anteriores. Su educación fue acorde a su condición de miembro de un pequeño principado germano e incluyó una institutriz francesa y preparación para una boda conveniente. No obstante, su personalidad y, principalmente, su carácter hacían que la consideraran poco femenina. Podía manejar la espada con habilidad y competir con hombres en dicha destreza.
Un lejano parentesco con la realeza rusa y las circunstancias de la vida la llevaron a ser elegida como esposa del heredero del trono imperial. Allí fue donde desplegó su temperamento y emprendió un camino que la llevaría a lograr el afecto de su suegra y el del pueblo ruso, y, finalmente, a ser emperatriz. Se sometió a toda clase de sacrificios para aprender el idioma, hasta el punto de enfermarse gravemente, con riesgo para su vida. Cuando su madre le acercó un pastor, exclamó: 'No quiero a ningún luterano; quiero a mi padre ortodoxo'. Esto hizo que el afecto hacia ella y de quienes la conocían creciera aún más. Los rusos siempre han sido un pueblo religioso.
