El 9 la tiene atada
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Por Sergio López (*)
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La liga Senior de futbol de la ciudad reúne a una gran cantidad de equipos, lo que hace que el torneo sea tan largo que recorre, de punta a punta, casi todo el calendario. En esos potreros donde los veteranos despuntan el vicio de un profesionalismo frustrado, ocurrió un hecho muy recordado en tiempos en que el país se tensionaba al ritmo de cacerolas, saqueos y corralito.
El futbol Senior se había puesto bastante picante. Aunque siempre se dejaba todo en cada pelota, la fricción y la disputa física se imponía al “corazón y pases cortos”. Los jugadores descargaban cuestiones personales y problemas cotidianos. Los partidos tenían más expulsados y amonestados que lo habitual. Y algunas que otras intervenciones policiales empezaban a ser parte del paisaje frecuente del Senior.
La temporada 2001 – 2002 había estado complicada de principio a fin. Dos equipos profesaban una histórica rivalidad que derivó en hechos que ocurrieron, específicamente, fuera del campo de juego pero que nacieron dentro los márgenes que obligan las líneas de cal.
La rivalidad ya tenía antecedentes. Eran los dos equipos más fuertes del torneo. Por un lado “Banco del Lago” un equipo que, de los últimos 5 años, se había consagrado 2 veces campeón. Por el otro “Unión y Fuerza”, el último ganador que quería el bicampeonato.
Banco del Lago era un equipo nuevo. Tenía ese nombre por la institución bancaria que representaba, un pequeño banco local que había arrancado como una financiera poco trasparente y que había logrado dar el salto gracias a la jugosa especulación financiera que habilitaron los años ’90. Desde sus comienzos fue un equipo que demostró gran poderío. Con una base de jugadores de 40 a 45 años, ordenado, con gran conducta para el entrenamiento durante la semana y un buen campo de deportes.
La figura del equipo era Segundo Ramos, el arquero. Pilar fundamental en los 2 campeonatos que logró “Banco” en las temporadas 97 y 98. En su año de debut en el Senior atajó 6 penales de manera consecutiva.
El “uno” venia de un parate después de haber colgado los botines del profesionalismo y cargar con la responsabilidad de ser el gerente del banco. Tenía un físico grande y hacía valer muy bien su metro ochenta y nueve bajo los tres palos. Aparte de ser gran atajador de penales era un muy buen cortador de centros y se lo veía en gran forma a pesar de la edad. Nos recordaba al arquero italiano Stefano Tacconi, guardameta de la Juventus que se consagró campeón intercontinental contra Argentinos Jrs. en esa memorable final del año 1985 que se definió por penales. Segundo era el capitán del equipo y no por ser el gerente del banco, sino por sus actuaciones y la enorme personalidad que demostraba en los partidos donde se definía el campeonato.
“Unión y Fuerza” era uno de los equipos históricos de la liga. Con gran trayectoria, era de los más convocantes y el que más títulos había ganado desde que existía la Liga Senior. Cinco títulos en total y se encaminaba a llevarse el sexto en la temporada 2001-2002. Su figura era el delantero Simón Ruiz. El nueve goleador del equipo que en el último campeonato había marcado la friolera de 30 goles. Contaba para esa temporada con 44 años. Había sido jugador “Estación Quequén” y Gimnasia de Mendoza aunque su gran paso lo tuvo en Gimnasia y Tiro de Salta, donde no tuvo gran notoriedad ya que delante suyo se encontraba en su mejor momento el “Tigre” Amaya, un histórico del conjunto salteño. Era zurdo, de un remate potente desde cualquier sector del campo rival. Rápido para definir pero con una particularidad: no le gustaba patear los penales durante los partidos porque los consideraba una tarea fácil. Lo hacía solamente en las definiciones y, créanme, metió más de los que erró. Pateó en la Liga Senior seis penales y convirtió 5. El único que no entró se lo atajo Segundo Ramos. En su época de profesional había pateado 11 penales. Todos adentro.
Por su condición física, sus enormes rulos y por ser zurdo de pies y de ideología pero, sobre todo, por ser un gran goleador se lo comparaba con el delantero austriaco Toni Polster, de gran paso por el F.C Colonia de Alemania y el Sevilla de España.
En la temporada 99-00 ambos equipos se enfrentaron en la cancha. Era un domingo a la mañana en el estadio de la ciudad. El partido fue entretenido y disputado. El resultado favoreció a Banco del Lago 3 a 0 y la figura fue, sin ningún tipo de dudas para todos los que estuvieron en la cancha, el arquero Segundo Ramos. Esa victoria marcaba el camino al campeonato. No quedaban rivales que pudieran complicarle la consagración.
En el primer tiempo el arquero le saca un remate esquinado a Simón Ruiz. Un tiro excelente que no llegó a la red gracias a la reacción de Ramos que envió el rebote al costado no permitiendo que Unión y Fuerza convirtiera. Cerrando el primer tiempo Ramos sale a cortar un centro. Algunos entendieron que fue con la rodilla demasiado alta. Golpeoó a Ruiz en el área chica y el delantero cayó mal, lo que no le permitio salir a jugar el segundo tiempo. Algunos rumores indicaban que el delantero lo fue a buscar a Ramos luego del partido pero que el uno no ofreció ningún tipo de disculpas.
Para la temporada 00-01 la rivalidad estaba de manifiesto y era un hecho conocido por todos. En la quinta fecha Unión y Fuerza recibe de local a Banco del Lago. El partido comienza a las cuatro de la tarde. Era un otoño que recién arrancaba y pero aún traía los últimos calores del verano.
A los 15 minutos de iniciado el partido, en la primera jugada clara, Ramos le tapa una mano a mano a Ruiz. Enseguida, a los 20 minutos, un tiro libre a mano cambiada inolvidable. Pero a los 35’, luego de un córner en la zona muerta del área, Ruiz logra capitalizar un rebote que dio en el zaguero Guevara y con un tiro potente la coloca abajo, justo en la “ratonera”. Nada que hacer para el arquero que veía como su equipo caía parcialmente 1 a 0 frente a Unión y Fuerza.
El segundo tiempo comenzó friccionado. Solari, el volante creativo de Banco, habilitó de manera perfecta a Nápoli y el delantero, con un toque sutil, empató el marcador en un tanto para cada lado. A los 10 minutos del complemento el partido seguía luchado en la mitad de cancha. A los 23 minutos un saque largo del arquero de Unión lo deja solo al recién ingresado Prodan que desbordó y metió un centro para le entrada de Ruiz. El delantero le ganó en el anticipo al stoper e hizo estéril la volada de Ramos que no pudo impedir el 2 a 1. De ahí hasta el finalización hubo más fricción que futbol. A los 38 minutos con Unión y Fuerza replegado en su propio campo y con el conjunto bancario jugado al ataque, salió una contra con Prodan a la cabeza y, tirando una doble pared con Ruiz, éste quedó mano a mano con el guardameta a quien gambeteó tirándosela larga para su mejor perfil y estableciendo el 3 a 1 definitivo para Unión y Fuerza. Este cotejo marcó la diferencia en la tabla de posiciones hasta el final del campeonato que consagró a los de Ruiz. Por su parte, los de Banco del Lago arrastraron una racha negativa que implicó una derrota con el Marmol – que se salvó de la desafiliación – y con Ateneo y Gimnasia, que eran otros equipos que estaban en la pelea pero que pierden sus respectivos partidos, a priori ganables, y dejan así allanado el camino para que en la ante ultima fecha, y sin jugar, Unión y Fuerza, se consagre campeón.
Arranca la temporada 2001 – 2002. Los años más revulsivos de la historia del país y los más complicados duros de la Liga de fútbol Senior. Dos jugadores formaron parte uno de los momentos más trágicos en la dura situación que atravesaba la argentina. Simon Ruiz tenia junto a su hermano unas de las herrerías más conocida de la ciudad con larga trayectoria en el oficio. Todos los depósitos de dinero que se movían en el negocio iban a una cuenta corriente en el Banco del Lago.
El campeonato 01 – 02 estuvo dividido en 2 zonas. Los clásicos rivales no compartieron las zonas. En la Zona “A”, donde estaba Banco del Lago, ganó la zona de manera contundente de principio a fin. Su perseguidor fue Gimnasia. En el partido de esta zona entre Unión Agraria y Ateneo el partido tuvo serios incidentes que terminaron con cinco expulsados cuando el defensor central de Ateneo le dio un cabezazo al juez de línea por un offside claramente mal cobrado. El conjunto de Banco del Lago terminó invicto la zona y Segundo Ramos fue el arquero con la valla menos vencida de la primera parte del torneo.
Por la Zona “B” Unión y Fuerza terminó segundo detrás de Unidos de Latinoamérica. En esta zona hubo 25 expulsiones. El partido entre Malargüe frente a Quilmes no pudo completarse debido a una gran batalla campal entre los planteles. Inmediatamente que la policía intervino las diferencias entre ambos equipos desaparecieron y los todos los jugadores terminaron unidos peleándose contra los uniformados quienes tuvieron que llamar a refuerzos. Balas de goma, gases lacrimógenos y 15 detenidos, 10 de ellos jugadores, 4 de Quilmes y 6 de Malargüe.
Para la definición del torneo clasificaban los 2 primeros de cada zona y se jugaba todos contra todos. El partido entre Banco del Lago frente a Unión y Fuerza fue programado para el 9 de diciembre de 2001.
En la recta final del campeonato, Segundo Ramos no atajó dos de las cuatro fechas que se jugaron en el mes de noviembre. La labor bancaria lo tenía a mal traer. El país estaba en una crisis institucional gravísima y los bancos tendrían un papel preponderante en la conflictividad social.
Así las cosas, en noviembre Simón Ruiz había tenido una muy fuerte discusión con Ramos en las oficinas del Banco del Lago. Cuando el herrero fue a retirar el dinero de su cuenta corriente para pagar algunos insumos, el banco le extendió un fajo de Patacones, la cuasi moneda inventada para paliar la grave crisis económica que sumía a la más de la mitad de la Argentina en la pobreza.
El día 2 de diciembre, el Ministro de Economía de la Nación, Domingo Cavallo impone el corralito. Se restringía así la extracción de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorro para evitar el colapso bancario. La medida entró en vigencia el lunes 3 de diciembre. El partido entre Banco del Lago y Unión y Fuerza se jugaba el domingo 9 a las 10.30 de la mañana. El lugar fue la cancha de Unión Agraria.
Los martes y jueves entrenaba Banco en su campo de deportes. Ramos no pudo presentarse a entrenar ninguno de los dos días aunque avisó que jugaría el domingo ante el clásico rival.
Unión y Fuerza entrenaba los lunes y viernes en la cancha auxiliar, donde también entrenan las infantiles y las menores del club. A las siete y media de la tarde, cuando la mayoría había terminado sus actividades, Simón Ruiz fue a entrenar. Fue solamente el lunes y avisó que el domingo jugaba aunque el viernes no estaba para hacer el fútbol que habitualmente practicaba con los pibes de la 3ra del club.
El martes 4 de diciembre los hermanos Ruiz van al banco. Estaba repleto de gente. Se encuentran, por supuesto, con la imposibilidad de sacar su dinero de la cuenta corriente. Al día siguiente ambos vuelven al Banco. Mucha más gente que la jornada anterior. Estaba literalmente “hasta las manos”. Todo tipo de gente golpeando cacerolas en la puerta, personas comunes pintando con aerosol en las ventanas de la sucursal exigiendo que les devuelvan su dinero. Una vez adentro los hermanos piden hablar con el gerente de manera urgente. Su secretaria les da una reunión para el viernes 7 de diciembre a las 14.30, media hora antes que cierre el banco. Los hermanos Simón y Mariano Ruiz se despiden en la esquina. El clima estaba caldeado en la ciudad y se sentían los bombos de la Asociación de Trabajadores del Estado que, en la plaza, iban encolumnados para el palacio municipal.
El jueves por la tarde los hermanos deciden que a la reunión solamente va a ir Simón. Fue más una insistencia del delantero hacia su hermano que otra cosa.
A las dos de la tarde del viernes, el menor de los Ruiz sale de su casa hacia el banco. Dejó su auto a cuatro cuadras porque la calle central de la ciudad estaba cortada por una manifestación de jubilados. Rodea la protesta y se dirige al banco con la postura de quien está por patear un penal. Cabeza levantada y la mirada fija imaginando la concreción del gol. Así entró al banco hasta que se encontró con el personal de seguridad que lo detuvo y le preguntó a que sección se dirigía. Simón Ruiz fue seco: - A la oficina del gerente. Tengo una reunión a las 14.30, dijo. Faltaban 10 minutos. El guardia lo dejo pasar.
La secretaria de Segundo Ramos lo llamó puntualmente. Ruiz llevaba la indumentaria deportiva del Unión. El delantero se levanta y camina en la dirección que le indica la secretaria. Ella entra en una oficina anterior y Ruiz camina cuatro metros más e ingresa en la oficina del gerente. De frente se ve un impactante escritorio de cedro. Brillaba tanto como varios de los adornos de bronce. Las cortinas estaban cerradas. Al frente del escritorio, de brazos cruzados y casi con la misma presencia que impone bajo los 3 palos, Segundo Ramos.
Más tarde, la declaración de la secretaria despejaría las dudas y replicaría los gritos del gerente Ramos: - ¡El nueve la tiene atada! afirman que repetía el arquero de Banco.
Una granada m26, como las que se usaban en la guerra de Vietnam, rodó sin seguro al desatarse del cinturón del delantero unionista. Solo ellos dos, en un mano a mano fatal, pusieron punto final a una disputa futbolera en aquellos trágicos días de diciembre de 2001.
(*) Escritor y libre pensador tandilense