El bullying no termina cuando suena el timbre de la escuela
Lo que comienza en el aula puede continuar a través de WhatsApp, redes sociales o plataformas de videojuegos.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/bullying.webp)
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advirtió sobre las características cada vez más “híbridas” de las situaciones de violencia entre pares, debido a la continuidad entre el espacio físico y el digital.
Un conflicto que comienza en el aula puede amplificarse en las redes y modificar al día siguiente las relaciones dentro de la escuela. Los contenidos digitales, además, pueden llegar a cualquier hora, alcanzar nuevas audiencias y dejar una huella difícil de eliminar.
La magnitud del problema aparece reflejada en distintos relevamientos. Según las Pruebas Aprender 2023, en las que participaron 614.817 estudiantes de sexto grado de 19.272 escuelas estatales y privadas, rurales y urbanas, el 63 por ciento afirmó haber sufrido al menos una situación de agresión o violencia durante ese año, en la escuela o en las redes sociales.
El 56 por ciento dijo haber presenciado agresiones entre compañeros, el 34 por ciento reconoció haber agredido a otro estudiante y el 36 por ciento manifestó haberse sentido discriminado.
A su vez, la novena ronda de la Encuesta Rápida de Unicef Argentina indicó que la proporción de adolescentes de 13 a 17 años que reportó haber sufrido situaciones de acoso en su entorno pasó del 25 al 41 por ciento entre 2024 y 2025.
El 37 por ciento tenía al menos un compañero que había atravesado alguna situación de bullying en su escuela y el 14 por ciento afirmó haberlo sufrido personalmente.
La SAP aclaró que los relevamientos estudian poblaciones y fenómenos diferentes, por lo que sus porcentajes no son directamente comparables, aunque permiten dimensionar la presencia de distintas formas de violencia y acoso entre pares.
La doctora Silvina Pedrouzo, médica pediatra y especialista en Desarrollo Infantil, señaló a Noticias Argentinas que el bullying puede continuar fuera de la escuela y extenderse a las redes durante gran parte del día.
Con el acceso casi permanente al celular, el límite entre ambos espacios se vuelve cada vez más difuso y los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora, amplificando el impacto y el daño.
El doctor Sergio Snieg, médico pediatra e integrante del Comité de Pediatría Ambulatoria de la SAP, agregó que el mismo dispositivo utilizado para comunicarse con amigos puede convertirse en una vía permanente de hostigamiento y que lo que sucede en una pantalla puede producir sufrimiento y consecuencias concretas sobre la salud.
No toda pelea es bullying
El acoso escolar se caracteriza por la intención de causar daño, la repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que dificulta que la persona agredida pueda defenderse o poner fin a la situación. Puede manifestarse mediante violencia física, verbal o relacional.
Una agresión aislada tampoco debe ser desatendida: toda situación de violencia entre pares requiere la intervención de los adultos.
Minimizarla como una experiencia propia de la infancia o la adolescencia puede contribuir a que continúe o se agrave.
Tampoco existe un único perfil de quien ejerce el acoso. Puede tratarse de alumnos con problemas de conducta o de estudiantes integrados y con buen desempeño académico. El grupo de pares tiene un papel decisivo: quienes observan, alientan o participan pueden sostener la dinámica.
Qué cambia con el ciberbullying
En el ciberbullying, el hostigamiento intencional, reiterado y sistemático se traslada al entorno digital.
Puede incluir mensajes de odio, burlas, acecho, votaciones destinadas a humillar, perfiles falsos, suplantación de identidad, difusión no consentida de información privada, exclusión de grupos y manipulación de fotografías, videos o memes.
El documento también menciona el uso de herramientas de inteligencia artificial para potenciar la manipulación de contenidos.
Una publicación puede ser vista y compartida por una audiencia mucho mayor que la presente en un aula, permanecer en el ciberespacio y ser difícil de borrar. El anonimato mediante perfiles falsos o seudónimos agrega nuevas dificultades.
El doctor Juan Pablo Bria, integrante del Comité de Estudios Permanentes en Adolescencia de la SAP, sostuvo que una agresión digital no es menos real por ocurrir detrás de una pantalla.
Para quien la recibe, el impacto puede acompañarlo durante buena parte del día y generar un estado de alerta permanente. Por eso, los adultos no deben minimizar estas situaciones ni considerar que apagar el teléfono es suficiente: es necesario escuchar, contener y trabajar con la escuela, la familia y el grupo de pares.
Señales que pueden alertar a los adultos
Muchos chicos atraviesan estas situaciones en silencio. Una encuesta del Programa Convivencia Respetuosa entre Pares del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires, difundida en noviembre de 2024, encontró que el 66,2 por ciento de 1.380 adolescentes de 12 a 18 años de escuelas públicas y privadas había sido víctima o conocía a alguien que sufrió bullying.
El 77,2 por ciento de esas situaciones ocurría en el ámbito escolar y el 33,8 por ciento en redes sociales. Ante la pregunta sobre con quién hablaban cuando eran víctimas, el 24,4 por ciento respondió que con nadie.
El bullying y el ciberbullying pueden generar estrés crónico y manifestarse mediante cansancio, dolores de cabeza, dolor abdominal o vómitos.
También pueden aparecer alteraciones del sueño o la alimentación, dificultades de aprendizaje, caída del rendimiento escolar, pérdida de interés por actividades habituales, baja autoestima, cambios de ánimo y ansiedad.
En los casos más graves pueden aparecer aislamiento, depresión, ideaciones de muerte e intentos de suicidio.
Otras señales son regresar de la escuela con útiles o ropa dañados o lesiones de explicación poco clara; aislarse durante los recreos; refugiarse con frecuencia en el baño o la biblioteca; pedir un cambio de escuela sin motivos evidentes o quedar excluido de festejos, actividades y grupos. En el ciberbullying, algunos chicos pueden revisar compulsivamente el teléfono para comprobar si aparecieron nuevas agresiones.
Cómo intervenir ante una situación de acoso
La SAP desaconseja pedirle al niño o adolescente que enfrente por sí mismo a quien lo hostiga, que “se haga respetar” mediante la violencia o que devuelva la agresión.
Tampoco considera que el cambio de escuela sea una solución automática: si no se aborda la dinámica que permitió el acoso, el problema puede repetirse.
Ante el ciberbullying, se recomienda contener al niño o adolescente, rechazar cualquier idea de venganza, conservar las evidencias, bloquear y reportar los contenidos y coordinar acciones con la escuela y los adultos responsables.
El abordaje también debe incluir a quien ejerce la agresión y al grupo de pares, desde una perspectiva educativa y reparadora, sin volver a exponer a la víctima ni aumentar el riesgo de represalias.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil