El desafío de sostenerse sola económicamente hablando
La ficción tiene algo maravilloso: permite hablar de temas incómodos sin sentirnos expuestos.
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Por Doctora Cuentas*
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUn recorrido para pensarnos sin culpa, pero con mirada crítica. Analizamos tres series que pueden verse en plataformas de streaming, donde las protagonistas, todas arriba de los 38, enfrentan una misma pregunta: ¿cómo me sostengo sola económicamente? Trabajo, dinero, vínculos y decisiones que muchas veces se postergan… hasta que ya no queda otra. Les prometo no spoilear demasiado, por si no las vieron:
Morir de placer (basada en un podcast de un caso real), Somebody Somewhere (inspirada en la vida de la productora ejecutiva de la serie) y Sirenas (Sirens, basada en una obra de teatro).
En Morir de placer, la cosa va así: ante una situación de salud grave, ella decide sostenerse sola económicamente. Se muda, alquila, empieza a vivir por su cuenta. No tiene trabajo. Antes de eso, su fuente de ingresos era “acompañar al marido” en el negocio de él, sin cobrar un sueldo, claro está. En esta nueva etapa, se mantiene gracias a que puede cobrar por adelantado el seguro de retiro del matrimonio (su parte, por estar casada, ya que él era quien aportaba). Con eso se banca durante una equis cantidad de años.
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En Somebody Somewhere, ella empieza con algunos ahorros de trabajos anteriores. Está medio mal en su empleo actual, renuncia y se las rebusca con changas. Tampoco tiene muy claro qué le gusta o a qué se quiere dedicar. Se da un tiempo para “transitarlo”, pero la realidad es que las necesidades económicas la corren, y termina trabajando en un bar. En paralelo, administra la plata del cuidado de su madre y padre, mientras su hermana vive una realidad económica diametralmente opuesta. El tema del estilo de vida y el consumo aparece constantemente.
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Y por último, Sirenas. En este caso, lo económico parece estar resuelto desde el principio: una pareja multimillonaria, con problemas de toda índole, pero con todas las necesidades materiales cubiertas por varias generaciones. Hasta que ella —abogada que dejó de ejercer cuando se casó (¡red flag, amiga!)— empieza a revisar qué dice el acuerdo prenupcial. ¿Cómo quedaría si se separa? ¿Sin un peso y completamente afuera del mercado laboral? Parece que en el momento del casamiento, el enamoramiento tuvo efecto narcótico y no le permitió ver lo evidente. Diez años después, le cae la ficha… y bueno. La serie parece tranquila, pero en los dos últimos capítulos llega el tren bala y se revela todo. Hay un diálogo espectacular donde la protagonista ubica muy claro el sistema: “yo trabajo de esposa, y eso no tiene sueldo”. Además, hay un paseo muy bien logrado sobre los lugares comunes: al principio ella es “la loca, la mala, la sospechosa”, y él el relajado. En fin, mucho para sacar de esta serie. De las tres, en realidad.
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El gran tema es la invisibilización del manejo del dinero en la ficción femenina. Es interesante cómo, hasta hace no tanto (no crean que hablo del siglo pasado), en algunas series empezaron a dedicar unos minutos a retratar esta situación: una mujer adulta, protagonista, que de repente se queda sin plata. A veces porque perdió el trabajo, otras porque se separó. Y entonces, en medio de la urgencia, aparece la pregunta incómoda: ¿y ahora, sin dinero, qué hago? El tema recién emerge cuando ya no hay margen de maniobra. Todas enfrentan ese momento vital en el que se combinan preguntas existenciales con una urgencia económica. El dinero aparece como catalizador de decisiones. Entonces, no nos quedan más que preguntas… ¿Qué lugares comunes nos traen las ficciones para pensar? ¿Qué vacíos persisten?¿Por qué vamos a llegar a la adultez sin herramientas para gestionar una economía?
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Tímidamente empezamos a contar con referencias concretas de mujeres que ocupan otros lugares, en la realidad y en la ficción. Estas historias no son consejos financieros, pero sí disparadores valiosos. Para que todas nos pongamos a sacar cuentas y para hacernos preguntas incómodas a tiempo: ¿Qué tan propia es mi plata? ¿Qué tan propio es mi proyecto de vida? ¿Y si empiezo a ocuparme de esto y no espero a una crisis?
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* Soy Juliana Bertevello, también conocida como Doctora Cuentas®. Acompaño a personas y emprendedores a ordenar sus finanzas con claridad y realismo, para que puedan tomar decisiones con autonomía, proyectarse y vivir con mayor tranquilidad económica.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil