La mitad de los edificios que existirán en 2050 todavía está por construirse o renovarse
El crecimiento de las ciudades exigirá nuevas obras, pero también una transformación del parque edilicio existente.
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Buena parte de los edificios que estarán en uso en 2050 ya existe. Por eso, renovar y extender la vida útil del parque construido será tan importante como desarrollar nuevas obras.
En este escenario, los materiales y productos utilizados para reparar, restaurar y mejorar edificios empiezan a ocupar un lugar clave, no solo por sus prestaciones, sino también por su impacto ambiental y la huella de carbono que generan.
La construcción tiene por delante una paradoja: mientras el mundo necesita sumar millones de metros cuadrados para acompañar el crecimiento urbano, una parte muy importante de los edificios que estarán en uso en 2050 ya está construida.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), en las economías avanzadas alrededor del 80 por ciento del parque edilicio que existirá en 2050 ya fue construido.
Esto significa que el desafío de descarbonizar el sector no puede resolverse únicamente levantando edificios nuevos y más eficientes: también será necesario intervenir sobre los existentes.
A nivel global, la magnitud del desafío también es significativa. La IEA estima que aproximadamente dos tercios de la superficie edificada que existe actualmente seguirá en uso en 2040.
Al mismo tiempo, la superficie total de edificios a nivel mundial continúa creciendo y se proyecta que aumente un 75 por ciento en los próximos 30 años, con alrededor del 80 por ciento de ese crecimiento concentrado en economías emergentes y en desarrollo.
Los datos muestran así que habrá que construir mucho más, pero también transformar buena parte de lo que ya está construido.
Esto pone de relevancia una cuestión que durante mucho tiempo quedó en segundo plano: qué materiales se utilizan para construir y renovar esos edificios y cuánto impacto ambiental generan a lo largo de su vida útil.
El impacto de los materiales
El sector de edificios y construcción representa aproximadamente el 37 por ciento de las emisiones globales de CO2 y cerca del 50 por ciento de la extracción mundial de materiales, según los últimos datos difundidos por Naciones Unidas.
Por eso, reducir el impacto ambiental de los edificios no depende solamente de cómo funcionan una vez terminados, sino también de qué materiales se utilizaron para construirlos.
La discusión empieza entonces a desplazarse desde la eficiencia energética hacia una mirada más amplia, que contempla el impacto de los materiales desde su origen hasta el final de su vida útil.
En este contexto, la renovación adquiere un papel central. Según la IEA, en las economías avanzadas la tasa actual de renovación del parque edilicio es inferior al uno por ciento anual, mientras que para avanzar hacia un parque compatible con los objetivos de descarbonización debería superar el dos por ciento anual.
La agencia plantea como objetivo que para 2030 se haya llevado aproximadamente al 20 por ciento del parque existente a estándares compatibles con edificios de emisiones netas cero.
“Estos objetivos modifican también las decisiones de los desarrolladores. Ya no se trata solamente de preguntarse cuánto cuesta construir un edificio nuevo, sino qué conviene conservar, qué conviene renovar y qué soluciones permiten mejorar las prestaciones sin demoler y volver a construir desde cero. Y en ese proceso, medir el impacto ambiental de los materiales empieza a adquirir mayor relevancia”, destacó Maximiliano Sequeira, responsable de Capacitaciones Técnicas en Mapei Tour.
Una mirada que también alcanza a los fabricantes
La transformación también alcanza a los fabricantes de materiales, que están incorporando la sostenibilidad como uno de los ejes de innovación y desarrollo. Durante 2025, MAPEI adquirió compensaciones equivalentes a 430 mil toneladas de CO2, un volumen que se compara con aproximadamente 220 viajes alrededor del mundo en avión.
Además, los productos están totalmente compensados durante todo su ciclo de vida. La estrategia también alcanza a los envases, impulsando iniciativas para recuperar las bolsas de papel multicapa utilizadas en obra y reincorporarlas al circuito productivo.
El sistema contempla puntos de recolección, clasificación y posterior procesamiento para producir papel reciclado destinado a nuevos envases.
Para los desarrolladores, este cambio puede tener una consecuencia concreta, porque la sustentabilidad empieza a entrar en etapas como el presupuesto, la especificación y la compra de materiales.
Construir, renovar y medir
Si una gran parte de los edificios que estarán en uso en 2050 ya existe, la forma en que se los renueve será tan importante como la manera en que se construyan los nuevos.
Por eso, la construcción del futuro no será necesariamente la que utilice más tecnología ni la que tenga más certificaciones, sino la que pueda medir su impacto, comparar alternativas y tomar decisiones concretas para reducirlo.
Para los desarrolladores, esa información puede terminar teniendo un valor tan importante como el costo por metro cuadrado: porque conocer cuánto contamina una obra también empieza a ser parte de conocer cuánto vale.
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