Adiós a Jorge Pedro Castelnuovo, el primer arquitecto de Tandil
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Hombre sin actitudes solemnes, amigo sin aspavientos, vecino laborioso y cordial, lleno de la consideración y el respeto de todos, hundía sus raíces en una familia de vieja radicación tandilense, formada por inmigrantes vasco-italianos de los que provenían sus padres, María Irastorza y Pedro Pascual Castelnuovo. Había nacido el 20 de julio de 1927 y consciente que en el trabajo se forjan las voluntades capaces de alcanzar los más altos objetivos, desde chico anduvo caminos duros y difíciles. Como mayor de tres hermanos, comenzó desde niño ayudando a su padre en el célebre almacén de ramos generales y despacho de bebidas que fundó, denominando “Firpo”, en la tradicional esquina de 14 de Julio y 25 de Mayo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailRealizados los estudios primarios en el colegio San José, de donde egresó como Tenedor de Libros en 1942, poco tuvo en su juventud para la holgura. Luego de estudiar piano, ingresó previo examen a la escuela industrial Otto Krause, en Buenos Aires, de donde egresó en 1948 con el título de Maestro Mayor de Obras. Cuando en las vacaciones regresaba a Tandil, tocaba el piano en las orquestas típicas de Levy Gabison en la Confitería Paris y de Nigro en el Manantial de los Amores, para juntar algunos pesos. En marzo de 1949 decidió continuar sus estudios en la especialidad de Arquitectura en la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Rosario, de donde egresó en marzo de 1954 con el título de Arquitecto.
De regreso en Tandil en abril de ese año, tuvo el halago de ser el primer profesional de esa especialidad nativo de esta ciudad.
En agosto del año siguiente, viajó a Concordia (Entre Ríos), para contraer matrimonio con Ruth Elsa Massera, compañera de estudios, quien también había recibido su título de arquitecta en diciembre de 1954. De ahí en más, todo se fue tejiendo en ilusión y esperanza.
Enemigos ambos de la figuración pero amigos de las realizaciones, fueron juntos haciéndose camino en la vida, en el trabajo y en la lucha, honesta y laboriosa, humilde y empeñosa, llena de la satisfacción de cumplirla con seriedad y honradez. Con fe en el futuro, con optimismo y confianza en el día siguiente, laboriosos y luchadores, humildes y generosos, de probada calidad moral, fueron responsables ejecutores de delicados trabajos, adquiriendo durante años vasta experiencia en la tarea. Acicateada siempre por hacer cosas, sus figuras se fueron perfilando en el incansable hacer de todas las jornadas.
Dos años después, en marzo, siendo Comisionado Municipal Domingo Otero, se desempeñó Jorge como Director de Obras Públicas de la comuna, cargo que mantuvo hasta el 30 de abril de 1958.
En su actividad de arquitecto, por aquella época, recorría las obras en la bicicleta de su padre hasta mediados de 1967, cuando adquirió el primer auto usado, un Ford modelo 1937. Después –mayo de 1958- asesoró durante tres meses al Intendente Juan Roser Isaac en forma honoraria, para ingresar el 12 de octubre de 1963 como Secretario de Obras Públicas municipal, integrando el equipo de gobierno de José Emilio Lunghi, cargo que mantuvo hasta el 28 de junio de 1966.
Jorge Castelnuovo fue docente, además, de la cátedra de dibujo de la Escuela Técnica “Felipe Senillosa” por espacio de once años (desde marzo de 1958, renunciando en 1969). Electo Concejal en marzo de 1969 en representación de la Unión Cívica Radical, mantuvo el cargo hasta marzo de 1972.
Dedicado también a la actividad comercial, en sociedad con los hermanos José, Ramón y Pedro Solanilla, desde abril de 1971 hasta 2004, se dedicó a la comercialización de jugos de frutas. En 1973, asimismo, ingresó por concurso público al Banco Hipotecario Nacional, en el que trabajó como Sub-asesor técnico hasta 1987, año en que se jubiló. También se jubiló en setiembre de 1982 de la actividad profesional como Arquitecto, dentro de la Caja de Ingeniería.
El pasado 1° de Octubre, al cabo de 92 años de existencia fecunda, activa y dinámica, junto a su esposa Ruth, compañera de toda su vida, sus tres hijos -también profesionales- y dos nietos, nos dejó, Jorge Pedro Castelnuovo el rastro firme y vibrante de su paso. La herencia de su nombre, su conducta y su trabajo. Su esfuerzo dirigido, humilde pero incansable, para ser útil a los demás, con su espíritu noble y generoso. Su estampa de hombre serio, responsable, en el que se unían condiciones de caballerosidad, franqueza, inclinación generosa y rectitud de procederes, permanecerá. Por haber honrado a la profesión, por su ardorosa adhesión a la causa mutualista, por sus condiciones como funcionario laborioso y honesto, accesible y comprensivo. Por su alto concepto de la militancia partidaria desde la trinchera del radicalismo y como concejal electo por el pueblo. Por no haber sido indiferente a ninguna de las cosas de esta ciudad y el país, cuyo progreso exaltaba y su destino quería más luminoso.
