"Cada vez son más los que dejan porque no pueden costear la cuota"
Ante la creciente dificultad de los alumnos para costear las cuotas mensuales debido al contexto económico actual.
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La realidad económica que atraviesa el país ha impactado de lleno en las actividades recreativas y de salud. Ante este escenario, la profesora de pilates Gabriela Álvarez decidió tomar cartas en el asunto y lanzar una propuesta de cupos solidarios en sus estudios la cual se viralizó a través de las redes sociales.
La iniciativa busca mitigar el impacto de los aumentos de precios, permitiendo que aquellas personas que se vieron obligadas a abandonar la práctica por falta de presupuesto puedan retomar sus ejercicios.
La docente explicó que la decisión surgió tras notar una tendencia preocupante en la continuidad de sus alumnos. "Cada vez son más las alumnas que te dicen que dejan porque no pueden costear lo que sale una cuota. Siempre a lo largo de estos años que estoy trabajando, siempre he tenido alumnos becados, supongo que algunos gimnasios lo deben hacer igual, en silencio porque es algo muy privado", señaló Álvarez.
Según pudo saber este Diario, el valor mensual de dos clases semanales es de 53 mil pesos, y con esta nueva propuesta, se aplica un descuento de 20 mil pesos, dejando la cuota en 33 mil pesos.
Salud física y mental
La profesora destacó que el pilates no es solo una elección estética, sino una necesidad médica para muchas personas con patologías de columna o problemas posturales. Por esa razón, señaló que por más que la ciudad ofrece un circuito de plazas saludables, siempre es importante realizar la actividad con el acompañamiento de un profesional.
En este sentido, enfatizó la importancia de democratizar el acceso al ejercicio físico: "La idea es cobrar un poco menos, mucho menos de lo que realmente sale la cuota para que puedan seguir haciendo esta actividad física que es tan linda y también pensando un poco eso, viste, que no sea un lujo la actividad física, que todo el mundo la puede hacer porque a la gente le cuesta un montón, cada vez más".
Al ser consultada sobre cómo logra sostener esta iniciativa sin descuidar los costos operativos de sus tres estudios, Álvarez aclaró que, afortunadamente, el nivel de concurrencia le permite ser flexible.
"No me cuesta nada ser un poco solidaria y más en este momento de que la gente la está pasando mal, que realmente te das cuenta que no tienen ni para pagar un alquiler, a veces ni para comer o usan tarjeta para comer. Conozco mucha gente que le surge un imprevisto, se le rompió el auto y deja pilates. Entonces, la verdad que cada vez que leo esos mensajes me pone mal, me pone triste y se me ocurrió eso", explicó.
La reacción de la sociedad
La respuesta de la comunidad no se hizo esperar y la noticia se viralizó rápidamente. A pesar de la alta demanda, la profesora confirmó que aún hay disponibilidad para quienes necesiten sumarse bajo esta modalidad. "Todavía hay cupos porque me deben haber escrito 10 personas hasta ahora y pensaba en 10 más por lo menos o capaz que un poquito más, pero por suerte nos va bien y podemos sostenerlo", afirmó.
Más allá de los beneficios físicos, Álvarez puso el foco en el valor social de sus clases. La profesora lamentó que existan prejuicios que alejan a las personas de los espacios deportivos, como el miedo a no tener la ropa adecuada o no poseer un cuerpo hegemónico. "La parte social es recontraimportante. Se terminan haciendo grupos, se terminan ayudando entre ellas. Es como que se arma tipo una comunidad", describió.
Finalmente, destacó la diversidad de su alumnado, que hoy incluye desde jóvenes de 12 años hasta adultos mayores de 90, rompiendo con el estigma de que el pilates es una disciplina exclusiva para un sector determinado de la población.
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