Cerró “La Vieja Romería” el bar cultural donde el folklore, el tango y otras artes tenían su hogar
Fue creado gracias a una suma de voluntades, entre músicos, hacedores culturales y oros, para canalizar esa necesidad de tener “un lugar donde tocar”. El año pasado resistió gracias al apoyo de la Unicén y los incondicionales de siempre, pero no resistió. Su dueño dijo que la ayuda del Estado fue tardía y no permitió usarla en lo que más necesitaban. “Hay que saber acompañar a la cultura, identidad de la ciudad¨.
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Ubicada en Rodríguez 348, La Vieja Romería se había convertido en el caluroso hogar de una gran gama de artistas locales, donde simplemente llamaban por teléfono y sabían que, más temprano que tarde, podrían acceder a una fecha para tocar, dar un curso, brindar su espectáculo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHace unos poquísimos días, su dueño, Guillermo “Crespo” Irigoyen, confirmó a través de las redes sociales la agonía del bar, por no poder sostenerse, por no soportar los devenires de la pandemia, y por no contar con el acompañamiento a tiempo para evitar el final, sumándose a la lista de los que debieron bajar persianas.
“Hola estimadísimos peñeros y amigos de aquí y allá, estas situaciones pandémicas restrictivas nos han llevado a una situación lógica de que el espacio no sea autosustentable. Tal vez sea el momento de hacer una pausa y esperar que esta tormenta termine de una vez (…) Ojalá que más adelante podamos encontrarnos todos en un lugar que nos cobije a los que verdaderamente necesitamos de estos espacios”, escribió Crespo.
En conversación con El Eco de Tandil, consideró importante recalcar que es el deseo personal y de la comunidad cultural que solo sea temporal. Aunque advirtió que para volver necesitarán “indudablemente” un acompañamiento del Estado.
Por el momento, los pisos guardarán los contrapasos y el dos por cuatro del tango, las paredes las añoranzas del folklore y las mesas el sin fin de historias que sobre ella se derramaron a lo largo de estos casi cuatro años.
Saber acompañar a la cultura
Según señaló Irigoyen, el desenlace se termina dando por “la suma de todo”, sin embargo enfatizó que en el contexto pandémico accedieron a los tardíos subsidios desde Provincia y Municipio, sin el permiso de utilizarlos para saldar deudas en servicios como gas y luz o alquiler “que fue lo primordial que uno trato de mantener, metiéndose en moratorias o pactando con los propietarios una rebaja y reacomodamiento cuando mejore la situación”.
Lo peor, dijo, fue el exceso de trámites administrativos que transformaron lo que en un principio sería una ayuda en “otro dolor de cabeza sumado a los que venís acumulando”.
El dueño reconoció que desde el momento de la apertura se hicieron los trámites correspondientes buscando cumplir con todo, pero que “la burocracia excedió todo”. “Hay que saber acompañar lo cultural, porque sin desmerecer ningún negocio de emprendimiento de la ciudad, lo intangible y cultural siempre pasa a ser lo mas golpeado, sea económicamente o hasta de la no facilitación de los medios y articulación de Habilitaciones, Cultura, Turismo y otros”, reflexionó.
Por esto insistió en que de ser posible la reapertura, deberá ser con acompañamiento de los Gobiernos, más en este contexto de del Covid-19 y restricciones que no permiten planificar.
De hecho señaló que tanto en Tandil como en otro lados, hay precedentes de que el Estado acompañe propuestas de base cultural y sus géneros, más si corresponden a la identidad de la ciudad, como la folklórica o de tango, “con la historia riquísima que posee la ciudad al respecto”
En este sentido, manifestó que “es sumarse, ver el futuro y poner la mirada en el Bicentenario, revalorizando la identidad de nuestra sociedad”. Y en La Vieja Romería se concentraba esa identidad, música, peña, milonga, teatro y más géneros imaginables cobraban vida aun con “políticas culturales inexistentes al grado de desconocer lugares como el nuestro, que no son iguales a otros”.
Por otro lado dejó en claro que la Unicén, desde el área de Cultura, les brindó el apoyo inmediato en 2020 haciéndose eco de las dificultades que estaban atravesando, para asegurar el mantenimiento del lugar y en el corto plazo posible poder reabrir sus puertas, y de esta forma ser parte de los pocos que en plena pandemia pudieran desarrollar labores artísticas al sector.
Un lugar para tocar
“Para un músico que, caminando varias latitudes del país colgando sus instrumentos, fue visualizando y participando en este tipo de emprendimientos, es muy doloroso”, dijo sobre el cierre Crespo, que es reconocido por sus habilidades con el charango.
Aunque el mayor dolor, dijo, es ver que en la propia ciudad cueste tanto el acompañamiento, “la empatía de los entes estatales correspondientes”, que a su parecer no deja de ser mas que una devolución de los conocimientos y experiencias hacia la comunidad cultural que uno va adquiriendo al regentear estos espacios.
Aseveró que para la gente de la cultura “es terrible que se repita esta situación” , refiriéndose a los que de alguna u otra forma encontraron cobijo e integración artística a sus diferentes propuestas en Rodríguez 348.
“El impacto económico, es para el espacio, artistas, trabajadores dentro y fuera del recinto”, explicó.
La idea era cumplir este año el 4to. Aniversario de músicas en viejas y nuevas generaciones que el espacio fue conociendo en su transitar, cumpliendo la premisa desde los difíciles comienzos que era colaborar en la apertura de “un lugar para tocar”, ya que recordó que los habituales del momento por cuestiones varias dejaban afuera a un cúmulo de propuestas que requerían necesariamente de un recinto como el que allí supieron concebir “entre todos los actores necesarios.
“Esa amalgama fue fundamental para lograr este vínculo tan sanguíneo en algunos casos donde el cultor de su arte comulga con las formas de preservar nuestra cultura toda”, reconoció Guillermo Irigoyen, soñando con que sea una pausa y sabiendo que esos que lo hicieron posible, aún hoy son los incondicionales.
