Un recorrido punta a punta por Darragueira, la calle más larga de Tandil
Entre silos, escuelas, un arroyo y el Hipódromo, el trayecto revela paisajes y espacios de la vida barrial. Una postal de la vida productiva y cotidiana de la ciudad
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Para conocer Darragueira hay que recorrerla. Su nombre aparece en las direcciones de viviendas, talleres, comercios e instituciones, pero seguirla de un extremo al otro permite descubrir cómo cambia el paisaje sin que cambie el cartel de la esquina. La calle más larga de Tandil reúne, en un mismo trayecto, distintas formas de habitar y trabajar en la ciudad.
El recorrido comienza en el sector de los silos, cerca de Pujol y de la numeración del 3200 aproximadamente, y avanza hacia los números más bajos. El destino es Pedersen: allí aparece el cero y, del otro lado, la continuidad recibe otro nombre, Los Aromos.
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La precisión importa porque define la búsqueda. El criterio es considerar las calles que mantienen una misma denominación, dejando afuera las avenidas y las prolongaciones que cambian de nombre. Entre las fuentes consultadas por El Eco, el secretario de Obras Públicas y Saneamiento, Luciano Laffose, confirmó que “la calle como más larga en el plano es Darragueira”.
Del paisaje productivo a las casas del barrio
El punto de partida tiene una escala distinta de la que aparecerá más adelante. Los silos, las instalaciones de acopio, los alambrados y los terrenos abiertos dejan amplios espacios entre las construcciones. La actividad vinculada al campo forma parte del paisaje urbano.
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Al avanzar, los grandes galpones revestidos de chapa negra se convierten en una referencia. Sus dimensiones contrastan con las casas bajas que aparecen en otros tramos. Los postes y los tendidos eléctricos acompañan la perspectiva de una calle que se prolonga hacia el fondo.
Las primeras cuadras ya muestran una característica que se repetirá: Darragueira combina usos productivos y residenciales. Hay maquinaria agrícola junto a sectores de viviendas, vehículos estacionados frente a los frentes y veredas que alternan baldosas, accesos de cemento y superficies con pasto.
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Las fachadas verdes y azules aportan color. En una de las escenas del recorrido, un vecino limpia la vereda con una manguera. Es una imagen cotidiana en una calle cuya extensión puede hacer olvidar que, además de conectar distintos sectores, es el frente de la casa de muchas familias.
Una pausa sobre el arroyo
El puente introduce otro cambio. Las barandas blancas delimitan el paso y, al mirar hacia los costados, el arroyo Langueyú queda a la vista entre márgenes verdes. Detrás aparecen muros, galpones y otras instalaciones: el agua también atraviesa este paisaje de trabajo y viviendas.
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El cruce permite observar una parte de la geografía de Tandil que suele quedar fuera de los recorridos más habituales. Por unos metros, la mirada deja de seguir las fachadas y acompaña el cauce.
Luego regresan las paredes extensas, los árboles, las esquinas con semáforos y los vehículos. La calle vuelve a cambiar de aspecto a medida que aparecen más locales de cercanía: almacenes, verdulerías, panaderías y distintos servicios conviven con las casas.
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Aprender, jugar y encontrarse
En el avance hacia la numeración más baja, la Universidad Barrial y la ludoteca merecen una parada. Sobre Darragueira al 2100, sus nombres en el frente permiten reconocer uno de los espacios educativos y comunitarios del recorrido.
La Universidad Barrial de la Unicen reúne propuestas de capacitación, cultura y deportes. Su presencia incorpora a la calle un movimiento asociado a los cursos, los talleres y las actividades abiertas a la comunidad.
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A su lado funciona la Ludoteca Ludocreativa de la Facultad de Ciencias Humanas, inaugurada en octubre de 2018, con antecedentes en un proyecto de extensión iniciado en 2013. Se trata de un espacio sociopedagógico que trabaja mediante el juego y la expresión, y articula con instituciones educativas, centros de salud y organizaciones del territorio.
Los dos espacios ayudan a entender que el recorrido por Darragueira también puede leerse a través de sus instituciones. Las fachadas cuentan una parte; las actividades que se desarrollan detrás de ellas completan la historia.
Las vías y la atención de la salud
Más adelante aparecen los rieles. Las cruces ferroviarias, las defensas pintadas de rojo y blanco y la franja verde que acompaña el tendido distinguen el paso a nivel del resto de las esquinas.
Al mirar hacia un costado, las vías se pierden entre árboles y pasto. El ferrocarril deja una marca visible en la organización del barrio, con un espacio abierto que corta la sucesión de las construcciones.
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El centro de salud de Villa Aguirre constituye otra referencia sobre la calle. Su frente rojo y claro y el cartel sobre la entrada permiten identificarlo. Integra la red de atención comunitaria del Sistema Integrado de Salud Pública, con servicios de medicina general, enfermería, vacunación y distintas especialidades.
La presencia del establecimiento suma otra dimensión al trayecto: Darragueira es también una dirección a la que los vecinos llegan para atenderse y realizar consultas.
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El Hipódromo detrás del alambrado
El paisaje se abre nuevamente junto al Hipódromo. De un lado quedan las viviendas, los talleres y los accesos particulares; del otro, el alambrado permite ver la pista, el espacio verde y los árboles del predio.
El contraste se sostiene durante el avance. Las construcciones próximas a la vereda encuentran enfrente una superficie extensa, con sectores donde la vista puede atravesar el cerco y llegar hasta las barandas interiores.
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El Hipódromo fue inaugurado en 1866 y forma parte de la historia de la ciudad. Tal como informó El Eco al repasar sus antecedentes, en marzo de 2006 volvió a recibir carreras luego de permanecer cerrado durante 22 años.
En este sector también aparece el Punto Limpio Estación Norte, en Darragueira y Jurado. Su edificio y el cartel verde incorporan una referencia más reciente. Como informó este medio al momento de su apertura, fue construido con materiales reciclados y se incorporó a la red local de recepción de residuos recuperables.
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Escuelas, desniveles y el último tramo
En la esquina de Palacios, la Escuela Primaria 32 “Baldomera Güiraldes” agrega otra parada. El edificio, sus ventanas, las rejas y el muro de piedra que acompaña el desnivel forman parte de una esquina reconocible.
La institución permite volver sobre una de las características del recorrido: la calle enlaza espacios de educación, salud, recreación y trabajo, además de las viviendas y los comercios que sostienen la vida cotidiana.
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A medida que se acerca el final, las fotografías muestran cambios en la superficie de circulación y sectores con pendientes. Las veredas y los frentes tampoco son uniformes: hay casas elevadas respecto de la calle, accesos en subida, cercos vegetales y terrenos con mayor apertura.
En el tramo próximo a Vistalli, el suelo de aspecto granular y el polvo que levantan los vehículos modifican la escena. La arboleda y los alambrados acompañan el avance hacia las últimas cuadras.
El cero y un nuevo nombre
La llegada a Pedersen tiene una señal concreta: el nomenclador de Darragueira indica “100–0”. Después de seguir la numeración en descenso, el cartel permite ponerle un punto final al recorrido.
Del otro lado continúa Los Aromos. La perspectiva sigue, pero el nombre cambia y, con él, termina el tramo considerado para esta búsqueda.
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Desde los silos hasta esa esquina quedaron galpones, un arroyo, vías, comercios, espacios universitarios, un centro de salud, escuelas y un hipódromo. La extensión distingue a Darragueira en el plano; recorrerla permite reconocer todo lo que sucede a sus costados.
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