Entrevista a Patricio “Merok” Montesano: "Es clave, hoy más que nunca, ilusionarnos con un mundo mejor"
Entrevista. El recuerdo de René Lavand, su trabajo con César González, y lo que prepara para Tandil Ilusiona.
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El trabajo, el oficio y la historia de Patricio “Merok” Montesano están atravesados por la palabra “ilusión” en sus dos sentidos: ilusión como arte de magia, pero también como esperanza, como la chance de que la realidad pueda ser de otra manera. No es cualquier palabra en un presente marcado por una idea de ilusión como apenas falsedad, pero también por el hecho de que muchas veces parece imponerse la imposibilidad de ilusionarse -de imaginar- con que el mundo, o el país, puedan transformarse.
Montesano es “Merok”, un destacado mago campeón argentino, latinoamericano e invitado especial al Mundial de Magia, pero también es Patricio, un activo militante social nacido en Capital Federal, que desde hace años trabaja de manera voluntaria como tallerista en centros de menores, comedores, cárceles y villas.
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Fue en uno de sus talleres que conoció a César González, entonces un adolescente preso, en quien desde un primer momento descubrió una particular curiosidad por el arte, por la filosofía y por la política. Montesano daba un taller de magia, pero César le devolvió el primero de muchos poemas.
El resto es historia: Patricio acompañó a César en películas, libros, publicaciones, y en muchas experiencias con jóvenes de barrios marginales. “Lo que sucedió fue algo mágico”, describió Montesano, quizás sin darse cuenta, o sí, del término que eligió para hacerlo.
Tras una pausa con la magia a nivel profesional, “Merok” volvió. Una de sus actuaciones será el próximo 25 de septiembre en la segunda edición de Tandil Ilusiona. El mago preparó un espectáculo en el que sus dos mundos se encuentran: el del arte de la ilusión y el del trabajo social.
Y con motivo de la presentación, Montesano dialogó con El Eco sobre la magia, su vida, su trabajo con César González y su vínculo con René Lavand.
“Estudie magia”
-¿Cómo empezaste con la magia?
-Patricio Montesano: Arranqué en el 2001. Tenía 20 o 21 años, estaba en un momento de mi vida buscando, estudiando carreras universitarias, pero nada me cerraba del todo. Nada me apasionaba, y vi un cartel que decía “Estudie magia”.
Llamé por teléfono, y conocí a un profesor con el que estuve estudiando unos dos años. Y después fui avanzando con otros docentes. Siempre me gustó.
-Y en algún momento empezó a transformarse en un trabajo...
-Si, fue rápido. Empecé a hacer shows infantiles y después eventos para adultos. Pude darme cuenta que esto también tenía una salida laboral. Y que aparte de ser una pasión y algo que me estaba encantando, también podía empezar a vivir de esto.
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-Y también llegaron los premios, los reconocimientos...
-Sí. Cuando empecé a vivir de la magia, también empezaron unas ganas de prepararme para congresos y competir. Salí campeón argentino en el 2005, talento sudamericano ese mismo año, y en el 2006 campeón latinoamericano de magia. Al poco tiempo me contrataron para el Mundial de Magia en Beijing, China.
No fui a competir, fui contratado como una figura del mundial.
Ilusión y compromiso
- En paralelo a la magia, también hacías trabajo social...
-Claro, yo en el 2001 empecé con la magia. Pero unos cinco años antes empecé un camino social. Era adolescente, estaba en quinto año, y con mi madre arrancamos. Tengo un recuerdo, una imagen, de estar preparando un sandwich, juntando ropa, frazadas. Y con mis amigos recorríamos Capital Federal, Plaza Once, Constitución, para encontrarnos con personas en situación de calle.
Y en el 2002 incorporé la magia a esas recorridas nocturnas. Hacía magia para la gente de la calle, tratando de dar algo, de compartir una charla, una escucha.
Todo eso fue avanzando en paralelo. Iba a hospitales, paradores, comedores, institutos, cárceles, barrios marginales. A escuchar, a potenciar, a dar una palabra de aliento. Empecé a trabajar en institutos de menores, siempre voluntario. Ahí conocí a César. Y coincidió con que fue después de mi presentación en el Mundial. Ahí dejé la magia de manera profesional y me entregué de lleno a lo social.
Pero ahora estoy en una segunda etapa con la magia, porque volví a hacerla de forma profesional.
-¿Y cuál es tu propuesta actual, tu espectáculo de magia?
-Estoy con algo donde fusiono los efectos de magia, como herramienta, pero dando un mensaje de lo que quiero compartir, de lo que yo creo de la vida, del mundo, de lo que aprendí en todo mi recorrido social. Estoy integrándolo.
-Mencionaste que estás mezclando ambos mundos, el de la magia y tu trabajo social. ¿Qué tenés para decir desde la magia hoy?
-Cuando uno va creando los números artísticos, trata de poner ahí todo y que eso hable por sí mismo. Que la obra pueda hablar.
Pero creo que lo que tengo para decir, después de todo este recorrido, es algo muy simple, que hasta puede sonar medio banal, medio cursi. Es que tenemos que darle mucha más importancia a mirarnos, a escucharnos, a cuidarnos. Y eso lo digo en un número de magia. Reconocernos, ayudarnos, potenciarnos, sobre todo en este momento.
Lamentablemente el individualismo está por encima, uno piensa mucho en su carrera personal y en sus logros y yo lo que tengo para decir es que tenemos que tratar más de mirar para los costados y cuando nos encontramos con un otro potenciarlo, levantarlo, ver siempre lo que tiene de bueno, sus talentos, sus herramientas y no entrar en una competencia, sino en eso que mágicamente te hace ir con el otro para adelante.
-Trabajás con la ilusión. Es una palabra poderosa, pero con diferentes sentidos. La magia de la ilusión, pero la ilusión también como esperanza. ¿Qué lugar crees que tiene hoy la ilusión?
-Es verdad, porque a veces la ilusión es una esperanza, o una espera que no llega nunca. Y a la vez, cuando uno está creando magia, hace un acto de ilusionismo. Parece cliché, pero hay algo de conectar con esa cosa de niño, de juego, de imaginación, de sorprenderse, y creo que eso es clave.
Es clave, hoy más que nunca, el imaginar e ilusionarnos con un mundo mejor. Pero a la vez todo eso trato de bajarlo a tierra. Cuando me levanto trato de ser mejor persona y en lo cotidiano trato de estar a la altura de lo que digo, de lo que pienso y trato de tener coherencia.
Cuando uno va a instituciones, va con la ilusión de que las cosas cambien. Eso no puedo perderlo. Pero cuando llegás a los espacios, y en las personas, es duro, hay una tristeza, siempre, una tristeza firme. Pero esa tristeza en mi caso me invita a la acción, a decir que algo hay que hacer.
De alguna manera, soy un ilusionista, eso lo tengo grabado, y es mi motor. Pero sin ingenuidad.
La venganza del cordero atado
La historia la ha contado el cineasta y poeta César González en varias ocasiones. Entre todos los talleristas que iban al Instituto de Menores donde cumplía condena, hubo uno que lo marcó, que le hizo darse cuenta de que “no era un monstruo”, que le compartió libros del Che, de Deleuze, de Foucault y de tantos otros. Ese tallerista fue Patricio Montesano.
Cuando César González salió del Instituto, comenzaron a trabajar juntos en películas, documentales y ficciones.
-Cuando conociste a César, ¿notaste que había algo diferente, algo especial, que esa relación podría continuar y con trabajo juntos?
-Totalmente. Eran chicos de 16 o 17 años. Empecé con un taller de magia voluntario. Yo compraba las cosas e iba con muchas ganas de compartir y en general tenía muy buena recepción, todos lo recibían muy bien, con ganas de aprender.
Pero en César había una particularidad. Sentí una curiosidad muy grande de parte de él, más allá de la magia porque algún que otro juego aprendió. Pero de hablar en general, y sentí rápidamente que había un ida y vuelta, un agenciamiento, que yo también aprendía mucho mientras daba el taller.
Aprendía también de escuchar sus historias que eran tremendas, muy duras, sus infancias y cómo seguían para adelante. Y en César en particular había algo. Se armaba un ida y vuelta, él me hacía alguna pregunta, yo le respondía, yo también le preguntaba a él, él me respondía.
Empecé a llevar libros que yo estaba leyendo, cosas que estudiaba en la facultad, y todo eso se lo compartí. Y lo que sucedió, fue muy mágico. En poco tiempo apareció con un poema. Cuando lo leí quedé impresionado. Ahí me vino algo, como que eso podía seguir, que había unas ganas reales. Que tenía una vibración fuerte con la lectura y con la escritura.
-Hay discursos o prejuicios que estancan a las personas donde nacen, como si nacer en determinado lugar marcaría su destino. En César hubo una transformación, que se hizo arte. ¿Tu experiencia con él te dio la pauta de que otros pibes podían vivir o imaginar otra vida posible?
-Si, es el punto. Empecé a darme cuenta, desde un sentimiento, una sensibilidad que se me despertó. Pensé que tal vez mucho más pibes y pibas podían transformar su vida, sobre todo si lo escuchan a él.
Fue después del Mundial de Magia y por eso tuve la certeza absoluta (de dejar la magia profesional). Tenía que estar en el barrio.
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El recuerdo de René
-Vas a estar en Tandil Ilusiona, donde se homenajea a René Lavand. ¿Qué recuerdos tenés de su figura? ¿Fue una referencia para vos?
-Sí, totalmente. Es uno de los ilusionistas más grandes de la historia. René tuvo esa particularidad, la diferencia de que tenía una sola mano. Pero con todo lo que hizo, eso termina siendo casi como algo más. El tema es la estética que manejaba, la narrativa, los textos, los guiones, las pausas. Su forma de hacer magia.
Constantemente lo miro, vuelvo a mirar sus videos, siempre es muy inspirador.
-¿Lo conociste?
- Siempre que venía a Capital lo iba a ver, como todo mago que tiene que ir a ver al maestro.
Pero en el 2006 en Bogotá, donde gané el campeonato latinoamericano, él era una figura y presentó su unipersonal. En el viaje de vuelta me tocó al lado en el asiento del avión y me acuerdo que estuve todo el viaje hablando con él, contándole de todo y él contándome todo. Hablándome de cómo empezó en la magia, de historia, de política, de filosofía. Fue hermoso ese viaje.
Redactor El Eco de Tandil