Estacionamiento medido: una ampliación que se discute desde hace años y nunca logró avanzar
El Municipio volvió a rechazar la posibilidad de extender el radio de estacionamiento medido, una alternativa que reapareció en distintos momentos de la última década. El proyecto de sumar calles al área paga fue pensado como una herramienta para ordenar el tránsito y desalentar el ingreso de autos al centro, pero los sucesivos intentos quedaron truncos. Mientras tanto, la discusión sobre cómo reducir la presión del automóvil sobre el microcentro continúa abierta.
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La discusión reapareció en los últimos días, pero en realidad lleva varios años dando vueltas en la agenda municipal. La posibilidad de ampliar el radio del estacionamiento medido volvió a ser mencionada como una alternativa para obtener recursos destinados al transporte público y, nuevamente, encontró reparos en el Ejecutivo.
Miguel Ángel Lunghi (h), secretario de Gobierno, consideró que extender la zona paga resultaría dificultoso en el contexto actual del centro, por el impacto que podría generar sobre comerciantes, vecinos y quienes concurren a realizar trámites o actividades profesionales. La propuesta había sido incorporada entre las alternativas planteadas por la Cámara de Transporte frente a la situación de emergencia que atraviesa el servicio.
La respuesta vuelve a poner sobre la mesa una discusión que, con distintos argumentos y protagonistas, se repite al menos desde 2018: hasta dónde debe llegar el estacionamiento medido y, fundamentalmente, qué función se pretende que cumpla.
Porque cuando el Municipio comenzó a pensar seriamente en ampliar el sistema, el argumento no estaba vinculado exclusivamente con la recaudación. La intención declarada era utilizar el estacionamiento como una herramienta de política de movilidad: encarecer y limitar la permanencia de los vehículos en el área más congestionada para desalentar el ingreso de autos particulares y favorecer otras formas de desplazamiento.
El mapa que nunca terminó de ampliarse
En diciembre de 2018, el entonces titular del Sistema Único de Movilidad Ordenada (SUMO), Sergio Lunghi, confirmó que el Ejecutivo trabajaba sobre un esquema de dos anillos.
El primero correspondía al radio que ya funcionaba por entonces, delimitado por Maipú, Paz, avenida España y 14 de Julio. El segundo pretendía extender la zona paga hacia Alberdi, Garibaldi, 4 de Abril y Constitución.
La idea contemplaba incluso distintos valores según el anillo: el área más cercana al centro tendría un costo mayor y el segundo anillo uno inferior. El estacionamiento continuaría fraccionándose por minuto.
El razonamiento oficial era claro. “Queremos que la gente empiece a usar otro tipo de movilidad para venir al centro”, había explicado entonces Sergio Lunghi, quien vinculaba la medida con la necesidad de fortalecer el transporte público y ordenar la circulación en el área central.
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Pero aquel proyecto no llegó a implementarse.
En marzo de 2019, el Gobierno municipal confirmó que daba marcha atrás con la ampliación que había anunciado pocos meses antes. El proyecto había generado descontento entre comerciantes y vecinos y desde la Secretaría de Gobierno explicaron que se trataba de cuestiones que estaban en estudio y que no avanzarían en el sentido previsto.
La historia, sin embargo, no terminó allí.
En junio de ese mismo año, el entonces concejal oficialista José Luis Labaroní aseguró que el Ejecutivo volvería a insistir con la ampliación una vez definida la nueva contratación del sistema. La idea seguía siendo la misma: mantener el radio existente como primer anillo y sumar un segundo hasta Alberdi, Garibaldi, 4 de Abril y Constitución.
La discusión quedó nuevamente en suspenso.
La idea volvió en 2025
Seis años después, el proyecto reapareció en el Presupuesto 2025. El Municipio volvía a contemplar la posibilidad de ampliar la zona de estacionamiento medido, recuperando aquella vieja idea de extender el área paga.
La iniciativa volvió a generar una discusión sobre el sentido del sistema. El concejal Severiano Mon cuestionó entonces que el estacionamiento medido pudiera funcionar simplemente como un instrumento recaudador y sostuvo que no había conseguido desalentar el ingreso de vehículos al centro ni estimular el uso del transporte público.
La discusión tenía además otro componente. Mientras el Ejecutivo pensaba en ampliar el área, comerciantes habían planteado una posición inversa: reducir el horario de cobro para favorecer la llegada de clientes y mejorar la competencia con sectores comerciales donde no se paga por estacionar, como Villa Italia, Colón o Actis.
Así, la misma herramienta podía ser leída de dos maneras completamente diferentes: para unos, cobrar en más calles permitiría ordenar el tránsito y desalentar el uso del automóvil; para otros, extender el estacionamiento pago podía convertirse en una barrera para la actividad comercial.
Un sistema pensado para desalentar el auto
El paso del tiempo deja una pregunta más amplia que la discusión sobre dónde colocar los próximos parquímetros.
¿Qué se espera realmente del estacionamiento medido?
Desde sus primeras etapas, el sistema fue asociado con la necesidad de ordenar el tránsito y limitar la permanencia de vehículos en las zonas de mayor concentración. Incluso la estructura tarifaria fue pensada como una herramienta de disuasión: en 2018, por ejemplo, el valor aumentaba a medida que se prolongaba el tiempo de estacionamiento, con el argumento explícito de desalentar que los conductores mantuvieran sus vehículos durante muchas horas en el área céntrica.
La lógica era sencilla: si estacionar durante mucho tiempo resulta progresivamente más costoso, el conductor tendría un incentivo para reducir su permanencia, buscar otra alternativa o directamente optar por otro medio de transporte.
Pero para que esa política produzca un cambio en los hábitos de movilidad necesita una segunda parte: alternativas que resulten suficientemente atractivas.
Y allí la discusión deja de ser exclusivamente sobre estacionamiento.
El propio proyecto de ampliación de 2018 estaba ligado al transporte público. El Municipio planteaba que reducir la presencia de vehículos particulares en el centro debía ir acompañado por modificaciones en los recorridos y por una mejora del sistema de colectivos.
Ocho años después, el transporte público vuelve a atravesar una situación de emergencia y el Ejecutivo analiza modificaciones en frecuencias, tarifas y estructura de costos. En ese contexto, el estacionamiento medido volvió a aparecer, pero esta vez también como posible fuente de recursos para sostener el servicio.
Es decir que la discusión parece haber cambiado de eje: de una herramienta pensada fundamentalmente para ordenar la movilidad a una alternativa que también aparece vinculada al financiamiento del transporte.
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El dilema que sigue pendiente
Mientras la ampliación vuelve a quedar frenada, el mapa del estacionamiento medido conserva buena parte de la lógica definida años atrás.
La historia muestra que no se trata de una idea descartada definitivamente, sino de una política que el Municipio ha intentado recuperar varias veces y que, por distintas razones, nunca consiguió consolidar.
En 2018 fue el rechazo de vecinos y comerciantes. En 2019 el proyecto volvió a ser anunciado pero tampoco prosperó. En 2025 reapareció en el Presupuesto y volvió a generar discusión. Y ahora, en 2026, la propuesta vuelve a encontrar reparos frente a la situación que atraviesa el transporte y la actividad comercial del centro.
La paradoja es que el problema que originalmente pretendía abordar el estacionamiento medido sigue presente: cómo ordenar un centro cada vez más demandado por automóviles sin trasladar simplemente la congestión unas pocas cuadras más allá del área paga.
Ampliar el estacionamiento medido puede hacer que el conductor busque dónde estacionar fuera del nuevo perímetro. Reducir el radio puede favorecer el acceso comercial pero dejar intacta la presión sobre el centro. Aumentar el precio puede desalentar la permanencia, aunque también puede trasladar costos a quienes necesitan utilizar el automóvil. Y utilizar el sistema como fuente de financiamiento agrega otra finalidad a una herramienta que originalmente se justificaba por razones de movilidad.
La discusión, entonces, parece ser menos sobre cuántas cuadras deberían tener parquímetros y más sobre qué modelo de movilidad quiere construir Tandil.
La ampliación del estacionamiento medido se convirtió, durante los últimos años, en una especie de proyecto recurrente: aparece, se estudia, se anuncia, genera resistencias y vuelve a quedar en espera. Lo que todavía no encontró una resolución definitiva es la pregunta que estaba detrás de aquella primera propuesta de dos anillos: cómo conseguir que menos personas necesiten llegar al centro en automóvil y qué alternativas concretas puede ofrecer la ciudad para que eso suceda.
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