Gardey, el pueblo turístico de Tandil que duplicó su población en 15 años
El destino, ubicado a 27 kilómetros de la ciudad, es elegido por turistas y también como residencia permanente.
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Rodeado por las sierras tandilenses, atravesado por los arroyos Chapaleofú Grande y Chico, y enmarcado por extensas praderas verdes y aire puro, Gardey reúne varios de los paisajes que lo convirtieron en uno de los 39 Pueblos Turísticos de la provincia de Buenos Aires. Ubicado a pocos kilómetros de Tandil, el lugar combina naturaleza, historia y tradición.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa historia de su creación
Jean Gardey, oriundo del pequeño pueblo de Aydus, en la región francesa de Bearne, formó parte de la ola de inmigrantes que llegó a la Argentina durante el siglo XIX. Con el tiempo adoptó el nombre de Juan Gardey y se estableció como hacendado en las cercanías de Tandil, con base en la estancia La Postrera. En aquel entonces, a mediados del siglo XIX, la ciudad era uno de los últimos puntos de la frontera bonaerense.
Si bien Juan Gardey no llegó a presenciar la llegada del ferrocarril, sus descendientes sí fueron protagonistas de ese proceso. Ellos donaron las tierras donde se instalaría la estación y colaboraron con el trazado del poblado. Como reconocimiento, el Ferrocarril del Sud decidió bautizar a la estación con el apellido Gardey en 1885. Años más tarde, en 1913, se formalizó la fundación del lugar con el nombre de “Pueblo y Colonia Gardey”.
La llegada del tren marcó un fuerte impulso para la localidad. Gracias a ese medio de transporte, el ganado y la lana podían trasladarse rápidamente hasta el puerto de Buenos Aires, lo que favoreció la actividad productiva de la zona. Al mismo tiempo, el ferrocarril facilitó la llegada de nuevos inmigrantes, principalmente franceses, aunque también españoles e italianos.
Durante ese período de crecimiento se inauguró en 1920 el Almacén Vulcano, que pronto se transformó en el centro social, comercial y financiero del pueblo. En aquellos años, Gardey contaba con cine, hoteles y una intensa vida social que incluso rivalizaba con la de Tandil.
Con el paso del tiempo, el protagonismo del ferrocarril comenzó a disminuir y finalmente los servicios de pasajeros dejaron de funcionar. Ese cambio impactó de manera directa en la localidad, que empezó a perder población. Muchos jóvenes emigraron hacia ciudades como Tandil, Mar del Plata o Buenos Aires en busca de oportunidades.
Como consecuencia, Gardey llegó a tener cerca de 500 habitantes, la mayoría vinculados a tareas agrícolas.
Ya en el siglo XXI, el pueblo inició una nueva etapa a partir del desarrollo del turismo rural. La combinación entre historia, tranquilidad y paisaje natural impulsó una transformación que atrajo visitantes y nuevos residentes.
Actualmente Gardey ofrece lo que muchos buscan, caracterizado por conectividad y calma. La llegada de fibra óptica permitió que personas con trabajos remotos eligieran instalarse allí, generando un crecimiento demográfico. Actualmente viven en la localidad alrededor de 1500 habitantes, entre quienes se dedican al turismo, trabajan desde sus hogares o provienen de Tandil y optaron por el pueblo como residencia permanente.
Qué hacer en Gardey
Entre los principales atractivos se destaca el Almacén Vulcano, un tradicional almacén de ramos generales que conserva su estructura original con paredes de ladrillo visto y estanterías de madera. Allí es casi una obligación probar un vermut acompañado por picadas con quesos y salames regionales.
Otro punto emblemático es la estación ferroviaria, inaugurada en 1885 y aún conservada en muy buen estado, testimonio de la época en que el tren impulsó el crecimiento del pueblo.
También se puede visitar la Capilla San Antonio de Padua, de estilo romántico renacentista y una sola nave. Su altar y los trabajos en yeso fueron realizados por el reconocido artesano Joaquín Riu.
El Museo Malvinas Gardey es otro espacio destacado. Fue creado por el vecino Santiago Calvo, quien dedicó años a reunir uniformes, fotografías, documentos y distintos objetos vinculados a la guerra, conformando una colección privada abierta al público.
A pocos metros del casco urbano se encuentra además el arroyo Chapaleofú, donde funciona un balneario natural muy elegido para pasar la tarde y refrescarse cuando el clima lo permite.
En los últimos años, la propuesta gastronómica también creció. Al histórico Vulcano se sumaron nuevos emprendimientos con opciones gourmet, por lo que se recomienda reservar con anticipación los fines de semana y feriados.
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