Horacio Becchi, el fotógrafo que desde hace casi 60 años registra la vida social, política y deportiva de Tandil
Una historia de vida con la fotografía. Sus mejores imágenes.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/becchi_horacio_17_10_26_1.webp)
“Es que empecé con esto hace 58 años”, dice Horacio Becchi, como tratando de explicar por qué en su casa hay pilas de fotos y negativos de todos los tamaños, colores y épocas.
No son solo el archivo personal de un fotógrafo social que, a ojo, hizo el registro de unos dos mil casamientos. Son parte de la memoria histórica, política y deportiva de la ciudad: Becchi fue durante mucho tiempo reportero gráfico, y algunas de sus imágenes lograron captar momentos y personalidades centrales de las últimas décadas. “Es lo que más amo”, definió sobre esa profesión.
Como fotógrafo de Nueva Era, y con los titulares geniales de su compañero Julio Varela, captó al intendente Zanatelli tirándose por el trampolín de los piletones, o posando “superpoderoso” frente al Palacio Municipal. Hizo también una instantánea del entonces presidente Carlos Menem encabezando la procesión de Semana Santa, muy serio, luego de recibir un reproche del obispo (“La procesión va por dentro”, tituló Varela).
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/becchi_horacio_17_10_26_3.webp)
En otra de sus tantas aventuras con la cámara dejó registro del paso de Sandro por Tandil y de actos de Raúl Alfonsín, además de muchísimas peleas de boxeo y goles en torneos locales. Si la vorágine del partido y los tiempos de la foto analógica no permitían captar el momento exacto en el que se convertía el tanto, contó, solían dibujarle la pelota: era un precario pero efectivo Photoshop de la época que lograba generar la emoción buscada.
“La fotografía tiene que transmitir algo”, definió. Si bien durante la charla hablará de “suerte”, también hará mención a algunos secretos de su oficio: estar, esperar, buscar por fuera de lo obvio. La lágrima de la novia en una iglesia, o el gesto parco de un presidente de la Nación.
Becchi –y su colega Luis Veloz- recibieron un reconocimiento en el marco del primer Encuentro de Fotografía Experimental y de Autor que se lleva a cabo estos días. Se trató de un homenaje que las nuevas generaciones le hicieron a dos de los que a su modo, marcaron un camino. Además, sus fotografías forman parte del (excelente) libro “Érase una vez”, en el que el mencionado Varela dejó testimonio de su experiencia como cronista local.
Los homenajes fueron la excusa para visitar al fotógrafo en su casa. La propuesta fue que elija alguna de sus imágenes favoritas, pero la tarea se volvió imposible. Becchi esperó a El Eco con dos mesas repletas de fotos: desde una en el que se lo ve a los 15 años junto a una veintena de fotógrafos tandilenses, hasta las más recientes, su serie sobre caballos.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/becchi_horacio_17_10_26_4.webp)
Convertirse en fotógrafo
Horacio tenía 13 años, nunca había tenido una cámara de fotos con él, y no se imaginaba que en poco tiempo su vida iba a cambiar. Había terminado la escuela primaria, y lo habían despedido de su primer empleo en una tienda luego de haberse escapado para jugar un partido de fútbol.
Trabajaba en la cochera del Hotel Crillón, donde su papá era sereno. Uno de los que guardaba el auto en el lugar era Homero Fortunato, dueño de una de las pocas casas de fotos de la época, Foto Rembrandt. Fortunato (eran otros tiempos), le preguntó si sabía manejar y lo tomó como chofer. Poco después lo empleó en su negocio.
Empezó haciendo una especie de fotocopias de escrituras de propiedades, pero al tiempo quedó bajo la tutela profesional del fotógrafo número uno de la ciudad Daniel Peuscovich. “Ahí aprendí a revelar, y salía con los fotógrafos los fines de semana a hacer casamientos y fiestas. Había muchas fiestas y Rembrandt era el que más trabajaba”, contó.
“Jamás había agarrado una cámara”, explicó sobre sus inicios. Su formación fue la que le compartieron sus colegas: “Me acuerdo de haber ido con Fortunato a un acto y me decía que lo primero que tenía que hacer era buscar el lugar de dónde sacar la foto. Pero mi maestro fue Peuscovich. Hacía 20 años que estaba trabajando, era el número uno pero no era muy didáctico. Había que aprender mirándolo. Después iba y le mostraba una foto que había sacado y él me decía que eso no podía ni cobrarlo. Es algo que me quedó para toda la vida. Hoy, después de 58 años, siempre quiero sacar una foto mejor que la que saqué la semana pasada”.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/becchi_horacio_17_10_26_5.webp)
En Rembrandt estuvo hasta 1974, cuando que se largó por su cuenta. Ya tenía cámara propia, y fue a hacer el registro de una peña en El Cielito. Vendió como 100 fotos y reafirmó que ese oficio era lo suyo.
Tenía 17 años, pero ya había descubierto algunos recursos propios. Más allá de las tradicionales 12 fotos que se tomaban en un casamiento, Becchi buscaba una imagen diferente.
Subía al lugar donde se encuentra el órgano de la iglesia y gatillaba desde la altura, o probaba encuadres por fuera de lo clásico: “Sacaba con cosas fuera de foco, que no estaban tan de moda. Hacía primeros planos. Me aprendí que si cantaban el Ave María y que entonces se venía una lagrimita por la cara de la novia. Ponía el teleobjetivo, y tiraba un primer plano bien potente”, señaló.
De su relato sobre casamientos se desprende alguna de sus definiciones sobre su trabajo: “Tenés que estar atento. Un casamiento dura 20 minutos. Pero si estás trabajando atento a los gestos, a las expresiones, a las miradas entre la gente, eso son las fotos”.
“Es lo que más amo”
Si bien Becchi ya hacía algo de fotoperiodismo, en 1974 se metió de lleno en esa rama del oficio. Lo llamaron de Nueva Era y estuvo trabajando un tiempo ad honorem, ya que entonces los fotógrafos colaboraban con los diarios “solo por el crédito”. Pero después fue contratado. Hasta 1979 se lo pasó recorriendo la ciudad, de un partido de fútbol a un choque, de un acto político a registrar los efectos de un temporal.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/becchi_horacio_17_10_26_2.webp)
“El fotoperiodismo es lo que más amo”, contó. Estuvo en Nueva Era y tras un impasse en el que pasó por El País y por El Atlántico, volvió al diario de calle Rodríguez donde trabajó hasta el 2001.
“En los partidos de fútbol tenía que correr. No es como ahora con lo digital. Gatillaba y corría. No era fácil. Después, si por ahí no tenías el momento de la pelota pegando en la red, le dibujábamos una pelotita. Como en el diario salía chiquita, no se veía mucho, y era el gol”, señaló.
Para Becchi, ser fotoperiodismo es “estar continuamente buscando la foto”. Gran parte de esa búsqueda es la espera. Una de sus fotos más recordadas es la de Carlos Menem encabezando una procesión en Semana Santa.
El presidente, y todos los que lo rodean, llevan un gesto más que serio, y no era para menos. “La procesión era a las 5 y llegó 5 y media, en contramano. Estaban todos esperando, y no lo veían, y por ahí lo ven saludando a la gente, como en campaña. Los curas lo miraban hasta que se dio cuenta, y entonces le preguntó al monseñor si podía rezar. ‘Si sabe’, contestó Bianchi”, recordó riendo.
“Las fotos aparecen, primero porque te quedás. Porque uno se podría haber ido. Pero es también intuición, suerte, y una mezcla de todo. De buscar la foto, porque en un momento aparece”, sumó.
Gatillar toda la vida
A Becchi, el oficio de fotoperiodista le dejó imágenes pero también historias. Cubrió decenas de ediciones de Semana Santa, y muchas de sus capturas le valieron premios y reconocimientos.
En 1999 estaba trabajando en un Vía Crucis y captó a un padre que levantaba a su bebé en brazos para que toque una de las estatuas de las estaciones de El Calvario. La foto se llamó “Vuelo de fe”, y Becchi descubrió que sus retratados eran muy similares a los de otra foto que había hecho el año anterior. En 2018, y tras mucho tiempo de búsqueda, dio con los protagonistas: concurrían a Tandil como parte de una promesa por la salud de un familiar.
“Fue una linda coincidencia. Me emociona, porque fue encontrarlos 20 años después. Realmente fue un vuelo de fe”, contó.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/becchi_horacio_17_10_26.webp)
A partir del 2001, Becchi se dedicó a su casa particular de fotografía y a los registros de casamientos y otros eventos. “Vos te das cuenta que trabajás bien cuando ves que tenés una vigencia. Todavía estoy sacando”, dijo, rodeado de fotos, a sus 71 años.
La fotografía es para él su oficio, su sustento, pero también su pasión. “Es un vicio. Cuando me dijeron del homenaje les pregunté por qué, y me dijeron que por mis años de trabajo. No me había dado cuenta, pero ya son 58. El día que fui a recibir el reconocimiento, a la mañana había hecho las fotos de todo el secundario de la Escuela de Begoña. Y el sábado anterior un casamiento grande”, concluyó.
Al momento de hacer las fotos para ilustrar esta nota, Becchi continuaba compartiendo fotos que sacaba de todos lados. “Miren”, dijo mostrando un negativo que estaba en un cajón. A trasluz, se veía la imagen de un hombre mirando a cámara. “La escaneé y descubrí esta”, sumó desplegando una copia de un retrato, inédito, de René Lavand. Y así podía seguir, porque como marcó al principio, ya lleva casi sesenta años retratando a la ciudad.
Redactor El Eco de Tandil