Inauguraron un mural colectivo en la Unidad Penitenciaria 52 de Azul
Bajo la supervisión de la artista tandilense CEB, internas del Pabellón Literario 4 plasmaron sus historias de vida.
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En el marco de un proyecto sociocultural realizado en el Pabellón Literario 4 de la Unidad Penitenciaria 52 de Azul, se estrenó el miércoles pasado “Mi niña interior”. El mural se realizó con la supervisión de la artista local Camila Calderón, conocida como CEB; y tuvo el acompañamiento del padre Andrés Pérez, de la Pastoral Carcelaria, y del cabo Ezequiel Trueba, auxiliar de Cultura y Educación.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl proyecto surgió a partir de la propuesta impulsada por la Dirección de Educación del Ministerio de Justicia, en articulación con el programa Pabellones Literarios para la Libertad. En los encuentros surgió como un punto determinante para el mural creado entre las internas y la artista tandilense la canción “Niño”, del artista urbano Milo J.
De acuerdo a lo relatado a El Eco de Tandil, se trabajó sobre las historias de vida de cada una de las mujeres, el entorno en el que vivieron y las decisiones que tuvieron que tomar a lo largo de su vida con sus causas y consecuencias. Fue un espacio donde pudieron compartir sus experiencias; analizaron las oportunidades que tuvieron en la vida y, en muchos casos, la falta de ellas.
A partir de esto, surgieron producciones escritas en forma de oraciones y reflexiones varias, compaginadas en un poema final que representa a todas las mujeres del pabellón. El mural permitió trasladar ese proceso a un lenguaje visual, grupal y permanente, dejando una huella simbólica que refuerza el sentido de pertenencia y la construcción de una identidad grupal.
La visión de CEB
Camila Calderón, reconocida muralista tandilense, fue quien coordinó todo el proceso artístico en el que trabajaron las internas. CEB, como se la conoce popularmente, aseguró a este Diario que “la experiencia fue maravillosa. No es la primera vez que hago proyectos de trabajo social en lugares poco comunes o estigmatizados, pero sí fue la primera vez dentro de un centro penitenciario y la satisfacción fue absoluta”.
La artista contó que las mujeres recibieron la propuesta “con la mejor onda”. Añadió que la trataron como una más, pasando las jornadas “compartiendo mates y charlando sobre las cosas que nos pasan”. Sobre el trabajo realizado, contó que el poema que hicieron en conjunto tenía palabras fuertes y que le quedó resonando la frase: “Aunque no pueda cambiar el pasado, estoy en tu presente”.
“Esa mujer de hoy cuida y abraza, dando la contención que necesitó y que no pudo tener. A partir de esa idea armé el diseño. Quería expresar ese abrazo con un gesto de armonía y aceptación por lo vivido. Usar colores llamativos, que transformen el lugar e impregnen de energía transformadora el espacio. En la imagen dibujé un colibrí, que es el nombre del pabellón y representa la libertad”, describió sobre el mural.
CEB resaltó que se suele reducir a las personas privadas de la libertad a los errores que cometieron, pero que en seis jornadas de trabajo “ellas se mostraron como humanos completos, con emociones, talento y con una visión y voz propia. Esto invita a la sociedad a reflexionar y a cuestionar sobre los prejuicios”.
Por último, destacó que el arte como lenguaje universal crece en los contextos menos pensados y su mensaje atraviesa barreras culturales y sociales. “Es definitivamente un testimonio de que la cárcel no es solo un espacio de castigo sino también de creación y esperanza, afianzándose como un acto de resistencia contra la invisibilidad y el estigma con el que cargan”, cerró.
Experiencia enriquecedora y movilizadora
Ezequiel Trueba trabaja desde 2019 en el penal, donde fue encargado, guardia de seguridad y hoy es auxiliar de Cultura y Educación, llevando a cabo el taller del programa Pabellones Literarios para la Libertad.
Desde su visión, el mural aporta expresión en las enormes paredes grises donde habitan las mujeres y el diseño refleja sus historias, sus sueños y la esperanza de una realidad más colorida. “A través de esta acción, muestran que su identidad no se reduce a la condena penal. Fue justamente esta creación lo que reforzó la idea de comunidad, de trabajo en equipo y de unión”, señaló.
A la hora de definir su rol como tallerista, Trueba indicó que diseña propuestas culturales con sentido, entendiendo el arte y las palabras como herramientas fundamentales para la reflexión, la expresión y el fortalecimiento de los vínculos. “La palabra ocupa un lugar central: como herramienta para nombrar lo vivido, resignificar la propia historia y habilitar nuevas miradas sobre el presente y el futuro. El arte, en ese marco, aparece como una posibilidad de producción colectiva; eso es lo más enriquecedor de la experiencia”, concluyó.
Por otra parte, el padre Andrés, quien es capellán hace 18 años en la Unidad Penitenciaria 52 de Azul y fue el nexo que unió a la artista con el entorno carcelario, describió que “fue una experiencia muy movilizadora” y destacó, respecto a la idea del mural, que “la experiencia de la vida espiritual también está relacionada con encontrarse con ese niño interior que habita en todos nosotros y que muchas veces necesita ser visto”.
Desde los impulsores del proyecto agradecieron a la directora de la Unidad, Mariela Luján; la subdirectora de Inclusión Social, Jael Videla; la subdirectora de Régimen, Yanina Cueto; el subdirector de Administración, Carlos Rodríguez; el subdirector de Seguridad, Mauricio Pronino; la jefa de Asistencia y Tratamiento, Cintia Cervino; las subjefas de Asistencias y Tratamiento, Anabella Zurita y Silvina Sambrano; la coordinadora de Cultura, Pamela Cardozo; y Agustina Toranza.
“El mural es luz para las que estamos acá”
Por medio de CEB, El Eco de Tandil pudo acceder a las sensaciones que tuvieron las internas en la realización del mural. Sin revelar sus identidades, el grupo de mujeres que trabajó en la confección del poema y el plasmado de la obra resaltó el aprendizaje y la significancia de la obra en las paredes grises con las que conviven.
“El mural es luz y vista para quienes estamos acá. Le da color a un espacio y nos identifica, porque nuestro pabellón se llama Colibrí”, relató una de ellas. Por otra parte, también se refirieron al trabajo junto a la artista, donde aseguraron que “fueron risas, charlas y consejos compartidos. Nos fuimos conociendo, aprendimos a hacer un mural y también sentimos que ella pudo conocer lo que vivimos acá”.
Respecto al diseño del mural, contaron que querían comunicar que “nunca estás sola, que te tenés a vos misma y que podés abrazarte”. Agregaron que cada una llevó su historia a los encuentros y que “pintamos juntas, compartimos momentos y eso te deja un recuerdo y una parte de cada compañera”. Por último señalaron que “está en un lugar donde lo ve la familia y los niños cuando vienen de visita. Preguntan quién lo hizo y podemos decir que fuimos nosotras”.
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