La Biblioteca Sarmiento cumplió 86 años: “No son solo libros, es su gente, y la articulación entre Estado y sociedad civil”
Entrevista con Braian Urban, en el 86to aniversario de la Biblioteca Popular Sarmiento.
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La biblioteca popular Sarmiento cumplió 86 años, y el aniversario fue la excusa para dialogar con Braian Urban, uno de los referentes de la institución emblema de Villa Italia. La charla partió del presente de la biblioteca, y se extendió luego a pensar el lugar que la misma tiene para el barrio y para la ciudad: un rol que va más allá del préstamo de libros, y que tiene que ver con la vigencia de un modelo comunitario basado en la participación, la confianza y los vínculos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“La biblioteca no son solo los libros. La Argentina tiene un modelo de biblioteca que es único y se estudia en el mundo. No son solo los libros, es su gente, es la comunidad y es la articulación entre el Estado y la sociedad civil. Es un modelo que para estos tiempos hay que repensarlo, pero también hay que tomarlo porque tiene valores muy transformadores. El valor del préstamo, el valor de lo democrático, de la participación, de la libertad y la autonomía en relación a esa comunidad”, contó.
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Urban sabe de bibliotecas populares: no solo por su participación en Villa Italia sino porque hizo su maestría sobre el tema y recorrió el país para conocer la diversidad de instituciones que el modelo argentino promueve. Están aquellas bibliotecas ecologistas, otras de perfil barrial, otras vinculadas a los archivos, y así. Pero además, el referente de la Sarmiento tuvo una participación activa en la defensa de los derechos de las bibliotecas populares luego de las intenciones del actual gobierno nacional de modificar normativas al respecto.
En el aniversario número 86 de la Biblioteca Popular Sarmiento, la institución de calle Quintana cuenta con más de un millar de usuarios entre socios, alumnos de talleres y allegados. Es motor de proyectos barriales en vínculo con escuelas, y es un centro para que los adultos mayores cuenten con alfabetización digital.
En tiempos de tecnologías digitales, la biblioteca mantiene una activa presencia en redes sociales e impulsó iniciativas vinculadas, por ejemplo, a podcast. Pero su corazón sigue siendo el mostrador, ahí donde se produce el encuentro cara a cara, el intercambio, el préstamo y la charla.
La biblioteca de Villa Italia
-La biblioteca Sarmiento cumple 86 años. ¿Cómo la encuentra este aniversario?
-Braian Urban: La biblioteca está, por un lado, en un momento de crecimiento, de expansión.
Venimos con un esquema más de tipo formativo con la oferta de talleres que eso se ha continuado y sigue estando en la biblioteca. Después tenemos todo un tema de trabajo con la promoción de derechos, pensando en la descentralización del barrio, pensando el acceso a la información en clave de promoción de derechos.
Ya hace un tiempo que atienden las dos Defensorías del Pueblo, la de la Provincia de Buenos Aires y la de Tandil. Y también hemos incorporado una pata de trabajo muy fuerte que es la alfabetización digital. Empezamos con un taller que fue una prueba piloto porque lo veíamos en el mostrador. Eso terminó en varios talleres, en un espacio de consultas semanales, en charlas y encuentros a los que le hemos agregado la prevención de delitos informáticos.
-La propuesta prendió, era necesaria…
-Sí, y ahora estamos con dos proyectos en relación a eso. A uno lo estamos cocinando, y viendo la posibilidad de hacer una especie de manual que surja desde la alfabetización digital para trabajar estos temas y poder no solamente hacerlo con la gente de la biblioteca, sino que pueda llegar a diferentes lugares.
Y la otra, estamos también por incorporarle otro eje de trabajo que tiene que ver con redes sociales, con cómo trabajar esa participación de las personas en relación a los discursos de odio. Creo que hay un espacio para pensar, para reflexionar, para explorar.
-Y continúan con la promoción de la lectura…
-Sí. Continuamos con muchas líneas de trabajo. Tenemos la comicteca, y actividades de tertulias literarias. Vamos a incorporar dos novedades. En una, Graciela Rizzo va a estar coordinando un ciclo sobre Elizabeth Gaskell, una autora británica. Se va a proyectar una serie y habrá lecturas e intercambios. La idea es que sea el primero de muchos ciclos.
La otra es una experiencia que nosotros venimos trabajando hace mucho tiempo. El año pasado participamos en lo que fue el programa Futura desde el Centro Cultural de España en Buenos Aires. Presentamos y quedó seleccionado un proyecto que se llamó Tandilla: red creativa, afectiva y colaborativa de docentes rurales del centro de la Provincia de Buenos Aires. Tuvo muchas actividades pero un hito fue la edición de una antología literaria que la escribieron 145 alumnos de diferentes localidades rurales. Este año estamos pensando en algo similar, pero más vinculado a la cuestión ferroviaria en esos contextos rurales.
Y seguimos con toda la parte de la historia de Villa Italia, de la biblioteca como resguardo y como promotora de esa de esa identidad cultural. Nosotros tenemos ahí para continuar trabajando lo que es la fototeca de Villa Italia y un proyecto que nos quedó que tenemos que profundizarlo aún más, que es el inicio de un archivo de historia oral.
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El mostrador y el rol de las bibliotecas
-Hay algo de termómetro social en ese intercambio, en el diálogo del mostrador que se da en el préstamo de libros ¿No?
-Lo que pasa es que la biblioteca no son solo los libros. La biblioteca es un modelo que se estudia en el mundo, y la Argentina tiene un modelo de biblioteca que es único.
No son solo los libros, es su gente, es la comunidad y es la articulación entre el Estado y la sociedad civil. Es un modelo que para estos tiempos hay que repensarlo, pero también hay que tomarlo porque tiene valores muy transformadores. El valor del préstamo, el valor de lo democrático, de la participación, de la libertad y la autonomía en relación a esa comunidad.
Porque en casi todos los países del mundo lo que existe son modelos públicos de biblioteca. Acá en Argentina hay, pero también tiene una diversidad, incluso en Tandil, de expresiones autónomas, libres en función del deseo, de las necesidades de contarnos y escucharnos a nosotros mismos. Eso es un valor extraordinario.
Por eso la biblioteca no son solo libros. Son sus vínculos, es la cuestión social, es la solidaridad, es el humanismo. Y está el mostrador que es insustituible, como una instancia de diálogo, de presencia. Las nuevas herramientas vienen a agregar visibilidad, pero creo que uno de los fundamentos por los cuales se sostiene la biblioteca como modelo es esa relación entre la comunidad, la autonomía o la libertad y la posibilidad del intercambio mano a mano.
-¿Por qué de autonomía y libertad?
-Porque hay direccionamientos generales que puede tener la Conabip, pero cada biblioteca hace lo que sus comunidades, sus socios, sus directivos consideran que es necesario. Hay bibliotecas con posiciones cercanas a la ecología, a las cuestiones de género, a las cuestiones más de participación barrial, a la salud, más intelectuales.
Me tocó estudiarlo e hice mi tesis de maestría sobre las bibliotecas populares. Cuando recorrés la Argentina y te sentás con dirigentes de las bibliotecas, es muy variado, muy rico.
Hay diferentes momentos en la historia que esto se va a ver de manera muy firme. En el 2001 hubo trueque y funcionaron como lugar de contención directa. Y pasó en la pandemia.
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-Hay un entramado comunitario que cada vez parece estar más regido por ideas globales en las que se desdibujan las identidades locales y barriales. ¿Qué lugar tiene la biblioteca en eso? ¿Cómo lo ven desde Villa Italia?
-Si hablamos de identidad, es una identidad fortísima la de Villa Italia, la República de Villa Italia.
Más allá de los proyectos que uno pueda tener de vinculación regional, provincial, nacional o internacional, es algo lo cual nos da orgullo también y llevamos la bandera bien alto de eso. Pero además puedo decir que las bibliotecas son espacios de resguardo de las historias, de los recuerdos, de lo mejor de ese espíritu fomentista que marcó a la Argentina y que todavía siguen quedando pese a situaciones de crisis o frente a momentos de la historia, como puede ser este.
La biblioteca es un lugar de resguardo, de creación, de recreación de la memoria histórica.
-Después del cambio de gobierno tuvieron una actividad muy intensa en defensa de los derechos de las bibliotecas. ¿Cómo está esa situación hoy y que ven para adelante?
-La relación con el Estado nacional ha sido muy compleja. Porque hubo una voluntad muy clara del actual gobierno de que la ley que regula a las bibliotecas y a la Conabip dejara de existir.
Después, recién ahora se va a hacer la reunión de la Junta Representativa de la Conabip, que se tuvo que haber hecho el año pasado. Hay mucho desfasaje en la ejecución de los fondos. Hay falta de diálogo por parte de las autoridades de la Conabip, y empieza como a erosionarse algo que fue muy importante para nosotros con sus más y sus menos. Desde el 2003, pasando incluso por un gobierno nacional como el de Macri, pero siempre la Conabip tuvo una presidencia que pensó esas políticas como continuidad, con ajuste, pero hubo una continuidad de política. Me refiero a escuchar las bibliotecas, tener nuestro espacio de encuentro.
Bueno, ahora hay una Conabip sin rumbo, hay una falta de sentido muy grande de cómo se planifican las políticas destinadas a las bibliotecas.
Es un debate serio. No creo en las cuestiones pétreas. Lo que sí creo es que los sectores que formamos parte tienen que sentarse a la mesa porque somos los que sostenemos este sistema.
Redactor El Eco de Tandil