La murga, alegría y digna rebeldía de los que sueñan un eterno carnaval
La murga en Tandil es un latido que, desde hace muchos años, resuena en cada esquina donde los bombos y las canciones se encuentran. Y en ese pulso colectivo aparece el nombre de Gisela Morey, línea fundadora de Correla Voz, una de las voces y presencias que hicieron posible que la ciudad abrazara este género. Su mirada guarda la memoria de los primeros pasos, las discusiones, los trajes improvisados y las canciones que se transformaron en bandera.
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Por Bautista López (*)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHoy habla como parte de un colectivo que eligió la murga como forma de vida, herramienta artística y política, refugio y trinchera. Escuchar a Gisela Morey es entrar en la memoria viva de un género que se niega a callar, porque sabe que, en cada bombo, late la alegría organizada.
-¿Cómo fue tu primer encuentro con la murga? ¿Qué sentiste la primera vez que sonó un bombo con platillo cerca tuyo?
-Mi primer encuentro con la murga fue en Olavarría. Yo soy de allá, de esa ciudad. Vi a la murga Arrebatando Lágrimas en el parque. La verdad, fue una emoción gigante. Yo tenía 12 años. Cuando escuché el bombo, pensé inmediatamente que tenía que sumarme de alguna manera. Pero en ese momento no pude, porque era chica y mis viejos no me apoyaban en la idea. Después me encontré con la murga en el 2011, en un proyecto de extensión de la Universidad en el barrio La Unión.
-Si tuvieras que contarle a alguien de dónde nace tu pasión por la murga, ¿qué dirías?
-Mi pasión por la murga tiene que ver con dejar ser al artista que todos tenemos adentro. En mi caso, la tuve que encontrar de adulta. La murga te da esa posibilidad de ser, de estar frente a un micrófono aunque no sepas nada, aunque no hayas estudiado. Poder sentirte artista sin ningún permiso o carnet más que el de construir colectivamente con otros, es lo que me motiva a estar en la murga y a ser murguera.
-¿Qué te da la murga que no encontrás en ningún otro ámbito de tu vida?
- La murga me da, por un lado, la posibilidad de sentirme artista y, por otro, un espacio en donde se está siempre en continua formación. Para mí es un lugar de aprendizaje social. En la murga, vos aprendés valores, formas de vincularte con otros, a mirar al otro de una manera distinta, a pensar en construir con otros en diversidad. Y, además de eso, a reivindicar la alegría de diferentes formas. Ya sea en los trajes, los maquillajes, las canciones que cantás o en la posibilidad de producir un mensaje para la sociedad, la comunidad, el barrio. Tener criterio propio y criticidad en el pensamiento y en la acción, es lo que me da la murga. Yo con otros pienso y elaboro formas de mirar el mundo y tengo la posibilidad también de que otros las escuchen.
-¿Qué recordás de aquellos primeros ensayos, de las primeras reuniones donde todo era apenas una semilla?
-Fue un proceso re lindo. Primero, porque con algunos nos conocíamos y con otros, no. Entonces fue conocernos como personas, ver qué era lo que nos unía, en qué cosas estábamos de acuerdo, en qué no, qué queríamos de la murga. Cuando se inició, la percusión de la murga era con mujeres y con varones y eso fue muy significativo porque, durante muchos años, fue formada solamente por varones. Entonces Correla Voz ya tenía de por sí una murguera bombista que, además, fue la que nos enseñó a tocar. Fue súper importante eso. Y lo recuerdo con alegría, con las ganas de encontrarte a hacer algo que no sabías muy bien qué, pero que después fluía.
Cambios y desafíos
-¿Cómo fue ser mujer en un espacio que tradicionalmente estaba muy marcado por roles más masculinos?
-Como mujer lo viví de una forma particular. Nuestra referente era una mujer y siempre tuvimos habilitada la posibilidad de participación. Por momentos, tuvimos que poner en discusión o en tensión un montón de estos mandatos o de estas formas que históricamente se venían haciendo en la murga y fueron momentos y procesos que tuvimos que atravesarlos y generaron discusiones y, a veces, malestares. Lo que pasa, en ocasiones, cuando las mujeres se ponen al mando o en la conducción de algún proyecto es que son juzgadas por demás. Y es distinto a si lo hiciese un hombre. Hay un montón de cuestiones a criticar que, quizás, a un varón no se lo harían. Pero después se fue generando toda una grupalidad que hoy por hoy nos hace sentir cómodas en ese lugar.
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-¿Cómo viste crecer el género murguero en Tandil desde que empezaron hasta hoy?
-Para mí el género creció mucho. Las murgas tandilenses han sido proyectos nacidos, más que nada, de organizaciones sociales o de centros de día que han encontrado en la murga una herramienta pedagógica o de trabajo para poder construir con niñeces en los barrios, y eso es algo fundamental de Tandil. Y después se han podido generar proyectos que no están anclados a una territorialidad bien específica de una organización, pero que hace que le dé diversidad al género acá en Tandil. También debemos sostener lo que es el rejunte murguero para poner en valor lo que hacemos. Yo creo que el gran desafío que tenemos como murgas de Tandil es poner en valor lo que hacemos y que se nos reconozca más allá de la movida del carnaval en febrero.
El Rejunte Murguero
-¿Qué es el rejunte murguero, cómo nació y quiénes forman parte?
-El Rejunte Murguero nace en el 2007 a través de unos compañeros que coordinaban murgas en distintos barrios como Las Tunitas, Villa Aguirre y otros, para desmitificar o trabajar estas disputas que se dan, a veces, entre los barrios de la ciudad. Ellos se propusieron juntar a las murgas en un carnaval. Y ahí se suma otra murga que era Muertos de Risa y sale el primer rejunte. Después fue una convocatoria a todas las murgas de Tandil que quisieran ser parte del carnaval y de proyectos durante el año. Se han organizado talleres, la grabación del disco del rejunte, entre otras cosas. Para mí el Rejunte es la síntesis de lo que significa la murga, que es compartir con otros más allá de las diferencias. Porque todas somos murgas distintas, pero nos unimos en el sentir, en la alegría, en poder estar con otro que quizás no te sabes el nombre, pero que te reconocés igual.
Alegría colectiva
-Mencionás repetidamente la palabra alegría en tus respuestas. Muchas veces se dice que la murga es la militancia de la alegría, ¿para vos qué significa eso en la práctica cotidiana?
-Para mí es importante la alegría, porque nosotros siempre decimos que la alegría que los murgueros y las murgueras defendemos no es una alegría adormecida ni que solamente va a pasar por la satisfacción individual, sino que hablamos de una alegría colectiva que nos sirve para seguir luchando por las cosas que creemos justas y dignas. Por eso hablamos de digna rebeldía. La alegría para nosotros es la alegría compartida. Yo no puedo ser alegre si el otro no está alegre. Hay una alegría compartida que es la que defendemos, e incluso todo lo que fue el carnaval en nuestra historia tiene que ver con la murga como un espacio donde, a través de la alegría, se puede plantear y luchar con un sentido de transformación. Para mí la murga es para transformar lo existente o lo injusto.
-¿De qué manera sentís que la murga puede ser resistencia frente a la indiferencia, el olvido o la crueldad de ciertos contextos sociales?
-Pienso que en estos tiempos de tanta crueldad, en donde hablamos de deshumanización y donde, a veces, dejamos de creer en el otro, la murga es un reservorio activo, vivo, de todas esas cuestiones que queremos rescatar de nuestra historia, de quienes nos enseñaron a luchar por lo justo, a construir desde el amor, desde el cuidado. Para mí no hay muchos lugares de la política en donde se trabaje desde una perspectiva de cuidado, amor y de reconocer al otro y reconocer los procesos de uno mismo. Creo que la murga es verdaderamente un reservorio vivo de una forma de construir para todos. Y en eso está su lucha y su esencia.
-Después de once años de murga, ¿qué sueños te siguen moviendo?
-Yo sueño, en principio, poder ser murguera hasta viejita. Eso es un sueño más individual. Mi sueño colectivo para la murga tiene que ver con que el género no se pierda, con que no nos quedemos sin ideas, que siempre nos motive a seguir. Porque después de tantos años uno, a veces, dice: ‘Ah bueno, se terminó este corso, ¿qué hacemos el próximo?’, y siempre hay algo nuevo para pensar, para articular o para intervenir sobre la realidad que estamos viviendo. Ese es el sueño que tengo, que nunca se deje de pensar la murga como pulsión, como forma de vida y como herramienta de transformación.
-Si tuvieras que dejarle un mensaje a las nuevas generaciones de murgueros y murgueras que hoy empiezan a sumarse, ¿qué les dirías?
-Que nunca pierdan el disfrute de lo que hacemos. Porque, a veces, nos podemos ir por un montón de caminos que hacen crecer a la murga, pero que pueden desviarnos de disfrutar y alejarnos de lo que nos conecta con la esencia del género, con la alegría, con estar bien con otros. Les diría que recuperemos siempre la memoria de que lo que existe hoy, tiene un camino, una historia que es súper significativa y que debemos conocer para seguir poniéndolo en valor y caminando en ese sentido o transformarlo.
(*) Esta entrevista fue realizada en el marco de la materia Práctica Profesional 1 de la Tecnicatura en Comunicación Social del ISFDYT 10 de Tandil, bajo la tutela de la profesora Carolina Cordi.
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