La pedagogía Waldorf crece en Tandil
La Escuela La Colmena de Tandil se centra en el ser humano y todas sus dimensiones. Guillermina Arias y Emanuel Sabella, docentes de la institución sin fines de lucro, brindaron detalles sobre este modelo educativo que va mucho más allá del conocimiento intelectual.
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Por Tatiana Genchi (*)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa escuela Waldorf sigue una corriente filosófica llamada antroposofía que busca integrar el pensamiento, sensibilidad y acción para acompañar los procesos de aprendizaje de una manera más sostenida. Su objetivo es formar personas libres, creativas y con sentido de comunidad, a través de una educación que va mucho más allá del conocimiento intelectual.
En Tandil, se desarrolla de forma autogestiva y sin fines de lucro. Promueve el trabajo conjunto entre docentes y familias. La enseñanza se apoya en experiencias vivenciales, actividades artísticas y contacto con la naturaleza, entendiendo que aprender no es solo incorporar información, sino también desarrollar la voluntad, la imaginación y el sentir.
Guillermina Arias y Emanuel Sabella, docentes de la escuela, explicaron cómo se implementa este modelo en la práctica diaria y qué implica ser parte de la propuesta educativa. Desde su experiencia, contaron cómo se construye el aprendizaje día a día, cómo se fortalecen los vínculos entre alumnos, maestros y familias.
Una educación integral
-¿Cómo le explicarías esta pedagogía a alguien que no la conoce?
Guillermina Arias: -Es una corriente pedagógica que tiene 100 años, surge en Alemania y deviene de una corriente filosófica que se llama antroposofía, en base a esa corriente, nace la pedagogía Waldorf. Hay escuelas en muchos lugares del mundo, y en Argentina sabemos que hay alrededor de treinta.
-¿Qué tiene en cuenta esta pedagogía?
G.A.: -Tres dimensiones del ser humano: el pensar, el sentir y el hacer.
Emanuel Sabella: -Dentro de esta mirada un poco más integral del ser humano, lo que se busca con la pedagogía, es trabajar estos tres aspectos de la misma manera y no detenernos sólo en uno.
-¿En qué se diferencia esta forma de educación de una tradicional?
E.S.: -Quizás, las escuelas tradicionales, están más abocadas a un desarrollo cognitivo intelectual, y acá se trabaja sobre eso, y además sobre lo artístico y la voluntad.
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G.A.: -Se trata de estar en el proceso, de poder hacer algo con mis manos, disfrutar de aprender, de ser un sujeto activo y voluntarioso en el hacer. Además, la parte artística, está en todos los contenidos. El contenido que brinda el docente, debe entregarlo de manera artística.
El arte, la naturaleza y comunidad
-¿Cómo se involucra lo artístico? ¿Qué actividades tienen?
G.A.: -Modelado de arcilla, escritura, acuarela, música, y también tenemos labores como tejidos, en donde entran las gamas de colores, combinaciones y dibujo dirigido.
-¿Qué rol cumple la familia?
E.S.: -Al ser una escuela autogestiva, todo avanza y se moviliza con una articulación muy presente por parte de padres y docentes. Trabajamos en conjunto con el objetivo de que el niño esté lo mejor posible, así es como cada escuela encuentra alguna forma de gestionarse. Nosotros nos fuimos desarrollando a través de distintas comisiones de trabajo, es un sistema en el que, siempre y cuando cada adulto pueda ayudar y compartir con el proyecto, es bienvenido.
Hay encuentros mensuales para tomar ciertas decisiones, ir viendo cómo está cada comisión y seguir proyectando en esta escuela que aún está en formación. No hay dueños, no hay nadie que lucre, solo tenemos la gestión para que siga avanzando.
G.A.: -Eso es lo educativo, que los niños vean a su familia participando en la escuela por un bien común.
-¿Qué otras actividades tienen?
E.S.: -El contacto con la naturaleza está todo el tiempo. El aula se transforma con lo que sucede en el exterior, nosotros trabajamos las estaciones del año, y eso va vibrando en el aula.
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En tercer grado, hacen la siembra del trigo, ellos pueden elaborar y sembrar su propio alimento. También vivencian la construcción de una casita, para dejarles de enseñanza que pueden realizar su hogar, también hacen tejidos para que sepan que pueden vestirse y crear su cobijo.
G.A.: -En cuarto grado hacen la molienda y, con ese trigo, amasamos nuestro pan, hacemos nuestras pizzas y de esas pizzas, aprendemos las fracciones. Todo ese proceso tiene una validez por algo que ‘hice yo’, el contendido llega de una manera significativa y vivencial.
-¿Qué celebraciones tienen?
G.A.: -Todas las mañanas vamos afuera, hacemos una rondita, recibimos la Bandera y decimos una poesía al elevarla; otras celebraciones que tenemos son en comunidad y tienen que ver con las estaciones del año, tenemos una fiesta de otoño, una de invierno, primavera y la de verano da el cierre, abrimos la escuela para la familia y mostramos con los niños lo que hemos hecho.
-¿Los recreos cómo son?
G.A.: -Hay un solo recreo de veinte minutos en el que salen los cuatro grados a la naturaleza y a jugar.
El rol docente y el acompañamiento
-¿Qué sienten al acompañar durante tanto tiempo a los chicos?
G.A.: -Dentro de las particularidades de la pedagogía, el/la docente acompaña desde el primer grado hasta sexto grado al mismo grupo.
El vínculo se hace muy fuerte entre el docente y el alumno, eso es la apertura al aprendizaje de otra manera, y que uno, como guía, pueda seguir esos procesos en un ámbito de mucha alegría, es increíble.
-¿Cómo evalúan a los chicos?
G.A.: -Las evaluaciones son de proceso, realizamos trabajos integradores en donde las herramientas que se adquieren se ponen a prueba sin la lógica de evaluación tradicional y, si es necesario, se realizan refuerzos desde otros aspectos.
También esta mirada de ver al niño desde el pensar, el sentir, y del hacer, da otra lógica de evaluación, que no es solamente la cognitiva: ‘puede con estas cuentas’. Se mira la voluntad y la perseverancia que tiene para terminar un trabajo, la cantidad de colores y de impronta que pone en el dibujo, la facilidad que tiene para realizar un poema.
Como decíamos en un principio, no corre de solamente evaluar lo cognitivo, sino ver si se llegó o no a ese contenido.
-¿Dónde se formaron para educar acá?
E.S.: -Hay una escuela de formación de pedagogía Waldorf, una maestría que nosotros hicimos hace cuatro años y hay un seminario pedagógico.
G.A.: -En Argentina existen dos corrientes para estudiar: una es el seminario pedagógico presencial. Se viaja una vez al mes a Buenos Aires para rendir. Y la otra es una escuela de formación de pedagogía Waldorf, que es semipresencial, se cursa un fin de semana de manera virtual y cada dos meses vienen docentes desde Buenos Aires.
-¿Que desafíos tienen como docentes?
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G.A.: -Puede ser la tecnología, que está dentro de la dinámica de todos, poder llegar a otros ritmos que no sean el ‘ya’, el ‘ahora’, la inmediatez y estar en muchas cosas a la vez. Quizás ese es el desafío por el que estamos todos interpelados.
Aprendizaje, futuro y sentido
-¿Qué aportes tiene esta pedagogía para el futuro de los alumnos?
G.A.: -Yo pienso en el desarrollo de un mundo interior, serenidad, calma, la búsqueda del proceso, del disfrute de hacer algo con otros, a un desarrollo de seres sensibles y mucho más humanos. Embellecer, lejos de ser superficial, decir, ‘yo quiero, cuido, y tengo esto para aportar’.
-¿Cómo se prepara a un alumno para enfrentar situaciones fuera de la escuela?
G.A.: -La mayoría de los chicos tienen actividades extraescolares.
E.S.: -La escuela más antigua Waldorf en Argentina tiene más de 80 años, hay muchos recibidos de muchas generaciones, los chicos se pueden adaptar y en ese sentido, no es un problema.
-¿Por qué recomendarían esta pedagogía?
G.A.: -Es una comunidad educativa y la recomendaría para esas personas o familias que sientan el deseo de involucrarse con una comunidad pedagógica y todo lo que eso implica, que quieran acompañar las infancias, para que conozcan una educación alternativa y sepan que se puede trabajar con otros por un bien común, que podemos sentarnos a escuchar a otro que piense un poco distinto y a buscar los puntos en común para llegar a una idea, salimos de ese rol individualista y buscamos generar otra cosa.
La pedagogía Waldorf propone una educación que no solo enseña contenidos, sino que busca despertar algo más profundo: la curiosidad, la empatía y la capacidad de mirar el mundo con sensibilidad. En esta escuela, cada experiencia se vive como una oportunidad para crecer, no solo para los alumnos, sino también para los docentes y las familias que forman parte del proyecto.
En tiempos donde la educación, muchas veces, se mide en resultados, este espacio recuerda que aprender también puede ser disfrutar, crear y compartir. Que enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino acompañar los procesos.
La propuesta invita a pensar la escuela como un lugar diferente, donde el arte, la naturaleza y la comunidad se complementan, donde cada niño puede ser protagonista de su aprendizaje y encontrar su ritmo.
Quizás, como dice Emanuel Sabella “son nuestros grandes maestros”, ahí está el verdadero sentido, aprender a mirar la vida con la misma curiosidad, entrega y alegría con la que los niños aprenden cada día.
(*) Esta entrevista fue realizada en el marco de la materia Práctica Profesional 1 de la Tecnicatura en Comunicación Social del ISFDYT 10 de Tandil, bajo la tutela de la profesora Carolina Cordi.
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