Once cuentos seleccionados de un Taller Literario de adultos mayores de Tandil
"Alas en fantasías” comenzó su trayectoria en marzo del 2017 como Taller Literario en la ciudad y está próximo a cumplir 10 años.
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El Eco de Tandil comparte la segunda entrega de las producciones realizadas por el taller literario “Alas en fantasía”.
La máquina de coser
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No era un día cualquiera, era el día de su santa, "Santa Lucía" patrona de "Las Costureras"
Se levanta al amanecer en busca de su propio altar, una brillante vela blanca se erige en el esquinero del cobertizo, eleva una plegaria críptica y hermética, es ella con su santa.
Cuando el ritual finaliza vuelve a sus labores. La máquina a pedal está cerca de la mesa. Sobre el costado izquierdo se visualiza una precaria estantería, llena de retazos.
Una enlosada taza, triste recuerdo de los días donde él la acompañaba, se desborda de té por uno de sus lados, como las lágrimas que no resisten la lentitud del tiempo.
Percibo su cansancio, huele a aceite para máquinas. Ella tensiona el hilo, selecciona las puntadas y pedalea la vieja máquina de madera.
Confecciona ilusiones, tensa, estira las palabras, da puntadas certeras, y en cada vuelta que da la rueda empuja hacia adelante el destino, dibuja líneas sobre el género, hilvana pensamientos, zurce cicatrices.
De tanto en tanto el hilo se corta, balbucea, tiene la costumbre de hablar sola, al menos eso creo.
Recorro con la mirada la mesa de costuras un gran rompecabezas son sus moldes, sus manos como cual mago distinguen al tacto la textura de cada tela. Es ella irrepetible, el ritmo sincronizado de sus piernas es inalterable. Ellos le han formado los músculos más firmes que he conocido, tan estoicos, como los que bombean su delicioso corazón.
Mujer, hermoso arquetipo de aquella época, donde en soledad y rodeada de penurias se empoderó cuando ni siquiera existía como uso común esa palabra vigente hoy.
Mami, en los momentos difíciles y los no tanto, estás en mí, y me sacas una sonrisa, cuando tengo que pedir por favor que alguien enhebre la aguja, así como lo hacías conmigo.
Hoy comprendo las rabietas, los vaivenes de la vida.
Te amo mamá, hilvanemos juntas, confeccionemos un infinito hilo rojo donde la eternidad no tengas más alternativa que dejarme sentir tu corazón galopar junto al mío.
Liliana Noemí Carotti
Entonces
La matriz se ha convertido en aquello que veíamos a lo lejos, a centenares de años, algo por lo cual nuestra generación no sería partícipe.
Sin embargo, los tiempos, los días se aceleran casi tropezando unos con otros, todas las cosas suceden al mismo tiempo y en diferentes lugares.
La globalización en su espeluznante crecimiento intercambia ideas, conectando y desconectando a su antojo, en todos sus aspectos, dejando a un costado las raíces de lo que fue popular, de la profundidad de una cultura, dejando al hombre tan lleno, colmado aturdido como así también teniendo él todo hasta el hartazgo, así también como "La soledad en pedazos".
Una fuerte y estrepitosa contradicción, si pudiera el sistema salirse un poco de ella, de lo exprés y el consumismo.
Pero el tiempo en el que hoy vivimos está diseñado para eso mismo hacerte sentir que tienes y debes tener más aún, pero solo somos unas "Líneas de puntos", un vacío lleno de puntos de interrogación, espacios por completar, con un miedo inocente, carentes de respuestas, abandonados a la matrix .
Desamparados de todo lo genuino, desconectado de lo incorpóreo, abandonados al azar y a la manipulación, donde los demás deciden:
Deciden tu educación, que ver o que quieres que veas, que estudiar, tu religión, y ahí está ella majestuosa, silenciosa.
Es una observadora que no duerme, no deja de emitir mensajes, domina, manipula y se escurre por donde menos te lo esperas, porque ese es su método.
Es un experto en hallar mentes frágiles, vulnerables, irradia una marea de pensamientos colectivos, donde la manada sigue cegada, un experimento a seguir haciéndonos esclavos.
Y entonces estás entre "Las líneas de puntos", con "La soledad en pedazos" que se sienta frente a la caja boba, esperando que alguien la desconecte o te desconecte o puedas desconectarte en soledad, pero entero con tus propias ideas, con tus propias decisiones, aunque seas el único.
No siempre son las masas las que tienen la certeza de un todo, muchas veces uno solo puede barajar y "Dar de nuevo" despojando a esta bola que es la globalización, aunque parece que es una palabra intelectualmente vigente, poderosa, pero ella te ha quitado tu esencia, ha robado tu valor y determinación, haciéndote un títere, un fantoche.
¿Entonces, entonces?:
Debo atreverme a llenar "las líneas de puntos" dejar a "La soledad en pedazos" que arme su propio puzle, barajar y "Dar de nuevo", por mí, por vos y por los que vendrán!
Liliana Noemí Carotti
Rebelión
Esclavos. Derechos pisoteados. Desigualdad insoportable.
Pobres defendiendo su dignidad, insuflados de valor contra jefes místicos de su origen: seres superiores, de sangre azul o descendientes del cielo celeste
Esclavos insurrectos expugnan la libertad.
¿Cuánto hay que matar para que otros sobrevivan?
¿Hay que odiar para que no triunfe la soberbia y la ambición?
¿Quién puede inmovilizar las filosas cuchillas del orgullo?
¿Quién puede detener la maquiavélica ilusión de la batalla victoriosa y la pasión por la muerte?
¿Cuántos tienen que morir para vengar su dolor, su humillación?
¿Quién puede borrar la arrogancia del que mata?
¿Cuánto vale derramar muerte o conquistar vida? Defender la vida, obtener la paz, ¿después de la guerra?
¿Es necesario olvidar la historia, para vivir con felicidad el presente?
¿Qué honor cabe en el triunfo militar? ¿Cuánta riqueza vale la desolación del territorio invadido?
¿Qué medalla colgará en el corazón del invasor? Trofeo de la batalla ganada: Seres enfermos, lisiados, destruidos, perdidos. Restos de escombros cubriendo ciudades, hambre y sed, ruinas, desconsuelo. Generaciones sin memoria y desiertos en el pecho.
Derrota espiritual cuyo fin es la violencia y la muerte ¿Vale la pena ir tras los pasos perdidos, sin ruidos de bombas, sin destrozos en el corazón ni en el cuerpo? Salvaguarda al mundo de las guerras.
No busques tesoros mezquinos. Protege la vida. La naturaleza que nos ha dado Dios. Las maravillas del cielo sobre la tierra.
Recuerda que tu vida y la de tus hijos han sido prodigios de Dios. Que no quepa en tu alma la batalla de la muerte. No puedes vivir sin pasado.
Que los errores de los humanos que te precedieron queden en la parte más lejana del espiral de tu vida.
Marcha hacia adelante. Te encontraremos allí. En el umbral del amor.
En el final. En el paraíso de la eternidad.
Anita
Recuerdos…
Muchos eran los años de una tierna relación entre Carlos y Marta.
Hasta que un día como en toda pareja llegó ella, para quedarse instalada.
Ella, sí. La insoportable y bien conocida DISCUSIÓN.
Ellos pensaron en una posible separación y después de varios días dijeron: dejemos de lado este mal entendido y vamos a dar de nuevo una partida de amor, pongamos una línea de puntos. Sigamos juntos como hasta ahora, porque si no, seremos una soledad en pedazos.
Ellos se amaban, pero como todas parejas a veces tenían rencillas.
Que fluya el amor.
Zapateo.
Vuelve a mi mente, el grato recuerdo, como golpes secos del zapateo de Carlitos con sus pies pequeños, ensayando el malambo.
Lo citaron para un 9 de Julio, donde tenía que bailar una chacarera y un malambo.
Realizó una feliz zapateada con bríos de niño.
Germinar.
Que belleza soltar amarras para ser libres y dejar volar la imaginación.
Que las velas del barco que se dejan llevar por el viento me lleve a navegar sin rumbo
Entonces observar el planeta y perder el miedo para volver a germinar.
Carlota
Son mis manos
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Ya no tienen la tersura de la juventud, el paso del tiempo va dejando huellas.
Pero son las mismas de siempre, cuentan mis historias.
Son las que jugaron con barro y acunaron con suavidad las muñecas.
Las mismas que acariciaron con ternura a mis hijos al nacer.
Las que temblando de emoción colgaron en la solapa del guardapolvo de Gastón la distinción de egresado.
Son las que una vez se juntaron para implorar un milagro, las que vencidas apretaron los puños con impotencia y dolor cuando tuve que decirte para siempre adiós.
Son las que recuerdan las caricias en los cabellos plateados de mamá con tanto amor.
Las mismas que tomaron las manitos de mis nietos para acompañarlos al Jardín, las que aplaudieron cada uno de sus logros.
También las que se crispan cuando algo me enoja.
Las que saben tejer tramando sueños.
Las que siembran y cosechan.
Son las que tiendo cuando me necesitan y también para pedir ayuda.
Son palabras silenciadas por la acción.
Son mis manos la extensión del corazón.
Stella Maris
Qué se yo
Realmente ¿habré estado allí?
Qué sé yo. Fue tan real.
Los vi, sentí su felicidad, su fuerza, su atractivo, se podría decir, su vitalidad.
Activos, vivaces, entregados a aquello que los apasiona, cuando vivían acá.
Qué sé yo. Nada semejante a lo que vi.
No podría describir la diversidad de personalidades y ambientes que percibí.
Pintores barrocos, renacentistas, impresionistas, post modernistas, decorando cada uno con su arte, su espacio estelar.
Músicos de todas las épocas, cantantes, bailarines, brindando su talento a quien quisiera observarlos. Cada estilo en su acogedor auditorio.
Hubo uno, que me cautivo como ninguno, círculos concéntricos de libros, que parecían no tener fin, rodeaban un espacio único, una biblioteca universal, colmado de narradores, escritores, oyentes, disertantes. La literatura en su máximo esplendor.
Giré mi cabeza y se exhibió ante mi vista, una variedad de espacios reservados para los deportistas de todas las disciplinas, quienes desplegaron sus destrezas, para el gusto de los aficionados que los vitoreaban.
Ante mí, como flashes, pasaron estas imágenes cautivadoras, personas de todos los tiempos, qué sin importar su oficio o profesión, dedicaban tiempo al arte, a inspirar, a transmitir emociones. Lo que los caracterizaba a todos, era su pasión, su dedicación, perseverancia, su humanidad, su celo, su altruismo.
Pero hubo una imagen que no se evaporó, pude observar a cada una de las personas que conocí, que amé, que me educaron, con las que viví y gocé, lloré y me emocioné.
Ellas ocupaban su tiempo, en lo que les apasiona aquí. Lo vivían con entusiasmo, con ímpetu, sin prisas, ni pausas, disfrutando cada instante.
Vi a mi madre rodeada de niños, mentes ávidas, curiosas, anhelantes de sabiduría.
A mi padre, secundado por una banda, cantando sus coplas españolas, su vestimenta parecía la de un torero con su traje de luces.
Cuando la vi, ya no pude apartar mi mirada, allí estaba ella, con un maillot de gimnasta, dando volteretas con su cuerpo esbelto. Buscando la estética en su mayor expresión.
Lo que me asombró, es que todos ellos tenían cara de humedad.
Qué sé yo. No podían ser lágrimas, se los veía felices, radiantes, vivaces.
Entonces…
Un pitido estridente y molesto, me arrancó del mundo añorado en el que estaba. Mi almohada estaba empapada, mi rostro cubierto de lágrimas, de ese llanto que no tenía fin. El sueño me acuno como una niña pequeña, apartándose de la angustia, de la triste realidad.
Al despertarme, con la cara húmeda, entiendo que no son ellos los que tienen cara de humedad, soy yo.
Pero ya no más. Sé, que ya no más.
Nora E. Acosta
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Junto al mar
Siempre vuelvo a ese lugar DONDE EL MAR RECUERDA lo felices que fuimos.
Mis pies descalzos van dejando huellas donde mueren las olas.
Al pasar cerca del muelle una joven mujer sentada allí con sus piernas colgando me consulta la hora, aproximadamente las 16 le respondí.
Seguí mi camino repitiendo como un mantra " QUE EL PESO DE TODAS LAS COSAS" que ha puesto la vida sobre mis hombros se quede allí ,en la profundidad del océano.
Más adelante me detengo a comprar barquillos en el chiringuito naranja y blanco de la playa y vuelvo a evocar aquel verano con mis niños y sobrinas,en ese lugar,han pasado tantos años desde entonces cómo olvidar esas caritas felices de estar ahí ;llega mi turno de comprar ,las imágenes desaparecen.
De regreso encuentro nuevamente a la joven juntando caracoles en la arena, me muestra uno muy vistoso y así entablamos una conversación informal que terminó siendo muy interesante.
No tengo apuro, no tengo horarios, SOY UNA MUJER SIN HOGAR aseveró, hoy estoy aquí, mañana allá, soy artesana de eso vivo, no me asustan las inclemencias del tiempo ni de la vida ,soy sola y así estoy feliz me dijo ,
Me gustó encontrarte en mi camino, me dijo adiós y se marchó.
Que es la felicidad me pregunté, ¿dónde se encuentra?
Me quedé varios minutos observando el ir y venir de la marea...
Creo que donde cada uno la encuentre.
Stella Maris
Cuál es tu cara
Ellos tienen cara de humedad. No es solo la palidez o el cansancio; es esa textura de casa cerrada durante todo el invierno, de pared con la pintura soplada, de rincón al que jamás le pega el sol.
Lleva el peso del agua estancada en la mirada.
Lo ves pasar y te da la sensación de que si lo tocas, te va a dejar los dedos fríos y pegajosos, como una baranda de metal en una mañana de niebla.
Hablan con voz ahogada, como si sus palabras tuvieran que abrirse paso entre capas de moho y cortinas pesadas, que nunca se lavan.
No están tristes de una forma estridente; lo suyo es un deterioro lento, silencioso.
Son de esas clase de gente que no se rompen de golpe: se va deshaciendo despacio, hundiéndose en su propia sombra, hasta que un día te das cuenta de que siempre estuvieron goteando por dentro.
Maria Hortensia Villega
La eterna paradoja
Son iguales pero diferentes
Margarita y Mercedina , son gemelas, crecieron en el mismo vientre, transitaron el mismo canal camino a su libertad y su primer llanto fue al unísono.
Misma escuela, mismos maestros, mismos compañeros, mismas amistades.
Margarita es dulce, alegre, la típica preguntona.
Mercedina es hostil, orgullosa, no le importa lo que sucede a su alrededor.
Paradójicamente no son iguales.
Myriam Tita
El ángel roto
Cuando imaginamos a un ángel, podemos visualizar a un ser perfecto, de una belleza sublime digna de contemplación, sin defectos. Solo virtudes podemos reconocer en él.
Aunque pareciera que los ángeles no fueron creados para sentir temor, me tocó conocer a un ángel roto.
El no creía ser merecedor de ser un ángel, dudaba de su capacidad para cumplir su misión, ¿a quién voy a cuidar yo?, ¿a quién voy a salvar?, ¿a quién voy a poder ayudar si ni siquiera me comprendo ni puedo ayudarme a mí mismo?
Se sentía insuficiente, consideraba que había una falla en él, algo que no funcionaba bien; sin poder identificar que sería, sentía qué algo estaba roto o faltaba en su ser.
Como anhelaba ser como esos ángeles, que parecían tener todas las respuestas y soluciones necesarias para resolver cualquier situación.
En este peculiar encuentro me tocó a mi ser quien ayudará al ángel roto a sanar.
Quizás mis experiencias vividas no habían sido tantas, pero me habían enseñado mucho. Eso sí, cada una de ellas me dejó un aprendizaje y marcaron un antes y un después en mi vida.
Aprendí:
* Que nadie tiene todas las respuestas, aun así, eso no debe detenernos, si seguimos avanzando, en el camino encontraremos aquello que buscamos.
* No tener miedo a equivocarte, es la manera de aprender.
* Al interactuar con otros, no tomar de forma personal sus reacciones.
* La comparación quita tiempo y debilita, no suma en lo más mínimo, no sucumbas a ella.
* El valor no lo determinan los demás sino uno mismo. Si me valoro, me cuido, me respeto y me amo, también lo harán las personas que me acompañen en mi camino.
Un día volvimos a encontrarnos, al principio no lo reconocí, su semblante había cambiado. Su mirada reflejaba seguridad y confianza en sí mismo y gratitud por ser quien era.
Y allí tuvimos la dicha de compartir una breve y maravillosa conversación.
Estos encuentros inéditos que experimenté con el ángel roto, también significaron un antes y un después en mi vida. Ya que en momentos futuros varias veces también yo me sentí rota. Pero pude recordar los aprendizajes que había rescatado de mis vivencias y así tener la fuerza para levantarme, sacudirme, ponerme de pie y seguir adelante, con la frente en alto y determinada a intentarlo otra vez.
Leticia Manera
Pacto
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Salir del taco chino y bailar.
Atreverse.
Dejar que te amen.
Amar sin tapujos.
Despertar de sentires.
Encontrarnos y descubrirnos.
Tiempo y espacio. Arrebato de amor.
Hagamos un pacto: cabalguemos por los senderos de la vida
hasta fluir en el espacio,
transformándonos en una estrella
que resplandezca con su titilar.
Lidia
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil