“Panal en el Desierto”, la organización surgida desde Tandil que ayuda a los pueblos originarios del norte
"Panal en el Desierto" es una ONG creada por tandilenses que procura ayudar a pueblos nativos en el norte de la Argentina. En una misión que realizaron la semana pasada con 63 voluntarios, debido a las intensas lluvias registradas en el Chaco quedaron varados algunos días en cercanías de la localidad El Espinillo. Gracias a la ayuda que recibieron desde Buenos Aires lograron retornar a sus casas.
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La Organización No Gubernamental “Panal en el Desierto” quizá suene desconocida para muchos debido a la postura de sus directores de mantener un bajo perfil, pero lleva ya 20 años trabajando y ayudando a los pueblos originarios del norte.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCreada por tandilenses, la ONG cuenta con la ayuda de muchas personas de nuestra ciudad que se toman un tiempo en sus tareas y se disponen a viajar hacia Chaco o Formosa, por ejemplo, para ayudar a los más necesitados.
Días atrás, en una misión que realizaron a la selva chaqueña del Impenetrable, un grupo de 63 voluntarios quedó atrapado debido a las copiosas lluvias que se registraron en el norte del país, las cuales ocasionaron grandes inconvenientes en la zona.
Mauricio Viviant, hijo de Luis y de Laura Diez, los creadores de esta organización, dialogó con El Eco de Tandil y contó algunos detalles del funcionamiento de “Panal en el Desierto”, donde trabajó durante varios años, y del reciente viaje al Impenetrable.
Respecto a lo acontecido la semana anterior, Viviant informó que “quedaron varados porque hay mucha inundación allá. Y como estuvieron lloviendo 100 milímetros y eso es todo rural, quedaron encallados”.
En medio de la desesperación, pidieron ayuda al intendente de El Espinillo, Ricardo Sandoval, quien prometió auxiliarlos ofreciendo un tractor. Sin embargo, los minutos se consumieron, las horas pasaron y el socorro nunca llegó. Incluso, según expuso uno de los voluntarios a través de su cuenta de Twitter, dejó de responder los mensajes y las llamadas. “No sé por qué este hombre no quiso colaborar”, señaló Viviant.
Finalmente, lograron contactarse con gente de Buenos Aires, quienes enviaron un camión con acoplado y algunas camionetas para asistir a los voluntarios. “Hicieron como tres viajes para llegar a donde estaba el micro que los iba a traer de vuelta”, agregó.
De la ONG participan ciudadanos de diferentes ciudades de la Argentina, como Tres Arroyos, Puerto Madryn, Neuquén y Buenos Aires. En esta oportunidad fueron 63 los viajantes, de los cuales muchos eran médicos, dentistas y enfermeros.
Contó Viviant que, debido a las intensas lluvias y a las inundaciones, no se podían mover del lugar en el que estaban y justo una mujer debía dar a luz. Gracias a los doctores que viajaron, pudo hacerlo allí mismo. “Es un trabajo muy interesante y hay mucha gente de Tandil que participa”, añadió.
Año a año, incluso, hacen un seguimiento y trabajan colocando bombas de agua, las cuales hasta el 2018 eran solventadas por una empresa de seguros, ya que cuestan alrededor de 10 mil dólares cada una.
Los voluntarios que habían estado varados en Chaco y que lograron volver gracias a la ayuda que llegó desde Capital Federal retornaron en la madrugada del lunes a sus hogares, luego de haber estado más de una semana en la selva. “Si no se hubiese conseguido esa asistencia de Buenos Aires, ellos iban a estar ahí por un largo rato. Y son gente de laburo, gente de profesión, gente que tiene sus compromisos e algunos chicos que son estudiantes”, detalló.
La presencia tandilense en cada una de las misiones que llevan adelante es muy notoria e incluso, la empresa que los traslada también es de nuestra ciudad. Cabe resaltar el altruismo y la solidaridad de cada uno de los que se ofrece a participar ya que los costos de cada viaje están por encima de siete mil pesos por persona.
“Panal en el desierto”
La organización surgió cerca del 2000, cuando Laura Diez se encontraba misionando en África. Según explicó su hijo, ella soñó toda la vida con trabajar con los pueblos originarios en la Argentina y el punto de partida fue aquel viaje. “Más o menos en el 2000 se fueron con mi padre al Chaco y comenzaron a hacer contactos con caciques qom. A partir de ese momento, comenzamos a efectuar un trabajo solidario y a llevar la fe que tenemos”, narró Viviant.
“Panal en el Desierto” comenzó desde un primer momento “a pulmón”, con un reducido grupo de no más de 20 personas que viajaba en una combi. Pero poco a poco la red se fue extendiendo y fue creciendo, logrando la adhesión de mucha gente. “Inclusive han venido personas de Europa o de otros lugares a formar parte y a sacar fotos o armar crónicas, por ejemplo”, agregó.
Los lugares visitados están relacionados con el Impenetrable: Pampa del Indio, Castelli, Riacho de Oro, Olla Quebrada, El Espinillo y otros. Allí acuden con algunas donaciones y elementos que se juntan en colectas.
De todas formas, remarcó Viviant que no son muchas las campañas de recaudación que realizan: “En otro rubro de tarea solidaria quizá es más fácil recibir ayuda. Pero el hecho de que sea el norte del país y que sean los pueblos originarios hace que tal vez a muchas personas del centro de la Argentina no les interese, entonces no es un tema prioritario. Pero cuando vas allá y ves que porque justo vos llevast un médico y una chica no murió, te da un valor distinto; pero lo ves allí, a la distancia”, señaló.
Los viajes
La organización efectúa un viaje anual con el grupo de voluntarios que años atrás era de entre 15 y 20 días. Sin embargo, debido a los costos y a los tiempos, debió reducirse a una semana.
Asimismo, realizan otros viajes periódicos para verificar las obras que se están llevando adelante y hacer un relevamiento del lugar. Para ello, aprovechan la camioneta que el Gobierno nacional les obsequió para poder ingresar a las zonas más complicadas del Impenetrable.
“No ha sido fácil mantener la camioneta por los costos que presenta. El año pasado rogaba por que siguiera en pertenencia de la ONG debido a que no se podían pagar los costos. Entonces por un lado tenés la enorme ventaja de contar con un vehículo pero por otro no lo podés mantener”, apuntó Viviant.
De cualquier manera, resaltó que “así y todo, tiene 20 años de permanencia y un laburo y una historia enorme. Lo que pasa es que siempre fue de perfil bajo, pero esta bueno que la ciudad lo pueda conocer”.
